domingo, 10 de junio de 2012

¿Cómo hacer la caridad?

Hola familia,

Ayer, como cada primer sábado de mes, teníamos clase de estudio de El Evangelio Según el Espiritismo. El capítulo XIII una vez más nos invitaba a reflexionar a la luz de las enseñanzas de los espíritus sobre la caridad. Rafa y Andrea prepararon los materiales, la gente puso de su parte y la espiritualidad amiga nos amparó en el estudio. Nos dividimos en dos grupos y empezamos leyendo los textos para reflexión de la tarde. 

12. Sed buenos y caritativos, esta es la llave de los cielos que tenéis en vuestras manos, toda la felicidad eterna está encerrada en esta máxima; Amaos unos a otros. El alma no puede elevarse en las regiones espirituales sino por abnegación y amor al prójimo; sólo encuentra felicidad y consuelo en los impulsos de la caridad; sed buenos, sostened a vuestros hermanos, dejad a un lado la horrible plaga del egoísmo; llenando este deber, se os abrirá el camino de la felicidad eterna. Por lo demás, ¿quién de entre vosotros no ha sentido latir su corazón, dilatarse su alegría interior al oir contar un bello sacrificio o una obra verdaderamente caritativa? Si sólo buscaseis el deleite que proporciona una buena acción, estaríais siempre en el camino del progreso espiritual. Los ejemplos no faltan; sólo las buenas voluntades son raras. Mirad la multitud de hombres de bien cuya piadosa memoria os recuerda la Historia. ¿No os ha dicho Cristo todo lo que concierne a estas virtudes de caridad y de amor? ¿por qué dejáis a un lado esas divinas enseñanzas? ¿por qué se cierran los oídos a sus divinas palabras y el corazón a todas sus dulces máximas? Yo quisiera que se fijase más la atención y hubiese más fe en las lecturas evangélicas, pues se abandona ese libro y se ha hecho de él una palabra vacía, una carta cerrada: se echa al olvido ese código admirable, y vuestros males provienen del abandono voluntario que hacéis de ese resumen de leyes divinas. Leed, pues, esas páginas ardientes del afecto de Jesús, y meditadlas. Hombres fuertes, ceñíos; hombres débiles, haced armas de vuestra dulzura, de vuestra fe y tened más persuasión, más constancia en la propagación de vuestra nueva doctrina; sólo hemos venido a daros ánimo para estimular vuestro celo y vuestras virtudes, sólo para esto nos permite Dios que nos manifestemos a vosotros; pero si se quisiera, no habría necesidad de otra cosa que de la ayuda de Dios y de su propia voluntad; las manifestaciones espiritistas sólo se han hecho para los ojos cerrados y corazones indóciles. La caridad es la virtud fundamental que debe sostener todo el edificio de las virtudes terrestres; sin ellas, las otras no existen. Sin la caridad no hay esperanza en una vida mejor, no hay interés moral que nos guíe; sin caridad no hay fe, porque la fe sólo es un rayo puro que hace brillar a un alma caritativa. La caridad es el áncora eterna de salvación en todos los globos; es la más pura emanación del mismo Criador: es su propia virtud que El da a la criatura. ¿Cómo fuera posible desconocer a esta suprema bondad? Con este pensamiento, ¿cuál sería el corazón con suficiente perversidad para rehusar y rechazar ese sentimiento enteramente divino? ¿Cuál sería el hijo bastante malo para sublevarse contra esta dulce caricia: la caridad? Yo no me atrevo a hablar de lo que he hecho, porque los espíritus tienen también el pudor de sus obras; pero creo que la que he empezado, es una de las que deben contribuir más al alivio de vuestros semejantes. Veo que los espíritus muchas veces piden por misión continuar mi tarea; veo a mis buenas y queridas hermanas en su piadoso y divino misterio; las veo practicar la virtud que os recomiendo, con toda la alegría que procura esa existencia de abnegación y sacrificios: para mí es una felicidad grande el ver tan honrado su carácter, estimada su misión y dulcemente protegida. Hombres de bien, de buena y grande voluntad, uníos para continuar la grande obra de propagación de la caridad: vosotros hallaréis la recompensa de esta virtud en su mismo ejercicio: proporciona todos los goces espirituales desde la vida presente. Uníos, amaos unos a otros según los preceptos de Cristo. Amén (San Vicente de Paul. París, 1858.) 

