domingo, 7 de julio de 2013

Toda la humanidad



Hola familia,

Ayer nos reunimos en CEADS, esta vez para el Estudio Sistematizado del Evangelio, como solemos hacer cada primer sábado de mes. El texto de lectura era corto, el tema se ha repetido en diferentes ocasiones, el mensaje sencillo… Sin embargo, lo vamos a estudiar hasta que lo aprendamos de verdad: El Mandamiento Mayor.

Amaréis al Señor, vuestro Dios, de todo vuestro corazón, de toda vuestra alma y de todo vuestro espíritu. Este es el mayor y el primer mandamiento. Y este es el segundo que es semejante a aquel: Amaréis a vuestro prójimo como a vosotros mismos. Toda la ley y los profetas están contenidos en estos dos mandamientos.

 Resulta que en esta trinidad, Dios, el prójimo y uno mismo, está la clave que nos libera de la ignorancia. Por mucho que creamos amar a Dios, sin amar al prójimo, no hemos hecho más que empezar. De forma análoga, si pensamos amar mucho al prójimo, pero no amamos a uno mismo, tampoco hemos progresado verdaderamente. Algunos suponen tener mucho amor propio, pero sin amar a Dios y al prójimo, lejos están de la verdad que libera. Nuestra monitora empezó proponiendo preguntas que hacían reflexionar sobre el amor indisociable a Dios, a uno mismo y al prójimo.

¿Qué se entiende por amar a Dios?

Se ama a Dios cuando se le reconoce como fuerza creadora de todo el universo, aceptando sus leyes físicas y morales; se ama a Dios cuando se ama al prójimo y a uno mismo; se ama a Dios cuando lo vemos en cada persona, yendo más allá de la materia. Amar a Dios es amar a algo que no conocemos, es amar incluso a quién nos ha hecho daño. No sabemos amar así todavía, estamos aprendiendo. Nos cuesta mucho amarnos a nosotros mismos, aceptar quiénes somos, con la historia que tenemos. Por esto cuesta tanto aceptar la imperfección ajena. Nuestra falta de auto-aceptación resuena en la imperfección del otro y limita nuestra capacidad de amar. Para progresar en el amor a Dios, al prójimo y a uno mismo, hay que realizar una aceptación dinámica de quiénes somos y de nuestra trayectoria evolutiva. El pasado no lo podemos cambiar, pero el futuro está por escribir. Hasta aquí he sido mi mejor yo, mañana seré mejor que hoy.


¿Qué se entiende por amar al prójimo como a uno mismo?

No hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. Aceptar los defectos físicos y morales del prójimo como parte de su trayectoria evolutiva, sin desearle mal. No se quiere con esto decir que no se debe parar al que obra mal, pero debemos aprender a acoger al hermano de humanidad que erra, a la vez que rechazamos al error.

¿Qué se entiende por amar a uno mismo?

Liberarse de la culpa, que tiene raíces en el orgullo. Aceptarse como ser en evolución, confiar en uno mismo. Perdonarse por errores de esta y de otras existencias físicas.

¿Debemos practicar la caridad incluso con nuestros enemigos?

Sí, pese a lo difícil que es. Cuando nos hierren, se nos nublan los sentidos. Pero es necesario acoger al agresor en su humanidad para que podamos lucir nuestra propia humanidad. Esta es la mayor conquista, el dominio del ego. Lentamente nos acercaremos a este objetivo. Cuando lo alcancemos, no habrá enemigos que perdonar, ya que todos los seres humanos se habrán convertido en nuestra familia espiritual, sea cual sea su nivel evolutivo.

¿Uno puede ser su peor enemigo?

Sí, y frecuentemente actuamos así, cuando no nos perdonamos, no nos aceptamos tal como somos, cuando nos permitimos dominar por la culpa, cuando tenemos comportamientos auto-destructivos, haciendo uso de drogas, alcohol y auto-flagelo.

Luego Janaina sacó una ficha y pidió la ayuda de todos para completarla. El objetivo final era llegar al auto-amor a través de la aceptación del prójimo tal como es, como lo ha hecho Jesús desde siempre. Se trataba de reflexionar sobre la invitación que Jesús nos hace, de amar al prójimo como a uno mismo y a Dios sobre todas las cosas, contemplando de forma muy compasiva quién es este prójimo, para vernos a nosotros mismos por fin. Así nos salió:

Personajes que Jesús perdonó

  • Judas – Traicionero, materialista, ambicioso, suicida. 
  • Pedro – Cobarde. 
  • Maria Magdalena – Promiscua. 
  • Saulo (Pablo) – Orgulloso, arrogante, prepotente, perseguidor, lleno de odio. 
  • El pueblo judío – No reconocieron a Jesús, le crucificaron. 
  • Zaqueo – Corrupto, materialista. 
  • Pilatos – Egoísta, indiferente. 
  • Los dos crucificados junto a él – Ladrones, culpables.

