domingo, 28 de mayo de 2017

La convicción de la existencia de Dios

¿Dios Existe? Es una pregunta que mucha gente se plantea. Para el que vive sus días en la Tierra como si no hubiese nada más que materia, tal vez esta duda existencial no sea relevante. Para los que encontramos en la vida un sentido trascendental, la reflexión en torno a la existencia de un Ser Supremo es de importancia capital.

Lo curioso es que la pregunta también podría hacerse al revés: ¿Cómo es que hay gente que no cree en Dios? Cuando es tan evidente que hay incontables cosas en el universo que no son obra del hombre; cuando mirando en el micro-cosmos como hacia el macro-cosmos, uno no puede más que maravillarse con la perfección del diseño de la creación... ¿Cómo puede haber gente que se resiste a aceptar esta realidad?

Las respuestas son variadas.

Lo más fácil tal vez sea decir que los seres humanos nos creemos muy importantes y por orgullo nos cuesta reconocer que hay algo superior a nosotros mismos.

Luego viene el materialismo, la ausencia de preocupación por lo que no sea tangible aquí ahora.

Pero posiblemente la mayor dificultad sea la imagen que se ha hecho de Dios históricamente. Le hemos atribuido características y sentimientos humanos. Decimos cosas como "Si Dios quiere", Dios lo permita, que Dios te ayude... Si algo va mal, ahí tenemos el chivo expiatoria perfecto. Si Dios existiera no habría tanta hambre en el mundo - obviamos que hay sobrada capacidad para alimentar a todos la humanidad terrestre, claro, el hambre tiene que ser culpa de Dios, no del hombre que no sabe gestionar los recursos. Si Dios existiera no habría enfermedades. Culpar a Dios es más cómodo que pensar que la desarmonía física es resultado de un estilo de vida malsano y/o de desarmonía psíquica de esta encarnación o de encarnaciones pasadas. Y así vamos. Como niños pequeños, inmaduros y mimados, muchos negamos la existencia de Dios a juzgar por como vemos el mundo, sin asumir la responsabilidad personal y colectiva por los males que atribuimos a la inexistencia de un Ser Supremo.


Dios existe. No lo entendemos, no sabemos como es, no conocemos su naturaleza. Sabemos que no es como nosotros, por lógica tiene que ser superior porque ha sido capaz de crear cosas que ninguno de nosotros sería capaz ni de imaginar. En el Libro de los Espíritus, la primera pregunta va de Dios: ¿Qué es? Inteligencia. Causa primera de todas las cosas. No tenemos los sentidos necesarios para conocer a Dios, pero tenemos la intuición de su existencia. Sentimos su poder contemplando lo que ha creado. A nadie se le ocurre pensar que un teléfono mobil sea producto del acaso. O la vacuna para una enfermedad grave. O una construcción grandiosa. ¿Por qué entonces atribuir al acaso cosas mucho más difíciles de crear, como la propia vida o las galaxias?

El Espiritismo nos invita a cuestionar, a pasar por el cribo de la razón todo cuanto nos digan los espíritus. Pero también nos advierte Kardec que no nos perdamos en laberintos de los que no podemos salir. Dios existe. Ha de existir, porque si nos remontamos a la causa de todas las cosas, LA causa de TODAS las cosas, ahí tiene que estar algo que se ha conocido por muchos nombres, pero que es el principio de todo. A partir de esta convicción, es una opción personal como nos relacionamos con este hecho. Si le amamos o le tememos; si le admiramos o le culpamos. Es necesaria madurez espiritual para acomodar la idea de Dios en la vida de uno mismo. Si Dios todavía es una idea incómoda, es que todavía estamos en ello. Si ya no tanto, será que algún progreso se ha hecho. No significa que no se haya de hacer nada más. Creer en Dios o tener la convicción de que Dios existe no asegura a nadie un porvenir de más paz.

Poco a poco, a través de los siglos, vamos, encarnación tras encarnación, actuando en coherencia la convicción de la existencia de Dios. Cuando esto ocurra... ¡Ah! Cuando esto ocurra... Habrá tanto amor en el mundo que nadie se acordará que un día llegamos a preguntarnos, ¿Dios existe?

Cariños

Equipo de Comunicación CEADS

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