domingo, 2 de marzo de 2014

El objetivo existencial

Hola familia,

Cada primer sábado de mes hacemos en CEADS el estudio sistematizado del Evangelio según el Espiritismo y ayer en clase el tema era “el deber”.

Las orientaciones compartidas por el espíritu Lázaro son, además de valiosas, de gran belleza e iluminación. Nos habla este espíritu del deber moral, no de los deberes profesionales. Éstos últimos se refieren a todo lo que tenemos que hacer para subsistir. El tema de la clase, sin embargo, era otro. Nos referíamos al deber moral. El deber moral, aquel que, cuando cumplido, nos acerca a nuestro objetivo existencial: evolucionar siempre, siendo cada día un poco más tolerantes hacia los demás, más fraternos, más compasivos y solidarios. Cuando no cumplimos nuestro deber moral, caemos en comportamientos egoístas, permitimos que sea el orgullo el que dicte nuestra conducta. Si sucede esto nos alejamos de la ruta que nos conduce a la perfección.

Algunas ideas sobre el deber…

  • En mundos más evolucionamos, lo que nosotros entendemos como un “deber moral” ya está tan asumido en la forma de vida de los espíritus que ya deja de ser un deber. Incluso es posible en en nuestro propio nivel evolutivo lo podamos comprobar con frecuencia: algo que para uno es un deber moral, como amparar a sus progenitores, demostrándoles gratitud y tratándoles con paciencia y amor, para algunos será algo tan incorporado a su forma de vida que no le supondrá ningún esfuerzo; para otros, sin embargo, puede llegar a ser una tarea tan difícil que no pocos son incapaces de realizarla con éxito.

  • Si alguien nos pregunta, ¿Cuál es la sensación del deber cumplido? Pues la respuesta es casi obvia: satisfacción, felicidad, orgullo. Pero, ¿no hemos dicho que sencillamente era nuestro deber? ¿Qué mérito hay en hacer lo que es debido? La satisfacción que experimentamos naturalmente cuando somos capaces de hacer lo que hemos sido creados para hacer, que es respetar y amar al prójimo como a uno mismo, no deja de ser todavía un indicador de nuestra inferioridad. Si bien es verdad que dicha satisfacción nos impulsa a seguir progresando, ambicionando nuevas y más complejas conquistas de patrimonio moral, no deja de ser un síntoma de que, si la psique todavía necesita el reconocimiento por hacer lo que le corresponde, es que falta mucho todavía por estar armonizado con las leyes cósmicas.

  • Podríamos imaginar hipotéticamente que un espíritu que esté plenamente armonizado con la fuente cósmica de amor y vida ya no tuviera ningún deber moral que cumplir, puesto que habría alcanzado la perfección. El espíritu Lázaro, sin embargo, nos dice en el Evangelio según el Espiritismo que “la obligación moral no cesa nunca en la criatura de Dios”. No deja de ser bello pensar que, por muy elevado que sea un espíritu, siempre le faltará algo para igualarse al Creador. La criatura siempre puede seguir perfeccionándose y alcanzar niveles más elevados de conciencia en los pequeños y en los grandes gestos de su vida.

  • Como un bolígrafo que es creado para escribir, los espíritus son creados sencillos e ignorantes para que alcancen la perfección. Nuestro deber moral es alcanzar la perfección relativa, esta que permite que estemos tan armonizados como posible con la Inteligencia Cósmica Universal. Dicha armonía se evidencia en un amor pleno e incondicional por toda la obra divina: amigos, enemigos, familiares, mentores, obsesores, animales, plantas, piedras, aire, ríos, mares, estrellas, planetas… 

  • Cumplir nuestro deber moral no es fácil porque el ego se resiste. Es demasiado fácil ceder ante las seducciones de la materia, la sensualidad o la inferioridad de los sentimientos. Lo difícil es mantener la perseverancia, la disciplina y la fe necesarias para cumplir un deber moral.

  • Tener fe nos ayuda a cumplir nuestro deber moral porque este sentimiento nos da la noción de la trascedencia de nuestros actos y de nuestra existencia. El hombre que tiene fe da más valor a las conquistas espirituales que a las materiales. Por esta razón, los juegos de la sensualidad, del orgullo y de la vanidad no le seducen como al materialista, mientras que las dificultades de la vida son enfrentadas sin desesperación, como algo que permite progresar incesantemente. La oración es un poderoso auxilio en el cumplimento del deber moral: el que sienta que se le desfallecen las fuerzas, que eleve el pensamiento a lo que considere más sagrado y lance, a través del fluido cósmico universal, su pedido de socorro. Una oración impregnada de humildad jamás cae en el vacío.

  • Hay una forma interesante de pensar en la palabra DEBER: una forma casi matemática. El deber se puede entender como estar en deuda, como algo que nos falta. A todos nos falta mucho por evolucionar en nivel moral y esto nos lo debemos a nosotros mismos.


Una vez más hemos tenido un rico intercambio que permite traer a la conciencia temas y consideraciones que individualmente tal vez no seríamos capaces de elaborar. Humildemente pidamos a la fuente cósmica de amor y vida que nos enseñe a toda la familia CEADS a cumplir con nuestro deber moral, educando nuestros corazones para que la tolerancia, la paciencia, la humildad, la fraternidad y la solidaridad sean siempre presentes en todas y cada una de nuestras reuniones.


Cariños de la hermana menor

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