domingo, 16 de junio de 2013

El Hombre Integral

Hola familia,

Ayer la hermana menor no ha estado en el centro, pero nuestro compañero Marcello promete que nos hará la crónica de la conferencia de Bossi. Durante la semana, los que no hemos tenido la oportunidad de escuchar a nuestro compañero presentar su charla ¿Tienen alma los animales?, podremos acercarnos al tema gracias a la colaboración de Marcello.

Lo que os puedo contar de mi fin de semana es que me he dedicado a pensar en la integralidad =) He leído recientemente el libro “El Hombre Integral”, de Divaldo Franco & Joanna de Ângelis y llevo los últimos tempos, pero de forma especialmente intensa este fin de semana, dándole vueltas al tema. Así que para no perder la costumbre de compartir una reflexión dominical, aquí os presento algunas líneas.

¿Qué es el Hombre Integral? Para empezar podríamos decir que es un hombre que tiene una nueva concepción de la vida. A veces decimos cosas como “La vida no va bien” o “Necesito hacer un cambio de vida”. Hay gente que piensa que sólo se vive una vez… E incluso hay gente que cree que se vive muchas vidas… Pero nada de esto es cierto. Diréis, “A la hermana menor se le va la olla… ¿No es espírita? ¿No sabe que la reencarnación es una ley de vida? Precisamente después de reflexionar sobre la reencarnación es que estoy haciendo todo lo posible por reajustar mi manera de entender y hablar sobre la vida. No vivimos muchas vidas porque la vida no es el tiempo que separa la cuna del túmulo. Esto es una existencia física. He escuchado a un espírita decir este fin de semana, “Los que cometen el suicidio se quitan la vida.”, y no es cierto. No podemos quitarnos la vida. El que comete suicidio interrumpe su existencia física.


Experimentamos muchas existencias físicas, cada una de ellas irrepetible, preciosa, esencial oportunidad de aprendizaje y crecimiento intelectual y moral. Pero la vida es otra cosa: la vida del ser empieza cuando Dios lo crea y no termina nunca, porque somos inmortales. La vida, por tanto, es esta trayectoria evolutiva, en la que peregrinamos de la ignorancia hacia la angelitud. Cuando confundimos la vida con la existencia física las cosas salen de su eje: tenemos miedo a la muerte; sufrimos demasiado por la muerte de nuestros seres queridos; nos parecen injusticia las dificultades económicas, físicas y emocionales a las que nos enfrentamos; no comprendemos el sufrimiento ajeno… Todo esto nos pasa cuando pensamos que vida y existencia física son lo mismo. No lo son.

Sólo si separamos una cosa de la otra podremos comprender que la muerte es un fenómeno biológico. Como nos dice Joanna de Ângelis, en “El Hombre Integral”, “la muerte es un fenómeno biológico que transfiere al ser de una realidad a otra, sin extinción de la vida”. La vida, familia, no se extingue nunca. Es el don por excelencia, el primer regalo divino. Lo opuesto a la muerte no es la vida, es el renacimiento. Muerte y renacimiento se alternan, marcando el principio y el final de sucesivas existencias físicas. La vida no tiene un contrario, porque somos inmortales. El Hombre Integral comprende estos principios en toda su extensión y es capaz de vivir con la serenidad que aportan, pese a las dificultades físicas, económicas o emocionales a las que se enfrente.

Cuando salimos de nuestro eje, tomando la existencia física por la vida, vivimos en estado de ansiedad y miedo. Vamos con el piloto automático puesto, reaccionando ante las situaciones, antes que buscando en estado de consciencia presente nuestra propia integralidad. Si tomamos conciencia de que el mundo exterior es un reflejo de nuestro mundo interior, es ahí, en lo íntimo de la conciencia, donde hay que indagar por causas y soluciones a nuestros problemas y sufrimientos. Por esto nos dice Joanna, que “combatir el mal exterior sin buscar la paz interior es seguir en la fantasía”.

Si miramos hacia nosotros mismos y encontramos aspectos de nuestra existencia física que “van mal”, o sea, que son dolorosos, aún y así podemos considerar que la vida va estupendamente. Pero es necesario aceptar el dolor sin caer en sufrimiento, porque este movimiento no es necesario. Como nos dice Joanna, “El hombre simplemente debe renovarse para mejor, actuando con corrección, sin conciencia de culpa, sin auto-compasión, sin ansiedad. Vivir el tiempo con dimensión atemporal, en entrega, confianza y paz.” La noble amiga nos dice que “la felicidad relativa existe y está al alcance de todos desde que haya la aceptación de los acontecimientos tal como se presentan. La resolución para ser feliz rompe las amarras de un carma negativo frente a la oportunidad de conquistar méritos a través de las actitudes de amor, entrega y servicio altruista”.



Joanna describe al amor de forma bellísima, haciéndome recordar la carta de Pablo a los Corintios:

El amor es una conquista del espíritu maduro, psicológicamente equilibrado, usina de fuerzas para mantener los mecanismos emocionales en funcionamiento armónico. Es una forma de negación de sí mismo en auto-entrega que trae plenitud. No se fundamenta en sospechas, ni exigencias infantiles; elimina los celos y la ambición de poseer al otro, proporcionando un inefable bienestar al ser amado que, no estando comprometido con el deber de la retribución, también ama. Cuando, por alguna razón, no es correspondido, no se amarga ni se irrita, comprendiendo que su objetivo es darse, y no exigir. Permite al otro la misma libertad que a sí mismo se proporciona sin cargas de ansiedad ni de compulsión. Joanna de Ângeleis, en El Hombre Integral

Amar de esta manera libera al ser, dando libre expresión al Hombre Integral. Soy perfectamente consciente de que estoy bastante lejos de conquistar mi integralidad. Pero me llena de esperanza saber, como me ha esclarecido la Doctrina Espírita, que el espíritu que Dios nos ha enviado como modelo de perfección para la humanidad, es un Hombre Integral en toda regla. Los estímulos llenos de afecto que el Maestro me envía a través de la Doctrina Espírita me llenan de ánimo para superar mis inclinaciones inferiores. Me enternece cómo es capaz de destacar aspectos luminosos de mi personalidad, cuando tanta sombra me enceguecía. Me asombro constantemente ante las obras que Él es capaz de hacer a través de instrumentos tan imperfectos como los que nos decimos cristianos…

Y deseando que todos podamos ser felices, rompiendo las amarras de nuestros carmas negativos y buscando la integralidad que existe en potencia dentro de cada uno de nosotros, me despido agradecida por la oportunidad de servir.



Cariños de la hermana menor

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