jueves, 12 de diciembre de 2013

PRIVACIONES VOLUNTARIAS



Hola familia!

el sábado volvemos al estudio de nuestra amada doctrina. Seguimos con el tema de la "Ley de Conservación". Os dejo el texto que trabajaremos en clase.

Cariños de la hermana menor

PRIVACIONES VOLUNTARIAS

La palabra privación tiene el sentido de «despojar, quitar la posesión a alguien de alguna cosa; destituir, prohibir, defraudar. (...)» En fin, privación voluntaria consiste en la renuncia consciente a bienes, favores, gozos, facilidades o derechos a que se tiene acceso o posesión natural y legítima; pero la verdadera privación voluntaria es la que se da en beneficio del prójimo, ya sea para auxiliarlo materialmente o espiritualmente. «(...) Hay un gran mérito cuando los sufrimientos y las privaciones tienen por objeto el bien del prójimo, porque constituyen la caridad que se hace mediante el sacrificio. (...)» No obstante, es comprensible que aún la privación voluntaria tenga un límite «(...) En lo que os atañe personalmente, contentaos con las pruebas que Dios os manda y no aumentéis su volumen, ya de por sí, a veces, tan pesado; aceptarlas sin lamentarse y con fe, he aquí todo lo que Él os exige. No debilitéis vuestro cuerpo con privaciones inútiles y mortificaciones sin objeto, pues necesitáis todas vuestras fuerzas para cumplir la misión de trabajar en la Tierra. Torturar y martirizar voluntariamente vuestro cuerpo es violar la ley de Dios, que os da medios para sustentarlo y fortalecerlo. Debilitarlo sin necesidad es un verdadero suicidio. (...)»
 
Conozca la historia de una persona que renunció a mucho para ayudar al prójimo
Existen privaciones voluntarias que, sin embargo, son meritorias para el progreso individual. Es el caso, por ejemplo, de aquella persona que se priva de los placeres del mundo para auxiliar al prójimo. Por su trabajo, «(...) por el empleo de sus energías, de su inteligencia, de sus talentos» da forma a recursos «para realizar sus generosos propósitos.» Esta privación es meritoria porque en ella hay «privación de gozos innecesarios, porque desprende al hombre de la materia y eleva su alma. Meritorio es resistir a la tentación que arrastra al exceso, al gozo de las cosas inútiles, así como hace el hombre que saca de lo que le es necesario para dar a los que carecen de lo suficiente. Si la privación no es más que un simulacro, entonces es una burla.» De ahí concluimos que: son inútiles las privaciones ascéticas que observamos en algunos religiosos. En relación con eso los Espíritus Superiores nos dicen: «Procurad saber a quién le aprovecha y tendréis la respuesta. Si solamente sirve para quien la practica y le impide hacer el bien, es egoísmo, sea cual fuere el pretexto con que traten de disimularlo. Privarse a sí mismo y trabajar para los otros tal es la verdadera mortificación, según la caridad cristiana.»

Es notorio que muchas personas cuando adquieren un relativo conocimiento espiritual, comienzan a abstenerse de ciertos alimentos, principalmente la carne, porque interpretan que ese es un comportamiento contrario a la ley de la Naturaleza. La pregunta 723 de «El Libro de los Espíritus» trae respuestas a este asunto: «Dada vuestra constitución física, la carne alimenta la carne, de lo contrario el hombre perece. La ley de conservación le prescribe, como un deber, que mantenga sus fuerzas y su salud, para cumplir la ley del trabajo. Tiene, pues, que alimentarse conforme lo reclame su organismo.» Sin embargo, Emmanuel nos advierte: «La ingestión de las vísceras de los animales es un error de enormes consecuencias, del cual derivaron numerosos vicios de la nutrición humana. Es de lamentar semejante situación, incluso porque si el estado de materialidad de la criatura exige la cooperación de determinadas vitaminas, esos valores nutritivos pueden ser encontrados en los productos de origen vegetal, sin la necesidad absoluta de los mataderos y frigoríficos. (...)»


No hay contradicción en la respuesta dada por los Espíritus a Kardec y en la de Emmanuel. Entre Kardec y los días actuales median más de cien años. En la época de la Codificación, tal vez no fuera posible dar otra respuesta más que esa. Hay que considerar, también, el grado de evolución de la Humanidad de hoy y el del siglo pasado. A medida que el hombre va progresando, moral e intelectualmente, pasa a tener horror al sacrificio de los animales, incluso para su alimentación. El descubrimiento de nuevas técnicas de producción, el perfeccionamiento de las existentes, culminan por hacer desaparecer, gradualmente, los mataderos y frigoríficos. Hoy en día, los recursos del suelo, con el perfeccionamiento de la agricultura, son innumerables. En los viajes espaciales, por ejemplo, los astronautas se alimentan de sustancias condensadas en forma de cápsulas, poseedoras de todos los valores nutritivos necesarios para la supervivencia. En la época de Kardec no había una industria farmacéutica, como existe hoy, capaz de producir vitaminas, proteínas y tantas otras sustancias necesarias no sólo para la supervivencia humana y animal, sino también para combatir las enfermedades. Por eso, a medida que progresamos, que nos espiritualizamos, ya no sentimos tanta necesidad de los despojos sangrientos de los animales.

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