domingo, 1 de marzo de 2015

Libertad de elección

Hola familia,

ayer en CEADS nos dedicamos al Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita. El tema de la clase fue “la elección de las pruebas”.

En la pregunta 258 de El Libro de los Espíritus, Kardec quiere saber si antes de reencarnarse, el Espíritu tiene conciencia de lo que le sucederá durante la vida. La respuesta de los espíritus es reveladora:
– El mismo elige el género de pruebas que quiere soportar y en esto consiste su libre albedrío.
Los espíritius que ya se encuentran en condiciones de realizar tales elecciones son los que han alcanzado la lucidez moral e intelectual que les permite planificar sus encarnaciones, cosa que no sucede a todos. Muchos, todavía ignorantes de su propia naturaleza inmortal, sometidos como estamos todos a la ley de causa y efecto, son arrastrados por la ley de evolución hacia el encuentro de las pruebas que les son necesarias en función de cómo han vivido en experiencias encarnatorias anteriores. Otros, sin embargo, de conciencia ya despierta para la realidad espiritual, son capaces de escoger, como les dicen los espíriuts a Kardec, el género de pruebas que deberán experimentar en una próxima encarnación.


¿Qué nos puede decir esto? En primer lugar, hay que hacer un examen de consciencia. ¿Me puedo considerar una persona que ha despertado para valores espirituales superiores? No es necesario que vivamos santamente ni nada por el estilo, basta con interrogar la consciencia para saber si sabemos, aún que únicamente en nivel intelectual, que debemos hacer con los demás lo que esperamos que nos hagan a nosotros; si tenemos esperanza de que sobreviviremos a la muerte física manteniendo nuestra individualidad; si pensamos que todo cuanto uno hace tiene un efecto sobre su vida futura. Si las respuestas son “Sí”, incluso si todavía no somos capaces de pensar, sentir, hablar y vivir al 100% como nos convoca la doctrina espírita, es POSIBLE que hayamos escogido las pruebas que estamos experimentando en la presente encarnación.

Habría que añadir un nuevo matiz. Muchas de las pruebas a las que nos enfrentamos son consecuencia del mal uso del libre albedrío en la presente encarnación. Si llegamos a preguntarnos, “¿Qué habré hecho para tener que vivir esta situación?”, y la respuesta se encuentra en un pasado reciente, uno solamente debe comprender que la ley de causa y efecto es inexorable. Muchas veces nos creamos problemas a nosotros mismos o los hacemos mayores de lo que ya son con la forma como respondemos a las situaciones, con actitudes de la agresividad o de la pasividad. Sin embargo, hay situaciones dolorosas que nos corresponden vivir y que no parecen tener una causa en la vida presente. Si nos suceden a nosotros y sabemos que la ley es perfecta en su ejecución, será que es justo. Si es justo que nos suceda, y su causa no se encuentra en la presente encarnación, la encontraremos en una experiencia encarnatoria pasada. En estos casos, si hay nos sentimos despiertos para valores espirituales de orden superior, es posible que hayamos sido nosotros mismos los que hemos elegido el género de pruebas a experimentar en la presente encarnación. Más vale no revelarse, comprender que esta experiencia tiene una función pedagógica en nuestra trayectoria evolutiva y aprender la lección, para no tener que repetir curso...


