jueves, 20 de junio de 2013

MARCHA DEL PROGRESO

Hola familia,

un poco de El Libro de los Espíritus para entrar en calor para la clase de sábado.

Cariños,

La hermana menor



MARCHA DEL PROGRESO

779 – ¿Posee el hombre en sí mismo la fuerza para progresar o el progreso es tan solo producto de una enseñanza?

– El hombre se desarrolla naturalmente a sí mismo. Pero no todos progresan al mismo tiempo y de la misma forma. Entonces es cuando los más adelantados ayudan al progreso de los otros por medio del contacto social.

780 – ¿El progreso moral sigue siempre al progreso intelectual?
– Es su consecuencia, pero no siempre le sigue inmediatamente.
– ¿Cómo puede conducir el progreso intelectual al progreso moral?
– Haciendo comprender el bien y el mal; el hombre puede entonces elegir. El desarrollo del libre albedrío sigue al de la inteligencia y aumenta la responsabilidad de los actos.
– ¿A qué se debe entonces que los pueblos más ilustrados sean con frecuencia los más pervertidos?
– El progreso completo es el objetivo, pero los pueblos, como los individuos no llegan a él más que paso a paso. Mientras no esté desarrollado en ellos el sentido moral, hasta pueden servirse de su inteligencia para hacer mal. La moral y la inteligencia son dos fuerzas
que sólo a la larga se equilibran. 

781 – ¿ Es dado al hombre poder detener la marcha del progreso?
– No; pero sí estorbarlo a veces.
– ¿Qué debe pensarse de los hombres que intentan detener la marcha del progreso y hacer retrogradar a la Humanidad?
– Pobres seres, a quienes Dios castigará. Serán arrastrados por la corriente que quieren detener.

Siendo el progreso una condición de la naturaleza humana, no está al alcance de nadie oponerse a él. Es una fuerza viva que las malas leyes pueden retardar pero no ahogar. Cuando estas leyes son incompatibles con él, las arrastra con todos aquéllos que intentan mantenerlas, y así será hasta que el hombre haya puesto sus leyes en relación con la justicia divina, que quiere el bien para todos, y no leyes hechas por el fuerte en perjuicio del débil.

782 – ¿No hay hombres que entraban el progreso de buena fe, creyendo favorecerlo, porque lo consideran desde su punto de vista y con frecuencia donde no está?
– Piedrecita colocada bajo la rueda de un gran coche, que no le impide avanzar.

783 – ¿El perfeccionamiento de la Humanidad sigue siempre una marcha progresiva y lenta?
– Existe el progreso regular y lento que resulta de la fuerza de las cosas; pero cuando un pueblo no avanza bastante aprisa, Dios le suscita de vez en cuando una sacudida física o moral que lo transforma.

El hombre no puede permanecer perpetuamente en la ignorancia, porque debe llegar al fin marcado por la Providencia. Se ilustra por la fuerza de las cosas. Las revoluciones morales, como las sociales, se infiltran poco a poco en las ideas y germinan durante siglos enteros y luego estallan de repente y hacen que se hunda el carcomido edificio del pasado, que no está ya en armonía con las nuevas necesidades y las aspiraciones nuevas. Con frecuencia el hombre no percibe en esas conmociones más que la confusión y el desorden momentáneos que perjudican sus intereses materiales. Pero el que eleva su pensamiento por encima de la personalidad, admira los designios de la Providencia que del mal hace salir el bien. Es la tempestad y el huracán que sanean la atmósfera, después de haberla perturbado.


784 – La perversidad del hombre es muy grande, ¿y no parece que retrocede en vez de adelantar, por lo menos desde el punto de vista moral?
– Te engañas. Observa bien el conjunto y verás como avanza, pues comprende mejor lo que es malo y cada día corrige los abusos. El exceso del mal es necesario para hacer comprender la necesidad del bien y de las reformas.

785 – ¿Cuál es el mayor obstáculo al progreso?
– El orgullo y el egoísmo. Quiero hablar del progreso moral, porque el progreso intelectual avanza siempre y a primera vista, parece dar a esos vicios una actividad redoblada, desarrollando la ambición y el amor a las riquezas que, a su vez excitan al hombre a las investigaciones que ilustran su Espíritu. 

Así es como todo se eslabona en el mundo moral y en el físico, y como del mismo mal puede surgir el bien. Pero ese estado de cosas es breve y cambiará a medida que el hombre comprenda mejor que, fuera del goce de los bienes, hay una dicha infinitamente más grande y duradera. Hay dos especies de progresos que se prestan mutuo apoyo y que, sin embargo, no caminan paralelos, tales son el progreso intelectual y el moral. El primero cuenta en los pueblos civilizados y en el siglo actual con todos los incentivos que pueden desearse y de aquí que haya logrado un desarrollo desconocido hasta nuestros días. Mucho falta para que el segundo esté a un mismo nivel, y si se comparan, no obstante, las costumbres sociales con las de algunos siglos atrás, sería preciso ser ciego para negar el progreso. ¿Por qué, pues, la marcha ascendente ha de detenerse antes respecto de la moral que de la inteligencia? ¿Por qué no ha de haber entre el siglo decimonoveno y el vigesimocuarto tanta diferencia, cómo entre el decimocuarto y el decimonoveno? Dudar de ello equivaldría a pretender que la Humanidad ha llegado al apogeo de la perfección, lo que sería absurdo, o que no es moralmente perfectible, lo que es desmentido por la experiencia.

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