domingo, 15 de diciembre de 2013

Entre la animalidad grosera y la espiritualidad superior el trabajo de auto-ilumniación

Hola familia,

En la clase de ayer, siguiendo con el estudio de la Ley de Conservación, tratamos el tema de las privaciones voluntarias. A modo de resumen, llegamos a la conclusión de que:

·         La privaciones tienen sentido cuando tienen un objetivo altruista o cuando la persona emplea su fuerza de voluntad para resistir a los excesos de todo tipo;
·         El simple hecho de dejar de ingerir determinados alimentos, como la carne o el alcohol, no es un signo de mayor espiritualización. Lo que sí indica si la persona ha alcanzado ya progreso espiritual es la humildad, la compasión, la paciencia y el amor que dedica a su prójimo.
·         A medida que el espíritu alcanza niveles de desapego de la materia más elevados, progresivamente abandona los hábitos más groseros, como por ejemplo, el de la alimentación animal, hasta que su nivel evolutivo le permita prescindir de toda forma de alimentación tal como la conocemos en la Tierra.
·         Es de la Ley de Conservación que cuidemos a nuestros cuerpos alimentándonos de forma sana y suficiente para el mantenimiento de nuestras fuerzas. No se nos exige que aumentemos la pruebas a las que nos enfrentamos en función de nuestro programa encarnatorio. Con resistir con fe y resignación activa a los desafíos de la vida cotidiana, ejercitando la fuerza de voluntad para evitar excesos en todos los campos de la vida, ya hacemos lo suficiente.   

La discusión de ayer me recordó una visita a un centro espírita que André Luiz describe el tercer capítulo del liro “Misioneros de la Luz”. Os transcribo extratos del capítulo, que no tiene desperdicio, y os animo a que leáis este bello libro. Como decíamos ayer en clase, el instructor de André Luiz le advierte que:
  • “La transición, entre la animalidad grosera y la espiritualidad superior es muy lenta y difícil. En ese sentido, entre los hombres, hay siempre, un océano de palabras y algunas gotas de acción.”

  • “Toda edificación del alma requiere disciplina, educación, esfuerzo y perseverancia.”


El instrutor de André Luis le ofreció auxilio magnético y con lo que pudo contemplar sus núcleos glandulares, que emitían pálidas irradiaciones. Principalmente, la epífisis, se asemejaba a una reducida simiente algo luminosa. (…) André estaba asombrado. ¿Qué significaba aquel acervo de pequeños seres obscuros? Parecían imantados unos a otros, en la misma faena de destrucción. ¿Serían expresiones mal conocidas de la sífilis?

Enunciando semejante indagación íntima, Alejandro le explicó:

–No, André. (…) Son bacilos psíquicos de la tortura sexual, producidos por la sed febril de placeres inferiores. Han sido cultivadas por este compañero, no sólo por la incontinencia en el dominio de las emociones propias, a través de sus variadas experiencias sexuales, sino, también, por su contacto con entidades groseras, que tienen afinidad con las predilecciones de él; entidades que lo visitan con frecuencia, en forma de imperceptibles vampiros. El pobrecito aún no puede comprender que el cuerpo físico es apenas una leve sombra del cuerpo espiritual; no se preparó para comprender que la prudencia, en materia de sexo, es equilibrio de la vida y, recibiendo nuestras advertencias sobre la temperancia, cree oír remotas lecciones de aspecto dogmático, exclusivamente acerca del examen de la fe religiosa. Con el pretexto de aceptar el imperio de la razón pura en la esfera de la lógica, admite que el sexo no tiene nada que ver con la espiritualidad, como si ésta no fuese la existencia en sí. Se olvida de que todo es espíritu, manifestación divina y energía eterna. El error de nuestro amigo es el de todos los religiosos, que suponen que el alma está absolutamente separada del cuerpo físico, cuando todas las manifestaciones psicofísicas se derivan de la influencia espiritual.

Observando a otro compañero encarnado del grupo de estudios, el instructor de André Luis le preguntó: “¿No siente un olor característico?

