jueves, 11 de agosto de 2016

¡Para y camina!

Siento angustia, miedo, ahogo en mi pecho. Hablo y nadie me contesta. He perdido mi identidad, dudo si soy yo o soy otro.

Murmullos, voces, rumores, gritos estridentes en mi mente. Nooooo…quiero salir de este infierno, ¡sacadme de aquí!!!

Presencias no deseables y paisajes dantescos a mí alrededor.

Por favor, sacadme de aquí!  No quiero esto para mí y tampoco lo deseo para nadie! No quiero estar aquí, ¡sacadme por el amor de Dios!!!

Me despierto ansioso y espantado, empapado de sudor frío. Me toco los brazos, las piernas, la cabeza, el cuerpo, para identificarme con el que soy. Voy al lavabo a mirarme delante del espejo, con temor a quien puedo encontrarme y si seré capaz  de reconocerme.

Aun temblando, me digo a mi mismo: “Sé valiente, mírate y obsérvate”. No quiero encender la luz pero hay una fuerza en mi interior que me anima a ese desafío de “autodescubrime”.

El ambiente que respiro ha cambiado desde que he despertado, pero sigo vigilante porque ese sueño una vez más me ha impactado e impresionado para ser sólo eso, un sueño.



Soy totalmente racional e intento entender, pero no lo consigo.

Siento que pierdo energía y fuerza, volcando mi pensamiento hacia esas horribles pesadillas.

Cuando pongo la mano en el interruptor de la luz del lavabo, es como si alguien me indujera a encenderla con la suya.

Me enfrento a mí mismo; si, soy yo, con la cara desencajada y es que todavía dura el efecto y la confusión de esta vivencia entre lo real y lo ficticio.

Mi corazón y mi pulso, poco a poco vuelven al ritmo de la normalidad.

Ya son demasiadas las ocasiones que he sufrido esta experiencia y la única vez en la que me planteo y consigo enfrentarme  a ella.

Delante del espejo caigo en un llanto desesperado,  preguntándome una y otra vez: “¿Qué está sucediendo?, ¿qué está pasando?, ¿es un aviso?, “¿acaso es un sueño premonitorio…o bien una oportunidad para cambiar mis hábitos más tóxicos?

¡Momento de reflexión!

Si mis amigos me vieran, se burlarían y me humillarían. Pero ¿por qué pienso en ellos en este instante tan íntimo y no en mí?
Si, empiezo a serenarme como si alguien me ayudara a hacerlo.
¿Pero quién? ¡Si estoy solo!
Será que mi raciocinio no me deja ver ni sentir.

Me doy un baño de agua muy caliente y consigo relajar mi cuerpo dolorido por la tensión, no sin antes pasar un tiempo vigilante y a la expectativa de que algo vuelva a sorprenderme y me descoloque “atacándome”.

Vuelven pensamientos negativos a mi mente, ganas de quitarme la vida, prometiéndome a mí mismo que soy incapaz de continuar soportando  durante más tiempo esta experiencia reiterativa y cada vez más tenebrosa.

Empiezo a ser consciente de mi vacío interior, de mi automatismo y desmotivación, de mi   soledad, del rechazo hacia mí mismo, del hastío que me profeso, de la auto-destrucción y la desilusión hacia todo y todos que me rodean.

En definitiva, ¡de la miseria interior que me alimenta el alma!

Me sorprenden estos pensamientos salidos de la “nada”, porque no les encuentro explicación. Estoy confuso y al mismo tiempo y lentamente los voy filtrando e integrando a través de la voluntad que me produce el cansancio, la preocupación y al mismo tiempo, el temor de pensar en un final trágico.

¿Será que en ese vacío inmenso y abismal que es mi interior, puede haber espacio para toda esta situación y pensamientos nuevos?

No me reconozco, pero lo importante es que me siento bien!

En broma, me planteo que posiblemente le haya gustado a algún alma en pena  y caritativa que quiere “salvarme”.

La gente habla mucho de espíritus y no veo que mi idea sea tan abstracta…o si…no lo sé! Sólo intento animarme con un poco de humor sarcástico.

El agua de la bañera comienza a enfriarse, lo que me recuerda que ya ha pasado un tiempo más que considerable y que tengo cosas que hacer.

