Locura y Suicidio

¡Buenas tardes!!

Ayer estuvimos en CEADS, con el ESE, Estudio Sistematizado de El Evangelio según el Espiritismo, con el tema "Locura y Suicidio", del Capítulo V - Bienaventuras los Afligidos.

Siempre vale la pena recordar que el tema es muy delicado, que realizamos este estudio abierto al público, lejos de juzgar o debatir casos concretos, buscamos, en lineas generales, entender la complexidad que hay en la psicología profunda de las enseñanzas de Jesús.

El mejor manera de prevenir la locura es mantenerse siempre conectado con el Alto, a través de ese portal entre ambos lados, que es la oración, la meditación y fe en el porvenir.

El resultado de mantener el portal abierto, es la calma y serenidad en los momentos más difíciles que el ser humano puede afrontar. Tarea difícil cuando las duras pruebas surgen sin dar explicación, cuando todo se vuelve oscuro y la salida no es visible.

En todos los casos, no podemos afirmar que la locura causa suicidio, tampoco que el suicidio es fruto de la locura. Más bien, es la incredulidad y el materialismo que se aferran muchas personas que hacen creer que el fin del sufrimiento carnal se puede amenizar con la muerte anticipada.

Para un materialista es una decisión muy lógica y natural.

En esos caso, no es su falta de fe, sino el desconocimiento de las consecuencias de los actos presentes en la vida futura. Caso susceptible de atenuantes en el caso de la acción suicida.

Pero la locura, puede aparecer en cualquiera, sea materialismo o creyente, puede tener varios porqués y causas, y la única salida nos reporta a la primera frase de este resumen: mantener el portal conectada con el bien y en la fe en el porvenir son las herramientas principales para no caer en la trampa de la frustración, decepción, angustia, tristeza o depresión. Y mismo cuando, si darse cuenta, caemos en la trampa, son las herramientas para la búsqueda de la cura interior.

El sufrimiento actual en la carne seguirá existiendo después de la muerte, pues no es un dolor físico, es un dolor psíquico, que está impregnado en la consciencia del espíritu, que puede empeorarse al abreviar su existencia en la carne.



Volvemos a repetir, que en ninguna circunstancia, debemos juzgar los actos, el dolor y el desespero que cualquier otro ser humano pueda estar pasando. Usamos este canal, a igual que las clases de estudio, para extender la mano, aprender de la experiencia, dar consuelo que este dolor pasará, aunque ahora mismo no sea posible ver la luz al final del túnel, y que el suicidio no es la mejor solución para su total extinción. Y dado el caso, que el suicidio se consuma, no existe ninguna criatura destinada al sufrimiento eterno. Todos tendremos muchas oportunidades para recomenzar y aprender, cuantas veces sea necesaria, hacía la inevitable perfección, hacía la felicidad planeada por la Sabiduría Cósmica Universal.

Siendo la mejor manera de entender las consecuencias del suicidio, Camilo Castelo Branco, nos ha regalado su biografía, a través de la psicografía de Ivonne do Amaral, donde nos cuenta en el libro "Memorias de un suicida", su experiencia después del suicidio, y las conclusiones que ha aprendido en la escuela de recuperación en la espiritualidad.

En resumen de la clase, os dejamos sus conclusiones, disponibles en el libro anteriormente citado:

"1. El hombre es un compuesto de triple naturaleza: humana, astral y espiritual, es decir, materia, fluido y esencia. Ese compuesto podemos también denominarlo: cuerpo físico, cuerpo fluídico o perispíritu, y alma o espíritu, de este último se irradian vida, inteligencia, sentimiento, etc., etc. es la centella donde se verifica la esencia divina y que en el hombre señala la herencia celeste. De esos tres cuerpos, el primero es temporal, obedeciendo sólo a la necesidad de las circunstancias que le rodean, destinado a la desintegración total por su propia naturaleza putrescible, oriunda del barro primitivo: es el de carne. El segundo es inmortal y tiende a progresar, desarrollarse, perfeccionarse a través de los trabajos incesantes en las luchas de los milenios: es el fluídico o periespíritu; mientras que el espíritu, eterno como el origen del que proviene, luz imperecedera que tiende a volver a brillar siempre hasta retratar en grado relativo el brillo supremo que le dio la vida, para gloria de su mismo Creador. Es la esencia divina, imagen y semejanza (que lo será algún día), del Todopoderoso Dios.

2. Viviendo en la Tierra, ese ser inteligente, que deberá evolucionar hacia la eternidad, se denomina hombre siendo, por tanto, el hombre un espíritu encerrado en un cuerpo de carne o encarnado.

3. Un espíritu vuelve varias veces a tomar un nuevo cuerpo físico sobre la Tierra, nace varias veces para volver a convivir en las sociedades terrenas, como hombre, exactamente como éste cambia de ropa muchas veces...

