martes, 23 de septiembre de 2014

Turbación espíritu al en el momento de la desencarnación

Hola compañeros de ESDE,

en el próximo sábado hablaremos de un tema que tiene que ver con la clase anterior: la turbación por la cuál el Espíritu pasa después de la muerte. La analizaremos un poco más en profundidad y, si nos da tiempo, analizaremos unos casos prácticos estudiados por Kardec.

Marello & Rafa

Turbación espíritu al en el momento de la desencarnación 

Sabemos que (...) el Espíritu no es una abstracción, sino un ser definido, limitado y circunscripto. El Espíritu encarnado en el cuerpo constituye el alma. Cuando lo deja en el momento de la muerte, no lo abandona sin ninguna envoltura. Todos (los Espíritus) nos dicen que conservan la forma humana y, efectivamente, cuando se nos aparecen lo hacen con las formas que les conocíamos. Observémoslos atentamente en el instante en que acaban de dejar la vida: se encuentran en estado de turbación; todo en su entorno se presenta confuso; ven perfecto o mutilado el cuerpo que tuvieron según la clase de muerte que sufrieran; por otro lado, se reconocen a sí mismos y se sienten vivos. Algo les dice que ese cuerpo les pertenece y no comprenden cómo pueden estar separados de él. Siguen viéndose con la forma que tenían antes de morir, y en algunos casos esta percepción les produce durante cierto tiempo una singular ilusión: la de creerse aún vivos. Les falta la experiencia del nuevo estado en que se encuentran para convencerse de esa realidad.7 De esta forma, la conciencia de la propia muerte o de la reciente desencarnación aún no es nítida en la mayoría de los Espíritus. En primer lugar, el (...) desprendimiento se produce gradualmente y con variada lentitud, según los individuos y las circunstancias de la muerte. Los vínculos que unen el alma al cuerpo se van quebrando poco a poco y con tanta más lentitud cuanto más material y sensual haya sido la vida.8 En segundo lugar, al desconocer la realidad del más allá de la sepultura, el primer instante después de la muerte, es generalmente confuso. La persona necesita (...) de cierto tiempo para recobrar el conocimiento de sí misma. Está confundida como un hombre que despierta de un profundo sueño y que procura comprender su situación. La lucidez de las ideas y la memoria del pasado regresan a medida que se va extinguiendo la influencia de la materia que acaba de abandonar y que se disipa la especie de niebla que oscurece sus pensamientos. El tiempo que dura la turbación que se produce como consecuencia de la muerte es muy variable. Puede ser de algunas horas solamente, así como de muchos días, meses o aún, de muchos años. Entre tanto, es más breve para aquellos que cuando estuvieron vivos (encarnados) se identificaron con su estado futuro, porque comprenden inmediatamente su situación, pero es tanto más prolongada cuanto más materialmente haya vivido el individuo.9 



Niveles de turbación espiritual producida como consecuencia de la desencarnación 

La turbación que se produce como consecuencia de la separación del alma del cuerpo a través del fenómeno de la muerte, varía en cada individuo en grado y tiempo de duración. Todo (...) depende de la elevación de cada uno. Aquel que ya esté purificado, se reconoce casi inmediatamente, porque se liberó de la materia antes de que cesara la vida del cuerpo, mientras que el hombre carnal, aquel cuya conciencia aún no está depurada, conserva mucho más tiempo la impresión de la materia.4 Para aquel cuya conciencia no es pura y amó más la vida corporal que la espiritual, ese momento está colmado de ansiedad y de angustia, que van aumentando a medida que se reconoce, porque entonces tiene miedo y hasta cierto terror ante lo que ve, y sobre todo, por lo que entrevé. La sensación, a la que podemos llamar física, es la de un gran alivio y de inmenso bienestar; es como si quedara libre de un fardo, y el Espíritu se siente feliz por no tener que soportar más los dolores corporales que lo atormentaban algunos instantes antes. Se siente libre, expedito, como aquel a quien le quitan las cadenas que lo aprisionaban. Además, en su nueva situación, el alma ve y oye otras cosas que escapan a lo grosero de los órganos materiales. Tiene entonces sensaciones y percepciones que nos son desconocidas.11

La turbación espiritual en los Espíritus moralmente atrasados. 

Un fenómeno muy frecuente entre los Espíritus de cierta inferioridad moral es el de considerarse aún vivos. Esta ilusión puede prolongarse muchos años durante los cuales sentirán todas las necesidades, los tormentos y las confusiones de la vida.1 Para el criminal, la presencia incesante de sus víctimas y de las circunstancias del crimen es un cruel suplicio.2 

Turbación ocasionada por muerte violenta. 

