miércoles, 8 de octubre de 2014

Entender la muerte para crecer

Entender la muerte para crecer
(Kédima Furquim)


La muerte no es el fin: es apenas el principio de una nueva vida,  es la vuelta a nuestra verdadera patria que es la espiritual.
Los niños que participan de la educación espírita. Desde pequeño, saben, comprenden y gestionan de otra forma  la pérdida de un ser querido. Cuando digo pérdida, hablo de la separación temporaria, ya que ellos lo entienden así.

Estos niños no sienten rabia hacia Dios por haberse llevado a la persona que tanto amaban. Saben que se ha acabado una etapa de la vida y que a partir de ahora viven en el mundo espiritual.

Pero claro: esto no se entiende, de esta manera, de la noche a la mañana. Los niños tienen que ser educados a pensar así y, para ello, es necesario frecuentar una casa espírita. Necesario, evidentemente, es tener un hogar  equilibrado. Por eso, una vez más  os digo, que tenemos que tener la conciencia de la importancia, del buen ejemplo, de la oración, y del evangelio en familia.

Foto: Marcelo Nogare


No podemos exigir de nuestros hijos una postura que nosotros mismos no la tenemos. 
Hablar de la muerte puede ser más sencillo de lo que pensamos, es como explicar un cuento, pero vivenciándolo.

 “La muerte es como un árbol muy grande lleno de manzanas, una vez que te comes la manzana y dejas caer la pepita, una nueva manzana nace, y esa manzana somos nosotros cuando reencarnamos”

Hablar la verdad y con claridad es la mejor manera de hacer que un niño entienda la partida. Todos regresaremos a nuestra verdadera casa, y todos nos reencontraremos  en alguna oportunidad en el plano espiritual. Es bueno que entienda, que la muerte no es una despedida, y sí  un hasta luego.

¿Pero cómo afrontar la muerte dentro de nuestra propia casa?
Con mucho amor y paciencia, llevando la palabra de Jesús para tranquilizar a nuestro corazón, orando y pidiendo protección para cada uno de nosotros.
Explicando a nuestros niños que Dios es bondadoso, misericordioso y que todo lo que hace es pensando en cada uno de nosotros. No hay injusticia, todos tenemos un tiempo en la tierra para rescatar nuestros errores del pasado, de ahí la importancia de ir rectificando nuestras imperfecciones  cada día.

!Padres¡ lo más importante es enseñarles a amar incondicionalmente, dándoles las herramientas necesarias para que esta encarnación sea lo más fructífera  posible. Hablen con amor, con cariño  y transmitan que la muerte es apenas una etapa temporaria, que quien ha partido sigue vivo en el más allá, y que siempre que quieran hablar con él, pueden elevar el pensamiento en oración y transmitirles todo el amor que hay dentro de su corazón; que si tienen ganas de llorar un día que lo hagan,  pues el llanto alivia al alma. 

El amor existe más allá de lo que podemos tocar, más allá de lo que podemos imaginar, el amor es lo que debemos sentir.







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