viernes, 23 de octubre de 2015

Hastío de la vida


Hastío de la vida: Suicidio 
Andrea Campos

Hablar del suicidio no es nada fácil. Tocamos de muy cerca el alma de una persona, su vida, sus experiencias, sus decepciones y su manera de afrontar el dolor. No soy del área de la salud, ni experta en el tema, tampoco entiendo todo el proceso físico-espiritual del proceso de depresión y angustia previa hacia el pensamiento y planificación de quitarse la vida, pero he encontrado en la Doctrina Espírita esperanza y comprensión para afrontar mis dolores personales.


Imagen: cortesía de Stuart Miles en freedigitalphotos.net
Y nada más correcto compartir con más personas esas enseñanzas de amor, respeto y libertad que he aprendido y que me han ayudado a levantarme de tantas caídas y saltar muchos baches en esta existencia.
Para hablar de manera sencilla hay que recoger una literatura directa que no esconde nada, que está abierta a todos los que quieran leer y comprender la grandeza de la vida, sus pruebas y sus responsabilidades.
El Libro de los Espíritus, en el Libro Cuarto- Esperanzas y consolaciones, Capítulo I – Penas y goces terrestres, encontramos el ítem “Hastío de la vida – Suicidio”, con 14 preguntas y respuestas sobre el suicidio. Os invito a leerlos y reflexionar bajo la óptica del amor del Creador, de la vida eterna, sobre cada uno de las respuestas.

Nos dicen los buenos espíritus orientadores de la codificación espiritista que el disgusto por la vida física puede ser causado por la ociosidad, por la falta de fe y por la saciedad. Podemos aprovechar nuestras aptitudes naturales para amar y hacer buen uso de nuestras experiencias para que podamos soportar las vicisitudes de manera más pacífica.
Aunque el Creador nos dio el libre arbitrio para elegir nuestro propio camino, no significa que no debamos seguir unas leyes físicas básicas que cuando  nos las saltamos sufrimos las consecuencias de nuestro propio juicio. Esas leyes de amor, física y básicas; existen para que podamos desarrollarnos como seres, que podamos aprender con el amor, para protegernos de nosotros mismos, de nuestra inmadurez evolutiva.
Así que: no tenemos el derecho de disponer de nuestra propia vida sin sufrir algunas consecuencias físico-espirituales. No es castigo; porque el sufrimiento jamás será eterno pero tenemos una penalización por haber perdido esta oportunidad en la carne de aprender y enseñar.
“…bienaventurados los que las padezcan sin murmurar, porque serán recompensados por ello!...”

Foto: cortesía de arztsamui en freedigitalphotos.net
Los buenos guías espirituales no dejan fácil la lectura de esos ítems. Son duros y severos, pero por motivos obvios de protección hacia todos los seres humanos. Nos llaman la atención, aunque, a veces, nos atemoriza; pero es con la misión de evitar a toda costa la pérdida de una sola vida.
Sabemos que la mayor sorpresa de un hermano o hermana que se marcha por la puerta larga del suicidio es depararse con que la vida no se acaba, que el dolor sigue existiendo y mucho mayor.

La vida en el cuerpo físico es pasajera y primordial para nuestra evolución pero la verdadera vida es la vida del espíritu, en el otro plano, libre de la carne pero no de sí mismo y de sus experiencias.

Para finalizar, he preferido coger como conclusión las palabras de Herculano Pires y su maravillosa reflexión sobre las enseñanzas espíritas y del codificador Kardec, evitando alterar el entendimiento con mis palabras de espíritu todavía en evolución:
“El argumento espírita contra el suicidio no es sólo moral, como se observará, sino también biológico, afirmándose en el principio de ligazón entre el Espíritu y el cuerpo.
La muerte, como fenómeno natural, tiene sus leyes, las cuales el Espiritismo descubrió por medio de una rigurosa investigación. 
El sufrimiento del suicida se produce por la arbitraria violación de esas leyes: es como arrancar por la fuerza una fruta verde del árbol. Las estadísticas demuestran que la incidencia del suicidio es mayor en los países y las épocas en que la ambición y el materialismo se acentúan, provocando más abusos y la excitación de las pasiones.
La falta de una organización social justa y de una educación para todos es la causa de los crímenes y los suicidios (…) abolid los abusos de vuestra sociedad y vuestros prejuicios, y no tendréis ya suicidios”.
Caminamos hacia un mundo de regeneración, de entendimiento del aquí y de las consecuencias en el mañana, nos queda un largo camino pero siempre hay una salida, hay personas allí fuera que están dispuestas a ayudarnos.

Si tienes alguna duda o necesita hablar del tema, llama al Teléfono de la Esperanza 902 500 002 o contacta con nosotros a través del teléfono 665 312 687.

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