En los casos de muerte violenta ocasionada por suicidio, suplicios, accidente, apoplejía, heridas, etc. el Espíritu queda sorprendido, asombrado, y no cree que esté muerto. Obstinadamente sostiene que no lo está. Entre tanto, ve su propio cuerpo, reconoce que ese cuerpo es el suyo, pero no comprende que esté separado de él. Se acerca a las personas que estima, les habla, y no comprende por qué no lo oyen. Esta ilusión se prolonga hasta que se produce el completo desprendimiento del periespíritu. Sólo entonces el Espíritu se reconoce como tal y comprende que ya no pertenece a la categoría de los vivos. Este fenómeno se explica fácilmente. Sorprendido de improviso por la muerte, el Espíritu queda confuso por el brusco cambio que se produjo en él; aún considera a la muerte como sinónimo de destrucción, de aniquilamiento. Pero, como piensa, ve y oye, tiene la sensación de no estar muerto. Esta ilusión aumenta más ante el hecho de verse con un cuerpo de forma semejante al precedente, cuya naturaleza etérea aún no tuvo tiempo de estudiar. Lo considera sólido y compacto como el primero, y cuando se le llama la atención hacia ese punto, se asombra por no poder palparlo. (...) Como piensan libremente y ven, consideran que es natural no dormir. Algunos Espíritus revelan esa particularidad aunque la muerte no haya llegado a ellos en forma imprevisible. Con todo, siempre es más generalizada entre aquellos que, aún enfermos, no pensaban morir. Se observa entonces el singular hecho de que un Espíritu asista a su propio entierro como si fuera el de un extraño, y que hable de ese hecho como de algo que no le atañe, hasta el momento en que comprende la verdad.5 


Turbación de los suicidas 

En el caso de los suicidas, la turbación es siempre penosa, independientemente de la clase de suicidio. La observación muestra realmente, que los efectos del suicidio no son idénticos. Pero hay algunos efectos comunes a todos los casos de muerte violenta que son consecuencia de la brusca interrupción de la vida. En este aspecto encontramos primero, una persistencia más prolongada y tenaz del lazo que une el Espíritu al cuerpo, porque ese lazo está casi siempre en la plenitud de sus fuerzas en el momento en que es separado, mientras que en el caso de muerte natural, éste se debilita gradualmente, y muchas veces se deshace antes de que la vida orgánica se haya extinguido por completo. Las consecuencias de ese estado de cosas son la prolongación de la turbación espiritual; a esto le sigue la ilusión durante la cual, en un lapso de tiempo más o menos extenso, el Espíritu se mantiene con la idea de que aún pertenece a la categoría de los vivos. La afinidad que se mantiene entre el Espíritu y el cuerpo produce en algunos suicidas una especie de repercusión del estado del cuerpo en el Espíritu; de ese modo, y muy a su pesar, siente los efectos de la descomposición física, que le produce una sensación de angustia y de horror. Esa situación también puede durar el tiempo que debía durar la vida que fue interrumpida, pero este efecto no es general (...) En algunos se produce una especie de ligazón a la materia de la que inútilmente tratan de desligarse con el fin de volar hacia mundos mejores, cuyo acceso les está vedado. La mayoría de ellos sufre el pesar de haber hecho algo inútil porque sólo encuentran decepciones.6 

Turbación en caso de muerte colectiva 

En los casos de muerte colectiva se ha observado que todos los que perecen al mismo tiempo no siempre vuelven a verse enseguida. Víctimas de la turbación que produce la muerte, cada uno va por su lado o sólo se preocupa de aquellos por los cuales se interesan 5.
Al referirse a la necesidad de que nos identifiquemos con la vida espiritual – y de priorizarla a la vida terrena – con el fin de tener un despertar más tranquilo, - Allan Kardec se expresa así: Para que cada uno bregue por su purificación, combata las malas tendencias y domine las pasiones, es necesario que abdique de las ventajas inmediatas en pro del futuro, ya que, para identificarse con la vida espiritual y encaminar hacia ella todas las aspiraciones prefiriéndola a la vida terrena, no basta con creer, sino que también es necesario comprender. Debemos considerar esa vida desde un punto de vista que satisfaga al mismo tiempo a la razón, a la lógica, al buen sentido y al concepto en que tengamos la grandeza, la bondad y la justicia de Dios. Tomado desde este punto de vista, el Espiritismo es, de todas las doctrinas filosóficas que conocemos, la que ejerce una influencia más poderosa por la fe inquebrantable que proporciona. El espírita serio no se limita a creer, porque comprende, y comprende, porque razona. La vida futura es para él una realidad que se desarrolla incesantemente ante sus ojos, una realidad que palpa y ve, por así decir, a cada paso, de modo que la duda no puede llamar su atención ni albergarse en su alma. La vida corporal, tan limitada, se ve disminuida ante la espiritual, que es la verdadera vida. ¿Qué le importan los incidentes de la jornada si comprende la causa y la utilidad de las vicisitudes humanas cuando se las soporta con resignación? Su alma se eleva en sus relaciones con el mundo visible; los lazos fluídicos que lo vinculan a la materia se debilitan y se va produciendo anticipadamente un desprendimiento parcial que le facilita el tránsito a la otra vida. La turbación que se produce como consecuencia de la transición perdura poco tiempo, porque, al haber franqueado el límite, se reconoce enseguida sin que esto le cause sorpresa, y comprende su nueva situación.3


1 KARDEC, Allan. El cielo y el infierno. Primera parte. Capítulo VII: Código penal de la vida futura. Párrafo 23.
2 ______. Párrafo 24.
3 ______. Segunda parte. Capítulo I: La transición. Ítem 14.
4 ______. El libro de los espíritus. Pregunta 164.
5 ______. Pregunta 165. Comentario.
6 ______. Pregunta 957. Comentario.
7 ______. El libro de los médiums. Segunda parte. Capítulo I. Ítem 53.
8 ______. Qué es el espiritismo. Capítulo III: Solución de algunos problemas a través de la doctrina espírita. Ítem 144. El hombre después de la muerte.
9 ______. Ítem 145. El hombre después de la muerte.

FEDERACIÓN ESPÍRITA

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