domingo, 14 de abril de 2013

El puzle de la Verdad



Hola familia,

Ayer nos reunimos una vez más en el Centro Espírita Amalia Domingo Soler. El tema de estudio propuesto era “la libertad”, la primera ley moral que estudiaríamos después de haber estado, en clases anteriores, aprendiendosobre la ley natural de forma general.

Marcello empezó enseñándonos un puzle. Se le ocurrió ésta imagen mientras preparaba la clase y quiso compartir con notros sus reflexiones: la Ley Natural o Divina es un todo completo, perfecta en su expresión y de difícil comprensión en sus múltiples formas de manifestación por la inteligencia humana. Lo que nos lleva a dividirla, clasificarla, compartimentarla, es la ignorancia que todavía nos caracteriza, es decir, nuestra incapacidad para asimilar la Verdad en todo su esplendor.

De hecho, las reflexiones de Marcello se confirman si leemos con atención la pregunta 648 de El Libro de los Espíritus.

¿Qué pensáis de la división de la ley natural en diez partes, que comprenden las leyes de adoración, trabajo, reproducción,  conservación, destrucción, sociedad, progreso, igualdad, libertad, y por último, la ley de justicia, amor y caridad?

Tal como Kardec presenta la pregunta, podemos entender que sale del propio codificador, y no de los espíritus,  la propuesta de la división de la Ley Natural. Como buen pedagogo y educador, Kardec comprendió que las enseñanzas de la doctrina naciente serían mejor comprendidas por la inteligencia humana si facilitara su estudio a través de su división en partes. Aun así, de ninguna forma debemos perder de vista que la ley natural es indivisible. Si la estudiamos por partes, esto se debe a la inferioridad que nos caracteriza, dificultando que seamos capaces de aprehenderle el sentido de otra manera. La respuesta de los espíritus a la propuesta de Kardec es interesantísima:
Esa división de la ley de Dios en diez partes es la de Moisés y puede abarcar todas las circunstancias de la vida, lo que es esencial. Por tanto, puedes seguirla, sin que por esto tenga nada de absoluto, como tampoco lo tienen los demás sistemas de clasificación, que dependen del punto de vista desde el cual se considere una cosa. La más importante es la última de esas leyes: por medio de ella puede el hombre adelantas más en la vida espiritual, pues las resume todas.
En otras palabras, los espíritus nos dicen que podemos hacer tal como propone el codificador, pero que comprendamos que esta división en partes, ya utilizada por la humanidad en esfuerzos de conocer la ley divina anteriormente, solamente es necesaria porque no somos capaces de comprender que la ley de justicia, amor y caridad es efectivamente la realidad última, esencia y máxima expresión de la ley natural.
 
Hechas estas reflexiones y digerida nuestra declaración colectiva de inferioridad intelectual y moral, pasamos a la lectura del texto de estudio sobre la ley moral de libertad. El intercambio de reflexiones expuestas a medida que leíamos y contestábamos las preguntas fue muy rico y os expongo a continuación algunas de las ideas clave del estudio:
  • La libertad absoluta no puede ser alcanzada por el hombre encarando o desencarnado que vive en sociedad. Vivir en un entorno social hace con que dependamos unos de otros y nuestros derechos acaban donde empiezan los de los demás.
  • Solamente el ser que ama incondicionalmente disfruta de la libertad absoluta, una vez que, amando de esta manera, todos sus deseos, actos y pensamientos serían la máxima expresión del respeto hacia los derechos y necesidades de su prójimo.
  • El actual nivel evolutivo de los hombres que habitamos la psicosfera de la Tierra todavía nos tiene encadenados a condicionamientos que coartan nuestra libertad: el orgullo, el egoísmo, la envidia, el resentimiento, la ansiedad, el miedo… son todas cárceles del espíritu. Encarnamos en este planeta de pruebas y expiaciones precisamente para liberarnos de estas cadenas y elevarnos por encima de nuestras limitaciones. A medida que superamos la ignorancia del bien, conquistamos la verdadera libertad. Nelson Mandela fue un ejemplo para todos. Pese a que estubo en la cárcel, no permitió que el rencor aprisionara su corazón. Cuando salió de la cárcel convocó a los sudafrinados blancos y negros a vivir en paz.
  • El libre albedrío es la libertad misma de la que provee Dios a sus criaturas de elegir y tomar sus propias decisiones. En la respuesta a la pregunta 780 de El Libro de los Espíritus, conocemos que “el desarrollo del libre albedrío sigue al de la inteligencia y aumenta la responsabilidad de los propios actos”. El libre albedrío por tanto se encuentra en el lado opuesto al instinto en un continuo, puesto que se desarrolla a medida que el hombre conoce la razón. Por definición, el libre albedrío es la facultad misma para obrar según la propia voluntad, es decir, sin que sea Dios el que decida por nosotros. A medida que progresa moral e intelectualmente, el ser armoniza su propia voluntad con la voluntad de su Creador. La criatura crece en libertad y responsabilidad a medida que vence la ignorancia, superando las zonas del primitivismo instintivo. En el punto cumbre de esta trayectoria evolutiva, el ser encuentra la libertad absoluta: armoniza sus deseos, aspiraciones y esperanzas con la inteligencia cósmica universal. Así es como volvemos a lo que hemos dicho antes: en el amor incondicional seremos libres, puesto que ahí es donde vibramos en la frecuencia de la fuente cósmica de inteligencia, luz y vida.
  • El dolor sólo puede ser considerado un obstáculo a la libertad humana si es comprendido de forma reduccionista y materialista. Si la persona vive el dolor con ofuscamiento, cae en sufrimiento y se vuelve incapaz de aprovechar las lecciones liberadoras del orgullo, la vanidad y del egoismo que el dolor tantas veces nos ofrece. Si somos capaces de percibir el dolor como un verdadero maestro de la humildad, una llamada a la consciencia, un alerta de que algo hacemos mal, podremos observar su presencia en nuestras vidas como una oportunidad de crecimiento. Si no optamos por el amor, el dolor funcionará como el imán que nos atraerá a la corrección del mal uso que hayamos hecho del libre albedrío, conovocándonos, por tanto, a la necesaria e innevitable trayectoria de armonización con la inteligencia cósmica universal.   
Para finalizar este estudio que nos ha invitado a meditaciones tan profundas, os hago una sugerencia para un momento de relajación. Os propongo que veáis esta película que un amigo que ha recomendado recientemente.


Si bien es verdad que todos deseamos la libertad, no siempre hacemos los esfuerzos que ya sabemos necesarios para su conquista. Conscientes de que nuestro destino es la libertad absoluta, pidamos a nuestro Maestro Amado, este muchacho de condición tan superior a la nuestra, que nos fortalezca en la tarea de armonizarnos con la fuente cósmica de sabiduría y amor.

Cariños de la hermana menor
 

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