jueves, 12 de mayo de 2016

Desobsesión: profilaxis y terapéutica

Muy Buenas Tardes!!
Este sábado tenemos el Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita (ESDE) en CEADS con el tema Desobsesión. Os invitamos estudiar las clases anteriores con mucho detenimiento para recordar conceptos ya estudiados, y avanzar en el estudio con menos dudas.

Os dejo el texto para previo estudio.
Un abrazo fraternal
Marcello Pagnotta y Andrea Campos


Desobsesión: profilaxis y terapéutica

Algunas personas lamentan que haya Espíritus malos. De hecho, no es sino con un cierto desencanto que encontramos la perversidad en este mundo, donde solamente nos gustaría encontrar seres perfectos. Pero, desde el momento que las cosas son así, nada podemos hacer: es necesario aceptarlas como son. Es por nuestra propia inferioridad que los Espíritus imperfectos pululan a nuestro al rededor. Las cosas cambiarán cuando seamos mejores, como ya sucedió en los mundos más adelantados. Ver y comprender el mal es una manera de preservarnos contra él.  Todos tenemos desafectos de nuestras existencias pasadas, y en el período de evolución en el que aún nos encontramos, atraemos la presencia de entidades poco evolucionadas que se armonizan con el carácter de nuestro pensamiento, y que perjudica, por lo general, involuntariamente, nuestras disposiciones y posibilidades en el aprovechamiento de la vida y del tiempo. De ese modo, la desobsesión actúa como remedio moral específico, renueva los caminos mentales por donde nos corresponde transitar, nos inmuniza contra los peligros de la alienación y establece ventajas ignoradas en nosotros, para nosotros y en torno de nosotros, dentro de una dimensión que, por el momento, no somos capaces de val orar. A través de ella desaparecen las enfermedades fantasmas, los obstáculos tenebrosos, los fracasos; además, con su apoyo espiritual, permite obtener horizontes más amplios para la comprensión de la vida, y excelentes recursos moral es para obrar ante el prójimo con desapego y comprensión.



Prevención de las obsesiones (profilaxis)

Hay diversas terapias que merecen ser estudiadas para eliminar males que flagelan a la Humanidad. Los antibióticos atacan los procesos infecciosos; hay establecimientos especializados que estudian la patología del cáncer; la cirugía ha llegado al corazón para sanar defectos cardíacos, y la vacuna es una defensa para millones de personas. Pero, junto con las enfermedades que torturan el cuerpo físico, encontramos, en este plano y en el otro, las calamidades de la obsesión, que desequilibran la mente. (...) Están instaladas en todos los niveles, desde aquellos en los que hay personas que tienen los elevados recursos de la inteligencia, hasta aquellos otros donde viven compañeros que carecen de las mínimas nociones del alfabeto. Muchas veces, esas calamidades desbordan en tragedias pasionales que llaman la atención de la prensa, o en la demencia, que debe ser conducida a un manicomio. Todo esto, sin mencionar los problemas de la depresión, los desvaríos sexuales, los síndromes de la angustia y las desarmonías familiares. De esta manera, es necesario tener en cuenta que en todo proceso patológico, sea del cuerpo físico o del alma, la prevención o la profilaxis, es la base de una vida sana.
La profilaxis es el conjunto de medidas preventivas que evitan la aparición de enfermedades. En el caso de la obsesión – ya que ésta es una enfermedad del alma – la profilaxis es de vital importancia. Como ya hemos visto, la obsesión existe porque existe imperfección en nosotros.  La prevención de la obsesión consiste en la práctica del bien y en la confianza en Dios. Por esa razón, los Espíritus de la Codificación nos orientan: (...) guardaos de prestar atención a las sugerencias de los Espíritus que os dictan malos pensamientos, que estimulan la discordia entre vosotros y que os insinúan las malas pasiones. Desconfiad especialmente de aquellos que os exaltan el orgullo, porque esos os asaltarán por el lado débil. Esa es la razón por la cual, en la oración dominical, Jesús os enseñó a decir: “¡Señor! No nos dejes caer en tentación, pero líbranos de todo mal”. (...) la única profilaxis eficaz contra la obsesión es la del Evangelio. Es practicar el bien y ser bueno.


El proceso de desobsesión (terapéutica)

