domingo, 10 de noviembre de 2013

Una doctrina para seres inmortales

Hola familia,

El sábado en CEADS tratamos un tema tan interesante como complejo: la Ley de Conservación. En una clase de poco más de una hora abordamos conceptos tan intrigantes como el instinto, la inteligencia, la evolución física y espiritual… Menos mal que como espíritus inmortales tenemos la eternidad para comprender la obra divina y acercarnos a la sabiduría de la fuente cósmica de amor y luz.

Aquí os presento algunos de los aspectos centrales del estudio:

Ley de conservación – Se puede entender como la propulsión que mueve todos los seres vivos a preservar sus vidas. Es de la ley natural que los seres vivos, sean los vegetales, los animales o los hombres, busquemos por instinto preservar la propia vida. En sus primeras manifestaciones en el mundo físico, a través de experiencias sucesivas en organismos que progresivamente se tornan más complejos, el Espíritu transformó en automáticas las reacciones a los impulsos exteriores, grabándolas en su periespíritu, de modo de adecuarse mejor al medio. De esa manera, esas acciones reflejas se incorporaron al patrimonio periespiritual del ser y se manifiestan en el vegetal, en el animal y en el hombre a través de actos espontáneos e involuntarios, que tienen, en general, una finalidad útil, tanto para el ser que los realiza como para su especie. Podemos identificar estos actos en el movimiento de la planta en dirección a los rayos solares, en el arte con que la araña teje su tela para capturar los insectos de que se nutre, o en la succión por medio de la cual el bebé se alimenta. Esos actos inconscientes son el resultado, por lo tanto, del mecanismo coordenado y cada vez más complejo de las acciones reflejas, a las que denominamos instintos. En el vegetal, la estructuración de ese mecanismo está en sus primeras etapas, en el animal se manifiesta plenamente y en el hombre sufre la acción de la inteligencia, que altera y perfecciona sus manifestaciones.

Instintos - El instinto es la fuerza oculta que induce a los seres orgánicos a actos espontáneos e involuntarios, con vistas a su conservación. En los actos instintivos no hay reflexión, combinación ni premeditación. Es así que la planta procura el aire, se vuelve hacia la luz, dirige sus raíces hacia el agua y la tierra que la nutre; que la flor se abre y cierra alternativamente, conforme le es necesario (...). Es por el instinto que los animales son avisados de lo que les conviene o perjudica; que buscan, conforme con la estación, los climas propicios (...). En el hombre, el instinto domina con exclusividad sólo al comienzo de la vida; es por instinto que la criatura hace los primeros movimientos, que toma el alimento, que grita para expresar sus necesidades, que imita el sonido de la voz, que trata de hablar y andar. Aún en el adulto, ciertos actos son instintivos, tales como los movimientos espontáneos para evitar un riesgo, para huir de un peligro, para mantener el equilibrio del cuerpo, como así también el entornar los párpados para moderar el brillo de la luz, abrir automáticamente la boca para respirar, etc.» Todos los actos mecánicos son instintivos. Aunque el acto instintivo no tenga el carácter de inteligente, revela una causa inteligente esencialmente previsora.” Uno de los más perfectos actos instintivos es el de vivir. El instinto de conservación es, por esto mismo, una ley de la Naturaleza.



Inteligencia - Los actos que denotan reflexión y premeditación son inteligentes y libres, es decir, no son actos reflejos, sino que revelan las creencias y posturas más íntimas de las personas. “La inteligencia se revela mediante actos voluntarios, reflexivos, premeditados y combinados según las circunstancias. Es indudablemente, un atributo exclusivo del alma. La inteligencia, en razón de su carácter libre, está sujeta a errores. Se suele pensar en la inteligencia como la capacidad lógico-matemática. De inmediato pensamos en personas como Einstein si buscamos dar un ejemplo de persona inteligente. Actualmente, sin embargo, ya se tiene una visión más amplia de la inteligencia. Se considera que está relacionada a la capacidad de aplicar conocimientos que poseemos para resolver una determinada situación. Ser inteligente es saber elegir la mejor opción entre las que se nos brinda para resolver un problema. Según la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner podemos distinguir tipos diferentes de inteligencia formal: Inteligencia Lógica-Matemática, Inteligencia Lingüistica-Verbal, Inteligencia Visual-Espacial, Inteligencia Corporal-Cinética, Inteligencia Musical, Inteligencia Interpersonal, Inteligencia Intrapersonal e Inteligencia Naturalista.


De lo anterior se desprende que todos somos inteligentes, destacando en alguno de los campos de la inteligencia. Ninguno de ellos es más importante que los demás, pese a que en el actual estado evolutivo de nuestro planeta, se les reconozca diferente status social. También es digno de nota que alrededor de 1985 se definió la inteligencia emocional. Lo hizo Reuven Bar-On, psicólogo clínico y profesor de la facultad de medicina de la Universidad de Tel-Aviv, de esta forma:
Los individuos de mayor inteligencia emocional son aquellos capaces de reconocer y expresar sus emociones, poseen una visión positiva de sí mismos, pueden concretar en la práctica sus aptitudes potenciales y llevar una vida más bien dichosa; son capaces de comprender de qué modo se sienten los demás y están en condiciones de crear y mantener relaciones interpersonales satisfactorias y responsables sin convertirse en seres dependientes; en general son realistas y optimistas, consiguen resolver bastante bien sus problemas y afrontar el estrés sin perder el control. (fragmento de L’intelligence intuitive du coeur, de Doc Childre y Howard Marin, Ed. Ariane.)
La biología del instinto y de la inteligencia