Tal vez alguien se pregunte, en función del dolor que le pesa en el alma, qué le podría haber hecho escoger tal género de pruebas… Para reflexionar sobre esta cuestión, prefiero callar y dejar que hable el codificador. Sea su palabra lúcida y ponderada, instructiva, consoladora y firme a la vez, la voz que nos de ánimo para vivir y superar todas las pruebas a las que nos hayamos apuntado en la espiritualidad antes de la presente encarnación.
El hombre en la Tierra y bajo la influencia de las ideas carnales, no ve en sus pruebas sino el aspecto penoso; es por eso que le parece natural elegir las que desde su punto de vista pueden coexistir con los placeres materiales. Pero, en la vida espiritual, compara esos placeres fugitivos y groseros con la felicidad inalterable que entrevé, y entonces ¿qué le importan algunos sufrimientos pasajeros? El Espíritu puede, pues, elegir las pruebas más rudas, y por lo tanto, la existencia más penosa con la esperanza de alcanzar más pronto un mejor estado, como el enfermo escoge con frecuencia, el remedio más desagradable para curarse con mayor rapidez. El que desea unir su nombre al descubrimiento de un país desconocido, no escoge un camino sembrado de flores; sabe los peligros que corre; pero también la gloria que le espera, si tiene buen éxito.  
La doctrina de la libertad en la elección de nuestras existencias y de las pruebas que hemos de soportar deja de parecer extraordinaria si se considera que los Espíritus desprendidos de la materia aprecian las cosas de muy distinto modo que nosotros. Vislumbran el fin, fin mucho más grave para ellos que los placeres fugitivos del mundo. Después de cada existencia, evalúan el paso que dieron y comprenden lo que les falta purificarse aún para alcanzar tal finalidad. He ahí porque se someten voluntariamente a todas las vicisitudes de la vida corporal, pidiendo, ellos mismos, las pruebas que le permitan llegar más pronto. No hay, elección de una existencia más suave. Esta vida exenta de amarguras, no puede gozarla en su estado de imperfección; la entrevé y para conseguirla procura mejorarse.
¿Acaso no se ofrecen todos los días a nuestros ojos ejemplos de semejantes elecciones? ¿Qué hace el hombre que trabaja una parte de su vida, sin tregua ni descanso, para reunir haberes que le garanticen su bienestar, sino imponerse una tarea con la mira de buscar un mejor futuro? El militar que sufre por una misión peligrosa, el viajero que desafía peligros no menores, en interés de la Ciencia o de su fortuna, ¿no se someten a pruebas voluntarias que deben proporcionarles honra y provecho, si logran el éxito? ¿A qué no se somete y expone el hombre por interés o gloria? Todos los certámenes, ¿no son acaso pruebas voluntarias a las que se somete el hombre con tal de ascender en la carrera que eligió? No se llega a una posición social trascendental en las artes, o en la industria sin haber pasado por una serie de posiciones inferiores que son otras tantas pruebas. La vida humana es una copia de la vida espiritual, donde encontramos, aunque en pequeño, las mismas peripecias que en esta. Luego, si en esta vida elegimos las pruebas más duras para lograr un objetivo más elevado, ¿por qué el Espíritu, que ve más lejos que el cuerpo y para el cual la vida del cuerpo no es más que un incidente fugitivo, no escogería una existencia penosa y laboriosa, si debe conducirle a una felicidad eterna? Los que dicen que si los hombres eligen la existencia pedirán ser príncipes o millonarios, son como los miopes que solo ven lo que tocan, o como niños glotones que, al ser preguntados acerca de la profesión que más les gusta, responden: pastelero o confitero. 
Así le ocurre al viajero que se encuentra en medio de un valle obscurecido por la bruma, no ve ni la anchura, ni los extremos del camino, pero llega a la cumbre del monte, descubre lo que ha recorrido y lo que le falta por recorrer, distingue el fin y los obstáculos que todavía le restan por vencer, y puede entonces planear con mayor seguridad los medios de llegar al final. El Espíritu encarnado está como el viajero que se encuentra al pie de la montaña: pero desprendido de los lazos físicos, domina el escenario como el que está en la cima de la montaña. Para el viajero, el objetivo es el descanso después de la fatiga, pero, para el Espíritu, es la felicidad suprema después de las tribulaciones y las pruebas. Todos los Espíritus dicen que en estado errante, buscan, estudian y observan para hacer su elección. ¿No tenemos un ejemplo de este hecho en la vida corporal? ¿No buscamos con frecuencia durante años, la carrera que libremente elegimos, porque la creemos la más apropiada para los objetivos de nuestro camino? Si fracasamos en una, buscamos otra. Cada carrera que abrazamos es una fase, un período de la vida. ¿No empleamos el día en planear lo que haremos al día siguiente? Pues bien, ¿qué son las diferentes existencias para el Espíritu, sino fases, períodos y días de su vida espírita, que, como ya sabemos, es la normal, puesto que la vida corporal no es más que transitoria y pasajera?

Cariños de la hermana menor

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