 14. Hay varias clases de caridad, y que muchos de vosotros confundís con la limosna, y sin embargo, hay una gran diferencia. La limosna, amigos míos, algunas veces es útil porque alivia a los pobres, pero siempre es humillante para el que la hace y para el que la recibe. La caridad, por el contrario, ata al bienhechor y al obligado, y además, ¡se disfraza de tantos modos! Se puede ser caritativo aun con sus allegados, con sus amigos, siendo indulgentes los unos con los otros, perdonándose sus debilidades, teniendo cuidado de no ajar el amor propio de nadie; vosotros, espiritistas, podéis serlo en vuestro modo de obrar con aquellos que no piensan como vosotros, iniciando en la doctrina a los que ven menos, sin chocar, sin contradecir sus convicciones, conduciéndoles suavemente a vuestras reuniones en donde podrán escucharnos y en las que sabremos encontrar fácilmente la parte sensible del corazón por donde deberemos penetrar. Este es uno de los modos de hacer caridad. Escuchad ahora la caridad con los pobres, con esos desheredados de la tierra, pero recompensados por Dios, si saben aceptar sus miserias sin murmurar, y esto depende de vosotros. Voy a hacerme comprender por medio de un ejemplo. Yo veo muchas veces a la semana una reunión de mujeres: las hay de todas edades: ya sabéis que para nosotros todas son hermanas. ¿Qué es lo que hacen? Trabajan aprisa, aprisa; sus dedos son ágiles; ved cómo sus rostros están radiantes y cómo sus corazones laten unidos! Pero, ¿cuál es su objeto? Ven que se acerca el invierno, que será rudo para las familias pobres; las hormigas no han podido reunir durante el verano el grano necesario para su provisión, y la mayor parte de los efectos están empeñados; las pobres madres se inquietan y lloran pensando en sus hijitos que este invierno tendrán frío y hambre. ¡Pero paciencia, pobres mujeres! Dios ha inspirado a otras más afortunadas que vosotras; se han reunido, y os confeccionan vestidos; después uno de estos días, cuando la nieve haya cubierto la tierra y cuando murmuréis diciendo: "Dios no es justo", porque esta es la palabra ordinaria de los que sufren, veréis aparecer uno de los hijos de esas buenas trabajadoras que se han constituido en las obreras de los pobres: sí, para vosotras trabajan de este modo, y vuestra murmuración se cambiará en bendición, porque en el corazón de los desgraciados el amor sigue de muy cerca al odio. Como todas esas trabajadoras necesitan ánimo, veo que las comunicaciones de los espíritus les llegan de todos lados; los hombres que forman parte de esa sociedad, ayudan con su concurso, haciendo una de esas lecturas que tanto gustan; y nosotros, para recompensar el celo de todos y de cada uno en particular, prometemos a esas obreras laboriosas buena clientela que les pagará al contado en bendiciones, única moneda aceptada en el cielo, asegurándoles, además, y sin miedo de adelantarnos demasiado, que no les faltará. (Caritá. Lyon, 1861).

Luego hablamos de qué nos inspiraba la lectura, nuestras vivencias e ideas para aplicar en lo cotidiano las enseñanzas de los espíritus. Hay personas que posponen hacer la caridad porque desean hacer algo grande, bello e importante, como crear una fundación para atender a los necesitados o crear un hospital, por ejemplo. Como éstos son retos muy complejos y que requieren mucho tiempo y recursos, no se dedican a la caridad, esperando tener la oportunidad de hacer algo ilustre y digno de mención algún día. Mientras, se ocupan de sus propias cosas, su trabajo, sus emociones, de su vida… La doctrina de los espíritus nos viene a enseñar que la caridad empieza en casa, con el prójimo más prójimo, en pequeños gestos tan sencillos como importantes. La caridad en el hogar, con los familiares y amigos más cercanos consiste en la práctica de la tolerancia, la paciencia y la indulgencia. Tolerancia, paciencia e indulgencia son sin duda palabras mayores, que muchos tenemos frecuentemente en los labios, pero que en la práctica, a la hora de la verdad, no se traducen en una práctica caritativa. La tolerancia pasa por convivir de forma pacífica y serena con lo que es distinto a nuestra forma de entender el mundo y actuar en él. La paciencia requiere que veamos los defectos, imperfecciones y limitaciones de nuestros familiares sin explotar en episodios de ira o menosprecio. La indulgencia nos invita a comprender que todos los comportamientos de las personas con quienes convivimos tienen explicaciones mucho más profundas que lo que un juicio sesgado, rápido y superficial pueda aquilatar.

¿Cómo se traduce la caridad en el hogar o con los amigos más cercanos? De forma muy práctica, se traduce en callar las respuestas duras incluso cuando uno se cree señor/señora de la razón; se traduce en respetar las diferentes formas de pensar, gustos y percepciones de las personas con quienes convivimos; se traduce en remarcar lo bueno que nuestros familiares hacen en lugar de ofrecer como norma la crítica hacia sus imperfecciones y actitudes negativas. Cuando comprendemos que el hecho de venir a una misma familia es una oportunidad para hacer las paces con el pasado y curar heridas abiertas en otras eras, vemos con otros ojos la relación con nuestros familiares. Es incluso útil tener presente que el carácter de la persona que tenemos al lado, que a menudo nos parece insoportable, muy posiblemente ha sido forjado por nuestras propias actitudes pretéritas… Precisamente por esta razón, nos encontramos en este núcleo familiar: para aprender a amar, por difícil que pueda parecer algunas veces. La caridad por tanto empieza en el hogar. Ahí debemos aprovechar todas las oportunidades que la espiritualidad superior nos concede para que aprendamos a ser más tolerantes, pacientes e indulgentes. Estas son, en realidad, disfraces del amor, que poco a poco nos van preparando para comprender la vida y su dinámica de una forma más llena de sabiduría y paz. 

Os deseo a todos una semana de trabajo activo en la práctica de la caridad con el prójimo más prójimo. Con la inspiración de la espiritualidad amiga y la bendición del Dulce Rabí, todos aprenderemos a amar para vivir en armonía con la inteligencia cósmica universal. 

Cariños de la hermana menor

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