domingo, 26 de enero de 2014

Tomando perspectiva

Hola familia,

ayer nos reunimos en CEADS para una vez más realizar el Estudio Sistematizado del Espiritismo. Leímos el texto de estudio que ya había sido compartido en el blog la semana anterior y, guiados por los monitores de la clase, empezamos a debatir el tema de las pruebas de la miseria y de la riqueza. Marcello y Andrea nos invitaron a una reflexión inicial: tal vez, leyendo la reflexión que la doctrina espírita nos propone sobre la riqueza y la pobreza, si no somos ningún Bill Gates ni tampoco moradores de la calle, pensemos que esto no va sobre nosotros. Sin embargo, nos decía Andrea, podemos asumir otra postura: podemos entender que siempre estamos en relación con otras personas en diferentes situaciones y momentos de nuestras vidas. En comparación con personas que disponen de menos recursos económicos que nosotros, podemos ser “ricos” y, en comparación con personas que disponen de más bienes materiales que nosotros, podemos considerarnos "pobres". Tomando esta perspectiva, todos podemos beneficiarnos de las recomendaciones que los espíritus nos traen a través de la doctrina, cualquiera que sea la posición económica que nos corresponda en la presente encarnación.



Nos centramos ayer en la reflexión sobre la riqueza o la pobreza des de la perspectiva de la materia, es decir, la posesión o la carencia de bienes materiales. Otra muy distinta habría sido la discusión si hubiésemos hablado de la riqueza o la pobreza de espíritu, pero ayer nos correspondía comprender porqué hay diferencia de posesiones si todos somos iguales ante Dios.

Con la lectura del texto y el debate que le siguió, pudimos comprender diferentes temas. Os resumo a continuación algunos puntos de este aprendizaje.

Pese a que todos seamos iguales ante Dios, no todos vivimos el mismo momento evolutivo. Cada uno de nosotros, espíritus encarnados o desencarnados, se encuentra en un punto diferente de su caminada hacia la perfección. Si nos encontramos en diferentes momentos de nuestra jornada evolutiva, tenemos la necesidad de vivir diferentes pruebas y, a menudo, la necesidad de expiar errores cometidos en el pasado. Cada uno de nosotros es artífice de su propia trayectoria evolutiva. Así entendemos los espíritas la justicia divina: no transferimos a un ser, tampoco al ser Supremo, la responsabilidad por los infortunios que el uso equivocado del libre albedrío pueda suponer para nuestras vidas. La justicia divina concite en crearnos todos iguales y ofrecernos a todos los seres seres iguales condiciones para alcanzar la perfección a través de las pruebas que experimentamos. La riqueza y la pobreza son dos de las pruebas que el espíritu puede elegir para su propio perfeccionamiento, si ya dispone de cierta lucidez antes de encarnar; o serán situaciones que le serán compulsarais en el caso de que no haya todavía despertado para la realidad de la inmortalidad. Sea cual sea el nivel de lucidez espiritual del que disfrutemos, lo más importante es que aprovechemos todas las experiencias de la vida para crecer, evolucionar y aprender a amarnos a nosotros mismos ya a los demás.


La finalidad de las pruebas de la riqueza y de la pobreza - La riqueza ofrece al ser encarnado situaciones de que excitan el orgullo, la vanidad, la ambición, la codicia y el egoísmo. La pobreza, por otra parte, puede llevar a la rebeldía ante Dios y a la violencia contra los que sí disponen de bienes materiales. Son estas las condiciones de las pruebas ante las cuales el encarando debe probar su valor, esforzándose para conseguir niveles más elevados de conciencia cósmica.

  • El rico tiene la posibilidad de ser más altruista, pensando también en los demás y no únicamente en sí mismo. Debe ser justo, hacer la caridad como le sea posible y ofrecer trabajo a los demás. Si su riqueza se genera bienestar únicamente para él mismo y los suyos, puede prosperar ante los hombres, pero no experimenta la prueba de la riqueza de forma satisfactoria ante el tribunal de la conciencia. Para que pueda evolucionar, su riqueza debe hacer prosperar también a los demás. Cuanta mayor la fortuna de la persona, mayor su responsabilidad ante la ley cósmica que le confió medios de multiplicar los recursos en la esfera terrestre.

  • El pobre ejercita la humildad, que no viene dada por la sencilla falta de recursos materiales. La humildad se demuestra en el abandono ante la justicia divina, la aceptación pro-activa ante las situaciones difíciles de la vida y la fe en una fuente cósmica de Vida. El alma humilde no se desespera y tampoco se rebela; ejercita la creatividad y lleva al límite de sus fuerzas la capacidad de trabajo para tirar adelante. 


Como bien nos decían nuestros monitores al principio de la clase, todos nos podemos beneficiar del aprendizaje de esta tarde, sea la que sea nuestra posición social. Algún día seremos todos perfectos y, llegados a este momento, ya no nos hará falta entender las diferencias materiales entre nosotros… seremos todo esencia y en esencia somos luz y amor. Mientras caminamos hacia la iluminación, vamos abandonando nuestras imperfecciones por el camino, experimentando pruebas y expiando errores.

Que podamos vivir todas las pruebas de la vida como experiencias de aprendizaje y crecimiento espiritual.


Cariños de la hermana menor 

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