4. El suicida es un espíritu criminal, fracasado en los compromisos que tenía con las Leyes sabias, justas e inmutables establecidas por el Creador, y que se ve obligado a repetir la experiencia en la Tierra, tomando un cuerpo nuevo, ya que destruyó aquel que la Ley le confiara para instrumento de auxilio en la conquista de su propio perfeccionamiento, depósito sagrado que debía haber estimado y respetado antes que destruirle, ya que no tenía derecho a faltar a los grandes compromisos de la vida planetaria, establecidos antes del nacimiento en presencia de su propia conciencia y ante la Paternidad Divina, que le dio la vida y medios para ello.

5. El espíritu de un suicida volverá a un nuevo cuerpo terreno en condiciones muy penosas de sufrimiento, agravadas por los resultados del gran desequilibrio que el gesto desesperado provocó en su cuerpo astral, es decir, en su perispíritu.

6. La vuelta de un suicida a un nuevo cuerpo físico responde a la Ley. Es la Ley inevitable, irrevocable: una expiación irremediable, a la que tendrá que someterse voluntariamente o no, porque no hay otro recurso sino la repetición del programa terrestre que dejó de ejecutar, en su propio beneficio.



7. Sucumbiendo al suicidio, el hombre rechaza y destruye una ocasión sagrada, proporcionada por la Ley, para la conquista de situaciones dignas y honrosas para la propia conciencia, pues los sufrimientos, cuando son heroicamente soportados, con voluntad soberana de vencer, son como una esponja mágica para eliminar de la conciencia culpable las tinieblas infamantes, que son el resultado, en muchas ocasiones, de un pasado criminal, en anteriores etapas terrestres. Pero, si en vez del heroísmo salvador, el hombre prefiere huir a sus pruebas, valiéndose de un a-tentado contra sí mismo que revela la degradación moral e inferioridad de su carácter, retrasará el momento de satisfacer sus más anhelados deseos, ya que jamás se podrá destruir porque la fuente de su vida reside en su espíritu y éste es indestructible y eterno como el foco Sagrado del que descendió.

8. Raramente el suicida permanece mucho tiempo en la Espiritualidad. En función del daño producido, se reencarnará con rapidez o retrasará su vuelta a un cuerpo físico en el caso que existan circunstancias atenuantes que permitan su ingreso en cursos de aprendizaje educativos, que facilitaran las luchas futuras, favoreciendo su rehabilitación.

9. El suicida es como un clandestino de la Espiritualidad. Las leyes que regulan la armonía del mundo Invisible no admiten su presencia antes de la época fijada; y son tolerados, amparados y convenientemente encaminados porque la excelencia de esas mismas leyes, derramada del seno amoroso del Padre Altísimo, estableció que sean incesantemente renovadas las oportunidades de corrección y rehabilitación a todos los pecadores.

10. Renaciendo en un nuevo cuerpo carnal, se enfrentará de nuevo el suicida a la programación de los trabajos a los que imaginó erróneamente poder escapar por el suicidio; experimentará nuevamente tareas, pruebas semejantes o absolutamente idénticas a las que pretendió esquivar; pasará inevitablemente por la tentación del mismo suicidio, porque él mismo se colocó en esa difícil situación acumulando para la reencarnación expiatoria las amargas consecuencias de un pasado delictivo. Sin embargo, podrá resistirse a esa tentación, ya que en la espiritualidad fue debidamente aleccionado para esa resistencia. Si, no obstante, fallase por segunda vez –caso improbable–, se incrementará su responsabilidad, multiplicando la serie de sufrimientos y luchas rehabilitadoras, ya que es inmortal.

11. El estado indefinible, de angustia inconsolable, inquietud aflictiva, tristeza e insatisfacción permanente, las situaciones anormales que aparecen y permanecen en el alma, la mente y la vida de un suicida reencarnado, indescriptibles a la comprensión humana y sólo asimilables por él mismo, solamente le permitirán el retorno a la normalidad al terminar las causas que las provocaron, después de existencias expiatorias, donde sus valores morales serán puestos a prueba, acompañados de sufrimientos, realizaciones nobles y renuncias dolorosas de las que no se podrá librar... pudiendo exigir esa labor suya la perseverancia de un siglo de luchas, de dos siglos... tal vez más... según sea el grado de sus propios méritos y su disposición para las luchas justas e inalienables.

Esas conclusiones no nos permitían ilusionarnos acerca del futuro que nos aguardaba. Comprendimos muy pronto que, en la espinosa actualidad que vivíamos, sólo existía un camino como recurso a un porvenir más positivo cuya distancia no podíamos prever: Someternos a los imperativos de las leyes que habíamos infringido y seguir los consejos y orientaciones ofrecidos por nuestros amorosos mentores, dejándonos educar y guiar bajo sus altos criterios, como ovejas sumisas y deseosas de encontrar el supremo consuelo de un refugio..."

Si piensas en suicidio, pedimos que pare un segundo y, por favor, pincha en este enlace.
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Con mucho amor, respeto y, desde nuestra pequeñez ante la Verdad, os deseamos una semana productiva.


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