domingo, 6 de julio de 2014

Cuidar el cuerpo y el Espíritu

Hola familia,
el monitor de la clase de estudios del Evangelio según el Espiritismo nos envía el texto de estudios de la clase de ayer. ¡Gracias Andrea! Buena lectura a todos. Que nos inspire ideas para vivir en armonía y ánimos para transformar nuestras vidas en experiencias plenas de amor intenso, alegría abundante y salud integral. 
Cariños de la hemana menor

Cuidar el cuerpo y el Espíritu
11. ¿Acaso la perfección moral consiste en la maceración del cuerpo? Para resolver esa cuestión me apoyaré en principios elementales, y comenzaré por demostrar la necesidad de cuidar el cuerpo, que, según las alternativas de salud y de enfermedad, influye de manera decisiva en el alma, que debe ser considerada como cautiva en la carne. Para que esa prisionera viva, se recree y llegue incluso a concebir la ilusión de la libertad, el cuerpo debe estar sano, bien dispuesto, fuerte. Sigamos con la comparación. Supongamos, pues, que ambos se hallan en perfecto estado. ¿Qué deben hacer para mantener el equilibrio entre sus aptitudes y sus necesidades, tan diferentes? La lucha parece inevitable entre los dos y es difícil develar el secreto sobre cómo hacer que encuentren el equilibrio.

Dos sistemas se confrontan aquí: el de los ascetas, que quieren aniquilar el cuerpo, y el de los materialistas, que quieren rebajar el alma. Se trata de dos violencias casi tan insensatas la una como la otra. Al lado de esas dos grandes divisiones pulula la numerosa tribu de los indiferentes, que, sin convicción ni pasión, aman con tibieza y gozan con economía. Así pues, ¿dónde está la sabiduría? ¿Dónde está la ciencia de vivir? En ninguna parte. Y ese gran dilema quedaría sin solución, si no fuera porque el espiritismo viene en auxilio de los investigadores para demostrarles las relaciones que existen entre el cuerpo y el alma, y para decirles que, puesto que son necesarios tanto el uno como la otra, es preciso cuidarlos a los dos. Por consiguiente, amad vuestra alma, pero cuidad también el cuerpo, instrumento del alma. Ignorar las necesidades que la propia naturaleza indica, es ignorar la ley de Dios. No castiguéis al cuerpo por las faltas que vuestro libre albedrío lo indujo a cometer, y de las cuales es tan responsable como el caballo mal dirigido lo es por los accidentes que causa. ¿Acaso seréis más perfectos si martirizáis vuestro cuerpo pero no sois menos egoístas, menos orgullosos y más caritativos para con vuestro prójimo? No, la perfección no consiste en eso, sino en las reformas que hagáis experimentar a vuestro Espíritu. Doblegadlo, sometedlo, humilladlo, mortificadlo: ese es el modo de haceros dóciles a la voluntad de Dios, y el único que conduce a la perfección. (Georges, Espíritu protector. París, 1863.)
Cuestiones para reflexionar
1 ¿Le es válido al hombre maltratar el propio cuerpo para buscar la purificación de su alma?
No, al contrario. Siendo el cuerpo el instrumento del alma, para que esta practique el bien y evolucione, es necesario que aquél esté en la mejor forma posible.
2 ¿El cuerpo ejerce así, alguna influencia en el desempeño de la actividad del espíritu que lo anima?
Sí, y mucho. De ahí, concluimos que todo lo que hagamos para comprometer la salud física será prejudicial para el alma, que tendrá un instrumento defectuoso para ejecutar su tarea.
3 ¿Cómo debemos cuidar del cuerpo y del espíritu, para establecer el equilibrio entre ambos?
Del cuerpo, cuidamos según las normas de salud e higiene de que disponemos y que nos es dado conocer; del espíritu, según los postulados del Evangelio, que nos establece la medida de nuestro comportamiento ante la vida.

4 ¿Cómo explicar el comportamiento que tiene por base el aniquilamiento del cuerpo, incluso con el pretexto de la purificación?
Refleja un desconocimiento del verdadero sentido de las leyes divinas y de la real finalidad del envoltorio físico, así como de su importancia para el progreso del espíritu. “Para que esa prisionera viva se expanda y llegue incluso a concebir las ilusiones de libertad, el cuerpo tiene que estar sano, dispuesto, fuerte. De la misma forma que el cuerpo influye sobre el alma, ésta influye sobre el cuerpo. Enfermedad del cuerpo puede acarrear enfermedad del alma, y viceversa. “Desatender las necesidades que la propia Naturaleza indica, es desatender la ley de Dios”. “Para que en él el espíritu habite y a través de él se manifieste, trillones de vidas microscópicas se armonizan en perfecto intercambio, generando equilibrio y atendiendo a determinaciones de la propia estructuración.” (Juana de Ángelis – libro: Candelero Espírita)
5 ¿Cómo contribuye el espíritu en esta cuestión?
Demostrando, a través de sus enseñanzas, las relaciones que existen entre el cuerpo y el alma, y el papel que cada uno ejerce, con el objetivo de la evolución del hombre.
6 ¿Infringe la ley de Dios quien no cuida del cuerpo, alegando ser este de secundaria importancia?
Claro, pues nuestro cuerpo pertenece a Dios, que nos lo presta para, a través de la encarnación, cumplir misiones evolutivas en el plano físico.
7 ¿Cómo buscar, por fin, la perfección?

A través de las reformas por las que hicimos pasar a nuestro espíritu, imponiéndole, esto sí, (y no al cuerpo), duras pruebas, en el sentido de dominar el orgullo y todas las llagas que aún le son características. Los conocimientos revelados por el Espiritismo, unidos a la ciencia, proporcionan una mejor comprensión de esas relaciones. Nuestro cuerpo es un ingenio divino que la vida nos presta como instrumento indispensable para nuestra permanencia en la Tierra. “Ese es el medio de tornarlo dócil a la voluntad de Dios y el único de alcanzar la perfección.”

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