André notó que se observaba la conformación de una atmósfera poco agradable. Su cuerpo se asemejaba a un tonel de configuración caprichosa, de cuyo interior escapaban ciertos vapores muy leves, pero incesantes. Se le notaba la dificultad para sostener el pensamiento en relativa calma. Debería estar ingiriendo bebidas alcohólicas en cantidades regulares. El aparato gastrointestinal parecía totalmente ensopado en aguardiente, pues esa sustancia invadía todas las partes del estómago, y comenzando a hacerse sentir en las paredes del esófago, manifestaba su influencia hasta en el bolo fecal.

(…) El instructor colocó André, enseguida, al lado de una dama simpática y de edad. Después de examinarla con atención, agregó: “Observe a esta hermana.” Debilísima luz emanaba de su organización mental y desde el primer instante, André notó sus deformaciones físicas. El estómago se le dilataba horriblemente y los intestinos parecían sufrir extrañas alteraciones. El hígado, considerablemente aumentado, demostraba indefinible agitación. Desde el duodeno hasta el sigmoides, se le notaban grandes anomalías. Tenía la idea de que estaba presenciando, no el trabajo de un aparato digestivo normal, y sí el de un vasto alambique lleno de pastas de carne y caldos gruesos, oliendo a vinagre y otros ingredientes de condimentación activa. (…)

El instructor de nuestro amigo André Luis observó: “Ante estos cuadros, puede usted considerar la extensión de las necesidades educativas en la esfera de la superficie terrestre. La mente encarnada se engalanó con los valores intelectuales e hizo culto de la razón pura, olvidándose de que la razón humana necesita de la luz divina. El hombre común percibe muy poco y siente menos. Ante la eclosión de nuevos conocimientos, y en vista de la onda regeneradora del Espiritualismo que baña las naciones más cultas de la Tierra, angustiada por largos sufrimientos colectivos, necesitamos poner en acción las mejores posibilidades de colaboración, para que los compañeros terrestres valoricen sus oportunidades benditas de servicio y de redención. (…) La mediumnidad no es exclusiva de los llamados “médiums”. Todas las personas la poseen, pues significa percepción espiritual, que debe ser incentivada en nosotros mismos. Sin embargo, no será suficiente percibir. Es imprescindible santificar esa facultad, convirtiéndola en ministerio activo del bien. La mayoría de los candidatos al desarrollo de esa naturaleza, no se dispone a los servicios preliminares de limpieza del vaso receptivo. Dividen inexorablemente la materia y el espíritu, situándolos en campos opuestos, a pesar de que nosotros, estudiantes de la Verdad, integrados a la certeza de que toda organización universal se basa en vibraciones puras, todavía no hemos conseguido identificar
rigurosamente las fronteras entre una y otra.

Innegablemente, amigo mío, no deseamos transformar el mundo en un cementerio de tristeza y desolación. Atender la santificada misión del sexo en su plano respetable, usar un aperitivo común, hacer buenas comidas, en modo alguno significa desvíos espirituales; no obstante, los excesos representan desperdicios lamentables de fuerza, los cuales retienen al alma en los círculos inferiores.”
“Todos están en servicio de evolución y adiestramiento. Nuestros amigos no son rebeldes o malos, en sentido voluntario. (…) Los tiernos embriones vegetales de hoy, serán los árboles robustos del mañana. Las tribus ignorantes de ayer, constituyen la Humanidad de hoy. Por eso mismo, todas nuestras reuniones son provechosas, y, aunque sus pasos sean vacilantes en la senda, haremos todo lo necesario por defenderlos contra las peligrosas mallas del vampirismo.”

Busquemos potanto ejercitar la voluntad para evitar los excesos de toda naturaleza. Como decíamos ayer, recordar que todo nos es lícito, pero no todo nos conviene es una acto de auto-amor. Que podamos crecer en discernimiento respecto lo que realmente nos conviene y busquemos en el divino amigo, nuestro Maestro Mayor, fuerzas para resistir a todo lo que nos pueda encadenar a niveles que ya no nos corresponden en función de la comprensión de la vida en la espiritualidad que nuestra doctrina y la mediumnidad misionera de Chico Xavier nos han brindado.


Cariños de la hermana menor

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