En las inmediaciones de Gadara, cuando Jesús se ocupaba del trabajo de desobsesión, lo encontramos conversando fraternalmente con el obsesado que se presentó ante él, al mismo tiempo que era escuchado por desdichados desencarnados. Es importante verificar, que cuando el Maestro le preguntó su nombre, el médium, consciente de la presión que sufría porque estaba sometido a inteligencias perturbadas y errantes, respondió que se llamaba “Legión”, y el evangelista agrega que el obsesado procedía así, “porque tenía dentro de él muchos demonios.” Hoy con Kardec, según las palabras textuales del Codificador de la Doctrina Espírita en el ítem 6 del capítulo XII: “Amarás a vuestros enemigos” de “El Evangelio según el Espiritismo”, sabemos que “esos demonios no eran más que las almas de hombres perversos que no se habían despojado aún de los instintos materiales.” En ese episodio, vemos que Cristo se ocupa simultáneamente del médium y de las entidades que se comunicaban por su intermedio, en la benemérita empresa del esclarecimiento colectivo. De esta manera, nos enseñaba que la desobsesión no es ir en busca del fenómeno, sino un trabajo de amor unido al conocimiento, y del raciocinio asociado a la fe.  
Al analizar el problema de la obsesión – en un mayor grado de gravedad – Kardec expone lo siguiente:
En los casos de obsesión grave, el obsesado queda como envuelto e impregnado de un fluido pernicioso que neutraliza la acción de los fluidos saludables, y los repele. Y es de ese fluido pernicioso que es necesario liberarlo. Ahora bien, un fluido malo no puede ser eliminado por otro también malo. Mediante una acción idéntica a la del médium curativo en los casos de enfermedad, es necesario expulsar un fluido malo con la ayuda de un fluido mejor. Pero, no siempre basta con esta acción mecánica. Es necesario, sobre todo, actuar sobre el ser inteligente para lo cual es preciso poseer el derecho de hablarle con autoridad, de la que carecerá quien no tenga superioridad moral. Cuanto mayor sea ésta, mayor será también aquella. Pero, esto no es todo aún: para asegurar la liberación de la víctima, es indispensable que se conduzca al Espíritu perverso a renunciar a sus malos propósitos, y que, mediante instrucciones suministradas con habilidad a través de evocaciones hechas especialmente con el objeto de brindarle una educación moral, se logre que comience a surgir en él el arrepentimiento, así como el deseo del bien. El trabajo se torna más fácil cuando el obsesado, al comprender su situación, colabora con su voluntad y con la oración. Pero se produce una situación contraria cuando, deslumbrado por el Espíritu que lo domina, se engaña respecto de las cualidades de éste, y se complace en el error al que es inducido; entonces, en vez de colaborar, el obsesado rechaza toda asistencia.
Es el caso de la fascinación, que es siempre mucho más rebelde que la más violenta subyugación. En todos los casos de obsesión, la oración es el medio más poderoso que se dispone para disuadir al obsesor de sus propósitos maléficos.  
El obsesado, además de ser un enfermo que representa a los otros enfermos, es, casi siempre, una criatura colmada de torturadores problemas espirituales. Si le falta una voluntad firme para la auto-educación, para la disciplina de sí misma, es casi seguro que su dolorosa situación se prolongará más allá de la muerte.



Sólo el enfermo convertido voluntariamente en médico de sí mismo logra la cura positiva. En el doloroso cuadro de las obsesiones, el principio es análogo. Si la víctima se rinde incondicional mente ante el adversario, se entrega a él y se torna en posesa después de haberse transformado en un autómata a merced del perseguidor. Si posee voluntad frágil e indecisa, se habitúa a la persistente acción de los verdugos, y queda enviciada en un círculo de irregularidades de muy difícil corrección, porque en poco tiempo, se convertirá en polo de vigorosa atracción mental que atraerá a los mismos verdugos. En esos casos, nuestras actividades de ayuda están casi circunscriptas a meros trabajos de socorro, para posibles resultados lejanos. Pero, cuando encontramos a un enfermo interesado en su propia cura, y que utiliza nuestros recursos para aplicarlos en su moralización interior, entonces podemos prever triunfos inmediatos.  
Es fundamental comprender, que en la terapia de la desobsesión, el Espiritismo posee valiosos recursos que ayudan a combatir las influencias negativas. Entre tanto, a aquel que se hace acreedor de los beneficios de esos recursos, Emmanuel le recomienda: “es natural que esperes ayuda, pero es también necesario que te ayudes. Restablece tus energías físicas bajo la inspiración de la ciencia curativa que la Providencia Divina te asegura en la Tierra, pero satisface también la medicación del alma a través de lecturas moralizadoras en cuyos textos la Doctrina Espírita te ayude a retomar el control del espíritu y promueva la conducción de la casa íntima. Cultiva la oración sin olvidar el trabajo saludable que valorice tu tiempo y tu presencia, y, sobre todo, trata de obtener alguna actividad benéfica a través de la cual puedas ser más útil en el logro de la felicidad del prójimo quien, tal vez, tenga más necesidades que las que tú tienes. Reacciona contra cualquier impacto de amargura o de resentimiento; cuanto te sea posible, evita las circunstancias que, debido a tu condición de convaleciente, te puedan conducir a la caída, y protégete en la convivencia con hermanos cuyos lazos de comprensión y de afinidad te garanticen el equilibrio que aún no pudiste recuperar completamente.”

Meditemos sobre el esfuerzo generoso de aquellos que nos amparan, y sepamos colaborar con ellos en nuestro propio beneficio. El enfermo asistido con excelentes recursos, debe cooperar con el médico que lo atiende para poder curarse.

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