miércoles, 21 de junio de 2017

Evolución de la idea de Dios

Por Álvaro Vélez

Como todas las ideas fundamentales del hombre, la noción de Dios ha seguido un largo curso de tanteo, ensayo, desarrollo y depuración hasta nuestros días, elaborándose así las concepciones de la Divinidad que en la actualidad alimentan y dirigen las principales formas de religión en el mundo. No pocos pensadores, especialmente los que se han dedicado a la Filosofía de la Religión, han abordado de manera reiterada el tema del origen de las religiones e implícitamente la noción o el concepto de Dios, desde las formas más elementales en el hombre primitivo, hasta las formas más elaboradas, complejas y hasta recargadas que hoy conocemos.

Los filósofos de la religión nos hablan de las diversas formas elementales de religión, mas, no es posible deslindarlas de la noción de la Divinidad implícita en cada una de éstas. Veamos las diversas teorías que se han ido sucediendo a través de la historia:

FETICHISMO. Del latín «factitius», objeto hecho artificialmente; un fetiche puede ser cualquier objeto o cosa al que se le rinde culto por atribuírsele naturaleza divina o poderes superiores. El francés Charles De Brosses observó esta forma elemental de culto entre los pueblos primitivos de África, comparándola con la religión de los antiguos egipcios. Se ha pensado que el fetichismo evolucionó hacia el politeísmo, de donde se habría originado el monoteísmo.

HENOTEISMO. Concepción religiosa referente a una divinidad superior y otras inferiores a ella. Teoría difundida por el historiador de las religiones Max Müller en su libro «Mitología Comparada» en donde sostiene que la noción de Dios y las ideas religiosas se originaron en la experiencia sensible del hombre primitivo al observar el horizonte por donde diariamente se elevan y ocultan los astros –el sol, la luna, las estrellas- siguiendo una secuencia invariable y obedeciendo a una ley superior, de donde nacieron las nociones de Divinidad, Infinito, Ley y Voluntad Superior.

ANIMISMO. De ánima, espíritu. Creencia que todo en la naturaleza está dotado y animado por almas o espíritus. Según el escritor Edward Burnett Taylor en su obra «Cultura Primitiva», el animismo es la forma más elemental de religión y que el hombre primitivo dedujo la existencia de los espíritus a partir de experiencias interiores tales como sueños, visiones, trances, éxtasis y finalmente la muerte; de allí concluyó en la existencia de un elemento vital que se puede alejar temporal o definitivamente del cuerpo, pasar a otra vida y posteriormente ser objeto de culto.

TOTEMISMO. De tótem, antepasado. El sociólogo francés Emile Durkheim en «Las Formas Elementales de la Vida Religiosa» puso de moda esta noción que posteriormente sería retomada por Sigmund Freud en «Tótem y Tabú». El tótem puede ser un objeto, un animal o la representación del mismo, con el cual se forman lazos de parentesco y que a su vez representa a otra realidad o entidad sagrada a la cual se le rinde culto mediante ritos o sacrificios. El totemismo prosperó especialmente entre los indígenas de América del Norte.

POLITEISMO. Creencia y doctrina religiosa que admite la pluralidad de dioses. La historia de los pueblos y civilizaciones de la antigüedad está plagada de concepciones politeístas de los más diversos matices, que fueron evolucionando, especialmente a partir del animismo, hasta las formas más elaboradas del politeísmo griego y romano. En cierto sentido se pueden incluir dentro de las religiones politeístas aquellas que admiten las trinidades. Algunas religiones se consideran como monoteístas por su concepción y creencia en un Dios único en el que, sin embargo, se distinguen tres personas divinas en una sola y única esencia o tres aspectos o manifestaciones de una sola entidad, como es el caso del Hinduismo.

PANTEISMO. El panteísmo es a la vez una concepción del mundo y una doctrina filosófica según la cual el universo, la naturaleza y Dios son equivalentes. Sistema, doctrina o creencia de los que identifican a Dios con el mundo o con el universo. Según ellos, el mundo hace parte de Dios o Dios es el ser resultante de la totalidad del universo. Dios no sería causa sino efecto.

MONOTEISMO. Concepción y creencia en un Dios único. La historia ha conocido diversas formas de monoteísmo. Desde el punto de vista antropológico y sociológico el Judaísmo vendría a ser una especie de monoteísmo antropomorfo - por haberse inclinado hacia una concepción de «Dios a imagen y semejanza del hombre»-. El Catolicismo es un monoteísmo trinitario que, en sus primeros tiempos, estuvo imbuido en la concepción del dios bíblico, el Dios de Adán, Noé y
Moisés, igualmente antropomorfo. Algunos filósofos de la religión han considerado que fue a este dios antropomorfo «creado a imagen y semejanza del hombre» al que Federico Nietzsche declaró muerto cuando gritó: «¡Dios ha muerto!» – «¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir, les gritó. Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo. ¡Todos somos sus asesinos!».