“El sistema límbico es un sistema formado por varias estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales. Está relacionado con la memoria, atención, instintos sexuales, emociones (por ejemplo placer, miedo, agresividad), personalidad y la conducta. El sistema límbico es una de las partes más antiguas del cerebro en términos filogenéticos y evolutivos pues sus primordios ya se encuentran en los peces. Es prácticamente la mayor parte del cerebro de los anfibios y reptiles.  Las funciones principales del Sistema Límbico son: la motivación por la preservación del organismo y la especie, la integración de la información genética y ambiental a través del aprendizaje, y la tarea de integrar nuestro medio interno con el externo antes de realizar una conducta.” Fragmentos extraídos de Wikipedia

“Investigaciones en el campo de la neurobiología vienen a indicar que en efecto no es el cerebro el que genera la conciencia, sino que, por el contrario, es el nivel de conciencia del individuo el que determina qué partes del cerebro van a ser activadas. Nuestra percepción de la realidad, por tanto, no equivale necesariamente a la realidad. Nuestra percepción de-pende directamente del circuito que la conciencia utilice para percibir la realidad. ¿Y qué circuitos son estos?

Un primer circuito generador de la conciencia es el del cerebro límbico. El ser humano primitivo, para sobrevivir, necesitaba un sistema de reacción rápido y seguro. En esta etapa evolutiva, el cerebro aún no tenía desarrollado el córtex, y utilizaba una especie de atajo primario que todo ser humano todavía conserva. La amígdala ce-rebral y el sistema límbico son depositarios de un cierto número de “memorias” transmitidas de gene-ración en generación. Por fuerza de la ley de la reencarnación, nuestra historia evolutiva queda plasmada en nuestros cuerpos físicos y es-pirituales. El cerebro límbico fue esencial para asegurar la super-vivencia del humano primitivo, puesto que le sirvió para responder con urgencia y hacer frente a cualquier posible riesgo tras una percepción rápida y somera de la situación, enviando al cerebro una serie de reacciones automáticas idénticas a las vividas en situaciones anteriores. Hoy día cabría esperar que el humano civilizado pudiera prescindir del cerebro límbico, pues-to que ya no vive en la selva y no lucha contra animales para preservar su vida. Sin embargo, parece haber sucedido más bien una cierta actualización de sus funciones. En esa ampliación, el cerebro límbico pasa a actuar no únicamente en la supervivencia física, sino además en la psicológica, relacionada con los cuerpos mental y emocional. Así es como la amígdala ha ampliado su sistema de grabación para guardar en su memoria no sólo las situaciones de estrés procedentes de amenazas físicas, sino también los acontecimientos que han causado estrés psicológico, es decir, sufri-miento mental y emocional.

Un circuito alternativo sería el del córtex cerebral. A lo largo de muchos miles de años, el ser humano ha estado desarrollando esta parte del cerebro llamada córtex o corteza cerebral, desarrollo que todavía continúa. Este desarrollo del córtex ha permitido el surgimiento de un nuevo nivel de conciencia, dando origen a otra forma de percibir la realidad. Este nuevo mecanismo de tratamiento de la información en el cerebro humano consiste en que la información registrada por los sentidos, después de haber pasado por el cerebro límbico, es transferida a la corteza cerebral. Su función es, en efecto, analizar lo que ocurre con más detalle, con mayor claridad y más inteligencia. Así es como puede promover una percepción más rica de la realidad, moderar, adaptar o incluso inhibir por completo las reacciones primarias que proceden del cerebro límbico. Pese a que el camino que atraviesa la corteza cerebral permite una percepción más exacta de la situación, este camino tiene el inconveniente de ser relativamente lento, porque en el córtex la información es analizada y tratada por innumerables circuitos nerviosos. Esto permite un tratamiento más fiable de la información, pero también reduce su velocidad.

Queda, por tanto, científicamente demostrado por la neurociencia que lo que sentimos y como reaccionamos no es culpa, y ni siquiera responsabilidad, de los demás. Solemos decir: “Él me sacó de quicio”, “Me trastornó”, “Me enfureció”, pero en realidad nuestras emociones están condicionadas, en primer lugar, por nuestro propio nivel evolutivo. Nuestras emociones, así como sus consecuentes reacciones, dependen, invariablemente, de cómo optamos vivir cada situación, escogiendo, aunque inconscientemente, los circuitos nerviosos por los cuales la información navega en nuestro cuerpo.” Fragmentos el Texto “No soys vos, soy yo”, Visión Espírita, año 3, nº 15

En clase nuestro objetivo es conocer nuestra amada doctrina, pero, ¿cuántas preguntas no nos lleva a plantear este maravilloso camino de auto-conocimiento? Pidamos a la fuente cósmica de amor y luz que nos conceda corazones lo bastante humildes como para buscar la verdad sinceramente, y mientes suficientemente sencillas como para aprehender lo que el Espiritismo nos propone.


Cariños de la hermana menor

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