miércoles, 4 de marzo de 2015

Pensamiento, base de la vida

Hola familia,

el día 19 de febrero tuvimos en CEADS nueva oportunidad de disfrutar de una charla de nuestro amigo Andrei Moreira. La palabra esclarecedora del conferenciante deja siempre un dulce recuerdo. La charla de Andrei se titulaba "La acción del pensamiento en la salud y en la enfermedad" y, como de costumbre, inspiró a todos cuantos hemos tenido la oportunidad de escucharle.

Para introducir el tema de la charla, Andrei nos invitó a pensar en un símil propuesto por Emmanuel: así como la araña vive en el centro de la telaraña que ella misma ha creado, también el hombre habita la red de sus propios pensamientos. La imagen es reveladora. Somos creadores de la psicosfera en la que vivimos. Creamos con cada pensamiento y emoción experimentada, situaciones de armonía o desarmonía a nuestro alrededor. La responsabilidad, por tanto, nos explicó Andrei, por todo cuanto nos sucede, es nuestra.

Es común que alimentemos la fantasía del rol de víctimas. Cuando suceden situaciones dolorosas, como enfermedades, dificultades emocionales o económicas, todo cuanto no deseamos en fin, es posible que identifiquemos responsables exteriores por lo que vivimos. Decimos que la culpa es del gobierno; que alguien nos ha decepcionado, traicionado o herido; a veces nos revelamos contra Dios y cuestionamos su gestión de la vida. Sin embargo, la consciencia lúcida debe comprender que no somos resultado de lo que nos llega, si no del uso que hacemos el libre albedrío.


El sentimiento de víctima es siempre una interpretación equivocada. Incluso cuando existe un “claro” verdugo, alguien que nos hace daño deliberadamente, a la luz de la reencarnación comprendemos que víctimas y verdugos que alternamos en un juego de poder. Es necesario interrumpir el ciclo de sufrimiento, que produce psicosferas tan infectadas y enfermizas, a través del perdón. Éste sólo es posible cuando abandonamos los roles de víctima y verdugo para ver al otro como compañero de infortunio. Hay que aprender a contemplar al otro des de lo más profundo de nuestra humanidad, ver su propia humanidad y sencillamente decir “Lo lamento”. Andrei nos enseñó algo muy útil. Nos dijo que perdonar no implica permanecer junto a la persona que nos hace daño. Muchas veces es necesario separarse y otras sencillamente es el momento: si ya hemos aprendido de ésta relación lo que necesitábamos, des de la consciencia profunda y presente, podemos decir, “Hasta aquí caminé contigo; ahora sigo sólo” . Siempre es posible hacerlo des del perdón de las ofensas. Muchas veces nos sentimos tan heridos que no nos vemos capaces de “amar al enemigo”, como nos propuso el Maestro, pero en estos casos, nos recomienda Andrei, podemos orar al Maestro pidiéndole que le ame por nosotros. “Señor, yo no soy capaz de amar a esta persona; ámale tu en mi lugar, tu que eres capaz de amarnos a todos”.

¿Pero qué decir sobre las enfermedades? En realidad, la lógica es la misma. Mientras escuchaba a Andrei incluso llegué a pensar que algunas relaciones  sentimentales son como verdaderas enfermedades. Porque de hecho, lo que está mal sano es la forma de vivir la situación, sea una dolencia, sea una relación de pareja o una relación familiar. Cuando uno está gravemente enfermo puede pensar que es la víctima, que el cancer, por poner un ejemplo, es el verdugo. Uno puede incluso llegar a pensar que Dios es el verdugo. En realidad, la ley de causa y efecto nos aclara que todas las situaciones de nuestra vida han sido atraídas a ella por nosotros mismos: por los pensamientos y emociones que proyectamos en el fluido cósmico universal a cada momento. Si somos capaces de mirar a la enfermedad como una compañera, una maestra, tal vez encontremos el camino para aprender de ella lo que nos ha venido a enseñar. Y si conseguimos transformar nuestras emociones y pensamientos con base a este aprendizaje, podría incluso ser que, des de la conciencia profunda y presente, pudiéramos decir también a la enfermedad: “Hasta aquí caminé contigo; ahora sigo sólo”. La verdadera cura viene de una auténtica transformación de patrones de pensamiento y emociones. 


El pensamiento es la base de la vida. Actúa hacia fuera, produciendo sintonía, y hacia dentro, en nivel sub-atómico, produciendo salud o enfermedad. Las formas mentales no son como “nubes” alrededor nuestro. Tampoco son una manera de decir, una metáfora o una alegoría. Nuestros pensamientos producen formas mentales tan tangibles como intensa sea la emoción que las alimenta. Estas formas mentales están ligadas a nosotros en nivel energético. Así, vemos como la vida se crea en la naturaleza de las asociaciones elaboradas en nuestras mentes. Donde hay pensamiento hay corrientes mentales. Donde hay corrientes mentales hay asociaciones. Toda asociación es influencia y reciprocidad. Nuestros pensamientos transforman el fluido cósmico universal, conformando nuestro aliento mental.


Los científicos ya están descubriendo esta realidad. La epigenética está transformando la visión que los investigadores tenían de la célula. Antes los científicos pensaban que la célula era una especia de monarquía, donde el núcleo y los genes que ahí estaban controlaban unilateralmente todo cuanto sucedía. Actualmente se han dado cuenta de que no es así. La célula es en realidad una especie de democracia. El núcleo y los genes siguen emitiendo órdenes, pero éstas no son siempre obedecidas. Hoy en día se sabe que existen moléculas que activan y desactivan los genes. El ambiente celular es tan importante como la carga genética hereditaria. ¿Qué nos viene a decir todo esto? Pues que no estamos irremediablemente predestinados a enfermedades. Nuestro estilo de vida, incluyendo aquí des de la dieta hasta las emociones que experimentamos cada día, se traducen en nivel físico en respuestas y patrones neuro-endocrinos. No somos víctimas de nuestra genética: el cuerpo es un mensaje del alma.

Jesús curaba a las enfermedades pero, sobretodo, predicaba un cambio de patrones mentales. Su evangelio nos convoca a todos a una transformación hacia mejor de patrones de pensamientos y emociones. Cada actitud que tengamos, nos dice Andrei, es una oportunidad de bucear en la intimidad y preguntarse de forma sincera y humilde, “¿Hacia donde miraba mi amor cuando actué así?”. Es bello pensar que siempre actuamos con amor, porque incluso cuando hacemos daño, ¡cuántas veces tenemos la mejor de las intenciones! Pero es revelador observarse des de fuera, contemplar nuestro amor con perspectiva. Algunas veces puede que sea el egoísmo, la vanidad o el orgullo lo que dirige la mirada. El amor queda miope… y produce emociones que enferman. Si esto sucede, sin juicios, sin condenas, sin traumas paralizantes, habrá que volver a trabajar. Una vez más habrá que permitir que la pedagogía cósmica actúe sobre nuestra alma, hasta que la salud integral se manifieste a través de una mirada compasiva, afable, humilde, en fin, amorosa.

Todo esto y muchas otras cosas nos dijo Andrei. Que nuestro amor pueda contemplar la humanidad del otro sin desviarse ante el sufrimiento, la soledad o la tristeza ajena. Vida, paz y salud a todos.


Cariños de la hermana menor 

1 comentario:

  1. Fue una gran alegria compartir com ustedes esta charla y estos momentos fraternales.Dios os bendiga siempre, estimados hermanos. Gran abrazo, Andrei Moreira

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