MONOTEISMO JUDEO-CRISTIANO. Se ha establecido un hilo conductor entre el Judaísmo, el Judeocristianismo y el Catolicismo en donde prevalece la noción del Dios bíblico, el Dios de Moisés y de los profetas, el Dios de la alianza, de la justicia y de la salvación del hombre. Posteriormente el Maestro Jesús trajo al mundo una noción de Dios más elevada, sublime, universal; Él nos trajo el Dios de Amor, el Dios benevolente y providente, el Dios del perdón y la esperanza, de la piedad y de la auténtica caridad.

AUTORES CRISTIANOS
Es importante destacar que en la larga historia del Cristianismo han sobresalido algunos pensadores –filósofos, santos, moralistas, escritores- por su concepción elevada de Dios, entre los cuales podemos, por ejemplo, señalar a San Agustín de Hipona (350 – 430), quien manifestaba que Dios no era objeto de una percepción inmediata, pero que su existencia era tan evidente que bastaba una adecuada y sincera reflexión para encontrarlo como el centro de todas las cosas, como verdad y luz suprema, fuente del Ser, del Bien y de la Bondad. Su denominada prueba noológica de la existencia de Dios ha sido sintetizada así: «Detrás de lo imperfecto tocamos lo perfecto; detrás de lo relativo, lo absoluto; detrás de lo humano, lo trascendente».  También postulaba la presencia de Dios en lo íntimo del hombre, diciendo: «Tu eres más íntimo a mí que mi misma intimidad» (Confesiones III, 6). San Agustín se refirió a nuestra imposibilidad de comprender la naturaleza de Dios expresando: «Debemos, en cuanto nos sea posible, representarnos a Dios como bueno sin la categoría de la cualidad, grande sin la categoría de la cantidad, creador sin necesidad, colocado por encima de todo sin situación alguna, abarcándolo todo sin abarcar, omnipresente sin ubicación, eterno sin tiempo, creador de todas las cosas mutables, sin mutación de Sí, libre de toda afección y pasión» (De Trinitate, V, 1).
A su vez Juan de Fidanza - San Buenaventura- (1221 – 1274) afirmaba que podíamos conocer a Dios a través de sus indicios en la naturaleza, que nos conducen hacia Él, pero lo conocemos y sentimos de una manera más íntima, por vía iluminativa, a través de su imagen en nosotros: el alma. Este conocimiento se lleva a través de tres etapas: encontrar a Dios en los vestigios de la naturaleza; buscar Su imagen en nuestra alma; e introducirnos en los goces místicos del conocimiento y de la adoración. (Itinerario de la Mente Hacia Dios).
Finalmente podemos citar a Santo Tomás de Aquino (1225 – 1274), figura central de la Escolástica, amigo personal de San Buenaventura, quien expresaba que la existencia de Dios no era evidente por sí misma («Parece que Dios no existe»), pero que había posibilidad y necesidad de demostrarla a través de la razón («Respondo que puede probarse que Dios existe, por cinco vías»). Tomás de Aquino reelaboró y mejoró las denominadas pruebas a posteriori de la existencia de Dios, las famosas cinco vías: demostración por el movimiento, por la causa eficiente, por la contingencia de los seres, por los grados de perfección y demostración por la causa final.


DIOS EN LA DOCTRINA ESPÍRITA

La Doctrina Espírita nos ha traído una nueva imagen de Dios más fresca y agradable, racional, universalista y libre de simbolismos y dogmas, a partir del momento en que Allan Kardec preguntó a los Espíritus Superiores: «¿Qué es Dios?», a lo que ellos respondieron con gran claridad y concisión: «Dios es la Inteligencia Suprema, causa primera de todas las cosas». Los primeros dieciséis ítems de «El Libro de Los Espíritus» –Libro I, Capítulo 1º. Dios: Dios y el Infinito, Pruebas de la Existencia de Dios, Atributos de la Divinidad, Panteísmo- están dedicados al tema de Dios, en donde encontramos los esclarecimientos superiores de los espíritus, sabiamente complementados por los comentarios del Codificador, en donde se menciona la naturaleza, la acción y los atributos de Dios como creador, eterno, inmutable,  inmaterial,  único, omnipotente,  soberanamente justo y bueno, y como agrega Kardec, infinito en sus perfecciones. Cuando Kardec pregunta a los espíritus si puede el hombre comprender la naturaleza íntima de Dios, ellos responden que «No, no puede; y este es uno de los sentidos que le falta aún». Y sobre la posibilidad de que algún día pudiera el hombre comprender el misterio de la Divinidad responden: «Cuando su espíritu no esté ya ofuscado por la materia y cuando, por medio de la perfección se haya aproximado a Ella, la verá y la comprenderá». A diferencia de aquellos caminos tortuosos y oscuros que la idea de Dios tuvo que atravesar hasta nuestros días, hemos encontrado en los libros que conforman la Codificación Kardeciana, especialmente en «El Evangelio Según el Espiritismo» y «El Cielo y El Infierno o La Justicia Divina» y en todo el Capítulo II del libro «La Génesis, Los Milagros y las Profecías», una visión de Dios más completa, racional,  consoladora, esperanzadora y sublime, que nos libera definitivamente de todas aquellas concepciones dogmáticas y recargadas del pasado, ayudándonos a seguir avanzando en ese camino, como una vez diría  San Buenaventura : «el itinerario de la mente hacia Dios» , o como diría Tomás de Aquino, «el regreso del hombre hacia Dios».


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