Personajes que Jesús curó
  • Lázaro – Presuntamente muerto. 
  • Los ciegos, leprosos, paralíticos, la mujer con hemorragia – Pobres, gente sin cultura, enferma. 
  • Los endemoniados (obsesados) – Personas atormentadas, enfermas.
Personajes que Jesús defendió
  • La mujer que sería lapidada en la plaza – Adultera.
Personajes que Jesús reprendió
  • Los mercaderes del templo – Hacían trapicheo con las cosas del espíritu. 
  • Los fariseos – Falsos, hipócritas.
¿Alguna vez habíamos parado a pensar en las características de las personas que convivieron con Jesús? Evidentemente aquí no están todas ellas. Nos hemos centrado en las negativas, aquellas por las que se le ha perdonado, curado y defendido.


El Maestro, cuando entró en contacto con estos personajes, no se limitó a la materia: vio el ser en evolución, lleno de potencialidades pese a las equivocaciones del presente y del pasado. Jesús acogió a estas personas en su humanidad, porque era tremendamente humano. Ninguno de los personajes con quiénes convive es una casualidad. En realidad, estos personajes sintetizan la humanidad entera. Veamos las características de los hombres que convocó al trabajo:

  • Los 12 y Pablo – Traicioneros, materialistas, ambiciosos, suicidas, cobardes, orgullosos, arrogantes, prepotentes, perseguidores, lleno de odios, gente sin cultura.
¿Por qué lo hizo el Maestro? Porque los sanos no necesitan al médico; Él vino por los que necesitaban liberarse, progresar. Los amó y los aceptó, les propuso un sendero de progreso y reforma interior libre de críticas.

A continuación, Janaina pasó lista. Pidió que un voluntario se levantara para representar a Judas y a todos los “Judas” que hay y ha habido siempre. Uno a uno nos fuimos levantando: Pedro, Pilatos, Maria Magdalena, la mujer de la plaza, Zaqueo, los ciegos, los endemoniados, los judíos, los fariseos… Curiosamente, no teníamos un grupo demasiado grande ayer y al final estábamos casi todos de pie. Solo cuatro personas estaban sentadas. Los que estábamos de pie representábamos a toda la humanidad. Hicimos un círculo, nos dimos la vuelta y Janaina pidió a las cuatro personas que estaban fuera que se pasearan alrededor del círculo mirando a los ojos de la humanidad. Luego estas cuatro personas entraron al círculo y fue la vez de que toda la humanidad les mirara a ellos y los unos a los otros. Toda la humanidad estaba allí, con sus dolores e imperfecciones, con su historia. Esta es la humanidad que Jesús amó y ama, porque se amaba a Sí mismo profundamente y porque amaba a Dios sobre todas las cosas. Esta es la humanidad que Él nos invita a amar. Somos nosotros esta humanidad.

Todavía no sabemos amar porque no conocemos a Dios, no nos conocemos a nosotros mismos y tampoco al prójimo. Por esto el amor es lo que nos libera de la ignorancia: amando conocemos a Dios, a uno mismo y al otro. Nuestra más verdadera misión es aprender a amar, de ahí que sea el mandamiento mayor, el mensaje que diferentes profetas, de todas las culturas, han trasmitido a los pueblos de todo el mundo.

La clase de ayer terminó con una pregunta:
¿Qué aplicación práctica de la sesión de hoy encuentras para tu vida? 
Si deseas compartir tus pensamientos, te damos las gracias. Deseando que sí, que todos podamos poner algo de ayer en la práctica, me despido agradecida por la oportunidad de servir.

Cariños de la hermana menor

2 comentarios:

  1. Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa¡¡¡

    Jana, gracias por la reunión de ayer sábado, en la que se puso de manifiesto, una vez más,la manera que tienes de transmitir ese sentimiento de amor que nos enseña Jesús.

    Supongo que si me admira tanto ello es porque yo aún no soy capaz de sentir ese amor hacia los demás, como criaturas que son todas de Dios.

    Pero, bueno, ya sabes que tú me ayudas mucho a "sensibilizar" mi raciocinio y mi mente, acercándolo al corazón y al sentimiento.

    Gracias, Jana, de todo corazón.

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  2. Alfredito y amigos de CEADS, gracias a vosotros que me confíais tareas como la de ayer. Hablar de amor a Dios, a uno mismo y al prójimo es transformador. Se recibe infinitamente más de lo que se da.

    ¿Qué aplicación práctica de la sesión de hoy encuentro para mi vida? No juzgar. Verme refletida en todas las personas a quiénes critico en mi interior. Buscar el lado bueno de las personas a quiénes reprocho...

    Estudiar al evangelio es liberador. Yo no era así, no soy así todavía. Pero me re-encuentro a cada nueva oportunidad de pensar en las palabras del Maestro.

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