domingo, 8 de mayo de 2016

La eficacia de la oración

Hola familia,

en la clase del Estudio Sistematizado del Evangelio que hicimos ayer en CEADS, profundizamos en la eficacia de la oración.

Os invitamos a meditar sobre el texto de estudio, tan rico como bello.

Cariños 

Equipo de Divulgación CEADS

LA EFICACIA DE LA ORACIÓN

Dios siempre nos atiende los pedidos. Pero está claro que ese atendimiento sólo ocurre confirme a nuestra real necesidad y merecimiento, y en la medida en que nuestros pedidos no sean para satisfacer meros caprichos o futilidades.

Dios sabe nuestras necesidades reales. Sin embargo, cuando hacemos una oración sincera, nos aproximamos más a Dios, demostramos humildad ante Él y nos inclinamos ante su providencia. Eso nos proporciona una mejor ayuda.


“En el silencio de tu oración mental, te puedes expresar hasta incluso con más vehemencia que en un discurso de mil palabras… asimilando en el fondo del alma la Divina Luz…” (Emmanuel y André Luiz – Opinión Espírita – nº 59).

Una oración es eficaz en la medida en que ella produce el efecto que se desea obtener al formularla. Es la oración que alcanza su objetivo. Mas, para eso, es necesario que sea sincera y parta de un corazón humilde, además de estar basada en la fe.

Muchas veces el efecto de la oración no es perceptible, ni inmediato. No por eso deja de tener eficacia. “No seáis incrédulos de la oración por no obtener físicamente los resultados inmediatos. El firmamento no es indiferente porque te parezca mudo”. (Emmanuel y André Luiz – Opinión Espírita nº 59).

No siempre aquél que ora utiliza la humildad al formularla, como tampoco le imprime una fe ardiente dirigida a aquello que pide; segundo, porque todo lo que pedimos es sometido a la voluntad de Dios, a quien compete aprobar o no nuestras rogativas.

No basta pedir: es necesario ver qué y cómo se pide.

¿Qué decir de las personas que no creen en la eficacia de la oración, por hallar que
todo en la vida está sometido a la fatalidad?

Son personas que no creen en el poder de la oración sincera e ignoran que no todas las circunstancias de la vida están sujetas a la fatalidad. Están en un error, competiéndoles reconocer que la Misericordia Divina es infinita y cuyo efecto es atender las súplicas, cuando son justas.


“Es posible, por tanto, que Dios acceda a ciertos pedidos, sin perturbar la inmutabilidad de las leyes que rigen el conjunto, subordinado siempre ese consentimiento a su voluntad.”

Al final, si todo en el Universo obedece a leyes eternas, ¿cómo podrán nuestras súplicas alterar el sentido?

Es que, cuando somos atendidos en nuestros pedidos, no significa que Dios alteró el curso de sus leyes, que son inmutables, pero que, dentro de la flexibilidad de las mismas, Le place acatar nuestras súplicas, desde que las considere merecidas. Con eso, la Providencia nos da una demostración de respeto a nuestra iniciativa y libre albedrío.

¿Cómo actúa la Providencia Divina en relación con nuestros pedidos?

Dios nos atiende en todas nuestras necesidades. Sin embargo, no siempre eso coincide con aquello que pedimos, ya que somos atendidos conforme a nuestras carencias reales y no según lo que deseamos.

Considerando que no existen milagros, ¿cómo ayuda Dios en el atendimiento a nuestras necesidades?

Inspirándonos buenas ideas, dándonos resignación y paciencia, enviándonos ayuda y, por encima de todo, dándonos ánimo para encontrar lo que precisamos, por nuestro propio esfuerzo.

“Es posible, por tanto, que Dios acceda a ciertos pedidos, sin perturbar la inmutabilidad de las leyes que rigen el conjunto, subordinado siempre ese consentimiento a su voluntad.”

Si Dios nunca aprobase los pedidos, Él estaría impidiendo el libre albedrío e iniciativa.”Hay, pues, debidos a su iniciativa (del hombre) casos que forzosamente escapan a la fatalidad y que no quiebran la armonía de las leyes universales.”


“En general, el hombre sólo ve el presente; ahora, si el sufrimiento es de utilidad para
su felicidad futura, Dios lo dejará sufrir, como el cirujano deja que el enfermo sufra los
dolores de una operación que le llevará a la curación.”


La Providencia no interfiere directamente sobre nuestro comportamiento, con el fin de enseñarnos que debemos ayudarnos a nosotros mismos, haciendo uso de nuestra fuerza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario