viernes, 23 de octubre de 2015

Espera, trabaja y confía

Espera, trabaja y confía
 (Janaina Minelli)

La calma y la resignación, resultantes de la manera de considerar la vida terrestre y de la fe del porvenir, dan al espíritu una serenidad que es el mejor preservativo contra la locura y el suicidio.

Cap.V - Bienaventurados los  afligidos. El Evangelio según el Espiritismo

Carmen Tejedor, psiquiatra con larga experiencia en la  prevención del suicidio en España, afirmó al diario La Vanguardia que nunca había encontrado libertad en un suicida. ¿Por qué lo decía? Mucha gente cree que el suicidio es un acto de libertad. Carmen Tejedor cree que no. Según ella, en el momento en que alguien intenta contra su propia vida, no se reconoce a sí mismo. La cordura, nos dice la psiquiatra, vuelve a aparecer en aquel momento en que el que intenta matarse se aferra a la vida y se arrepiente del intento.

Lo que nos dice la doctora Carmen Tejedor es en el fondo lo mismo que nos dice el Evangelio según el Espiritismo. Hay dos situaciones en que una persona puede contemplar la posibilidad de interrumpir su existencia física. En la primera, la persona no dispone de toda la información que necesita para comprender su dimensión de espíritu inmortal. La persona cree que, destruyendo su cuerpo físico, se aniquilará completamente, eliminando de esta manera sus problemas. La segunda situación es aquella en que el desequilibrio emocional, físico y mental, en definitiva, el desequilibrio espiritual del ser, provocado por las razones que sean, impide que la persona busque en su interior la lucidez necesaria para tirar adelante. El materialismo es el telón de fondo de la primera situación. La ausencia de fe en el porvenir, el de la segunda. 

Foto: cortesía de prozac1 en freedigitalphotos.net


Cuando somos nosotros mismos estamos en calma y serenidad. Es incluso posible que si los reveses de la vida nos provocan contrariedades, padecimientos, pruebas de la más variada intensidad, y las podemos sobrellevar con entereza, nos sintamos felices en la desgracia. Nos podemos sentir orgullosos de nuestra propia fuerza interior, pese a que, por fuera, el mundo se derrumbe. Vivir de esta manera no es fácil. La desesperación, la rabia contra el mundo, la vida o contra Dios, la tristeza y el desconcierto suelen ser respuestas más habituales a las situaciones dolorosas que nos enfrentamos. Sin embargo, que sea difícil mantener la calma y la serenidad ante la tormenta no significa que sea imposible. Hay muchas personas que lo hacen: sólo tenemos que ver cómo cada día, a nuestro alrededor, la gente lucha incesantemente por seguir adelante, enfrentándose a situaciones diversas y adversas. ¿Cómo pueden hacerlo? ¿De dónde esta fuerza que impulsa, en lugar de frenar; que orienta en lugar de desorganizar; que fortalece en lugar de derrumbar?

Sea cual sea la fe de esta persona que decide luchar, antes que rendirse, su forma de considerar la vida terrestre tiene que ser algo como vivir vale la pena. Todo tiene su pena, vivir también la tiene. Pero vale la pena. La confianza en el futuro y la esperanza de que vamos hacia mejor son otros dos componentes. Los que hacen la opción por la vida se reconocen a sí mismos, están cuerdos ante el desastre y son capaces de hacer la lúcida opción de posponer el fin hasta que el fin venga sin que lo hayamos buscado. En este estado mental, físico y emocional, somos libres porque somos conscientes del poder espiritual que tenemos para sobrellevar todo cuanto advenga, por terrible o desorientador que pueda ser.


La Doctrina Espírita es una fuente inagotable de calma y resignación. Depende únicamente de nosotros vivir como ella nos convoca a hacerlo. En el futuro, sigamos o no a una filosofía o una religión, todos viviremos en calma, resignación, libertad y poder. ¡Lo haremos todos! El suicidio, como el canibalismo, será algo del pasado. La fe en el porvenir brilla por encima de toda la desesperanza. Solo tenemos que esperar, trabajar y confiar.

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