Sí, es la primera vez en 42 años de vida,  que me he sentido a gusto y en paz conmigo mismo…creo y dudo al mismo tiempo y es que el escepticismo es como una sombra  hecha a medida que  me persigue!

Preparado  para salir de casa, empiezo a entrar en un estado “raro”. Oigo un “algo” que identifico con las voces de esas  horribles pesadillas,  intentando convencerme de lo equivocado que estoy escuchando esos pensamientos serenos que me han causado tanto bienestar. Con tono impositivo, me obligan a que no ceda ni caiga en esa supuesta “calma y tranquilidad” porque todo es una mentira de mi imaginación.

A pesar de ello, una parte de mí, me dice que no puedo seguir como hasta ahora, perdido en este absurdo vacío que no me aporta nada constructivo, sino todo lo contrario y con unos  supuestos amigos que los tengo como compañeros de desilusiones, carencias y debilidades.

“STOP,  para y no te equivoques con esa farsa. Acabarán con tu vida; si sigues por ese camino que te llevará a la tortura psíquica y a la perdición”

Estas son las palabras que oigo de manera invasiva. ¡Están dictando mi sentencia!
Entro en pánico y me siento atrapado como si se tratase de una red imaginaria aunque la siento física y mentalmente.

Noooo, no quiero ir a ese lugar de las pesadillas. ¡Noooooo, por favor!!!
Pido ayuda a no sé quién,  entre gritos de desesperación envueltos en lágrimas y  la pido por primera vez en mi vida desde lo más hondo de mi ser e intento recordar el momento del baño, tranquilo, relajado y en paz!
Escucho un susurro más débil que las duras palabras impositivas, que poco a poco van cogiendo fuerza y firmeza, sin exigencias y si con delicadeza y dulzura :

“Escucha a tu corazón, sólo a él. Estamos aquí para ayudarte y nadie te hará daño si tú no lo permites. Adquiere esa fortaleza a través del AMOR. Tú puedes, sólo tienes que querer y sintonizar con Nosotros!”

¿Sintonizar? ¡Eso es nuevo para mí!
¿De dónde salen esos pensamientos,  ese vocabulario que por mí solo sería incapaz de expresar?
Algo está sucediendo, un no sé qué, que me hace parar, escuchar y recapacitar mientras que simultáneamente empiezo también  a sentir, dejando mi parte racional y descubriendo lo que siento como ternura.



Desde que murió mi madre cuando yo era adolescente, mi vida ha sido un desenfreno, una locura de huidas, un túnel sin salida construido de desesperación y sufrimiento infinito con paredes hechas  de resistencias y negaciones a sentir.

Pero lo más importante y prioritario ha sido  el deseo constante de poder reencontrarme con ella,  a la que amaré eternamente.

Varios intentos de quitarme la vida, para sacarme del medio, para no ser una molestia para la sociedad y para que alguien en algún momento desde algún lugar, pudiera echarme de menos, aún sin conocerme.

Guardo varias cartas de despedida, reflejando sentimientos de culpabilidad; si, culpabilidad ¿pero de qué?De haber nacido, de haber sido un rebelde, de no ser escuchado ni atendido.
¿ESCUCHADO? Siento que es el momento de que ya lo haga. Posiblemente no soy tan malo como pienso, pero tampoco soy tan bueno como les gustaría a otros. Simplemente, SOY!

PARO y me cedo el paso. Freno durante unos segundos de mi vida para dejar pasar la rabia, el dolor, la culpabilidad, la tristeza, el resentimiento, la oscuridad.
Pido ayuda porque sé que las personas son como yo: ni tan malas ni tan buenas. Quiero darme una oportunidad de ser ayudado, orientado y me tomaré durante  el tiempo necesario que seguramente será mucho, dosis enteras de aceptación, de esperanza, de amor hacia mí mismo y hacia los demás.

No sólo cediéndome el paso para ser feliz, sino parándome en cada estación de mi vida para continuar con más fuerza y coraje, siempre con la ayuda y la asistencia de esas voces amigas con las que he aprendido a sintonizar.

Me han enseñado que  la vida es el mejor regalo que nos han dado. Cuidémosla  como el tesoro más preciado, al mismo tiempo que nos queremos y amamos.

¡GRACIAS!

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