domingo, 7 de mayo de 2017

Ser el cambio que deseamos ver en el mundo

Hola familia,

la reencarnación es más que un tema central en la lógica y la filosofía espíritas; es una ley natural, tal como nos la describen los espíritus. Una cuestión de justicia divina, un mecanismo evolutivo. Sin la reencarnación, no habría como alcanzar la perfección, no habría porqué intentarlo. Conscientes de la realidad que la reencarnación representa, el hombre ve la clara necesidad de domar sus impulsos y frenar sus instintos inferiores.

Ayer, en la clase del Estudio Sistematizado del Evangelio, vimos cómo la reencarnación ya estaba presente en el pensamiento y enseñanzas de Jesús. En sus diálogos con los discípulos, vemos claramente cómo él entiende que los espíritus tienen diversas experiencias físicas, volviendo a tomar un nuevo cuerpo una vez han desencarnado. Jesús no usa la palabra REENCARANCIÓN. Sin embargo, cuando les da a entender a los apóstoles que Juan el Bautista había sido Elías, el profeta, les está orientando en el reconocimiento de esta verdad universal. También en el bello momento en que Jesús le instruye a Nicodemo, un doctor de la ley que le busca por reconocer en él un hombre portador de enseñas y actitudes inspiradas por Dios, queda perfectamente explicada la reencarnación: hay que nacer de nuevo par entrar en el reino de Dios. Le pregunta Zebedeu sorprendido, "¿Cómo podrá un hombre volver a entrar en el vientre de su madre?", y Jesús le devuelve la pregunta, "Cómo puede ser que tu, siendo un hombre instruido, ignores estas cosas?"


La reencarnación tampoco es una ley explicada por primera vez por los espíritus en la Doctrina Espírita. El origen del conocimiento de esta realidad se pierde en la noche de los tiempos y es compartido por diferentes filosofías. Kardec mismo reconoce que no creía en la reencarnación y no había pensado en ella para explicar el tránsito entre los dos mundos, habiendo sido convencido por la lógica contundente de las explicaciones que le ofrecieron los espíritus que participaron en la codificación. Incluso la Iglesia católica, que actualmente no admite públicamente la reencarnación, ya la acogió entre sus dogmas. Puede sorprender saber que fue a base de decretos, por razones políticas e intereses personales, que la Iglesia Católica abolió el tema de la reencarnación y pasó a considerar la creencia en ella un crimen merecedor de la excomunión y condenación (anatema). Los concilios de Nicea, en el año 325 D.C. y el segundo concilio de Constantinopla, en el año 553 D.C. están documentados históricamente y revelan cómo el poder corrompido puede llegar a influencia en los sistemas religiosos.


Experimentamos nuevas pruebas, existencia tras existencia física, para poco a poco  liberarnos de la ignorancia que nos caracteriza. Son señas inequívocas de la ignorancia en el planeta todas las actitudes faltas de amor, sea al prójimo, sea a uno mismo, todavía tan frecuentes en las sociedades actuales. Sin embargo, debemos reconocer que hemos hecho progresos. No sólo lo dicen los espíritus desencarnados. Intelectuales como Steven Pinker ya reconocen que la época presente es el momento más pacífico de la historia, aun que cueste a algunos reconocerlo.

Cada nueva encarnación es una oportunidad divina de transformarnos a nosotros mismos en el cambio que deseamos ver en el mundo. Cultivemos pues la paz, procuremos educarnos para la humildad, pongamos el amor como valor  en nuestras vidas. Que el respeto por la vida pueda penetrar todos los corazones hoy y siempre.

Cariños

Equipo de divulgación
CEADS


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