Convivencia Espírita CEADS 2018


Por Janaina de Oliveira

Dicen que no es difícil reunir personas, que lo difícil es unirlas. Es cierto. Impulsados por diferentes razones, podemos buscar el centro espírita en sus reuniones habituales. Algunos buscamos consuelo, afligidos por los dolores al alma; otros, respuestas, pues estamos llenos de inquietudes sobre la vida y la muerte; todos deseamos paz. Llegamos sedientos, escuchamos las conferencias, participamos en las clases de estudio, entrevemos las posibilidades de progreso que una postura moralmente más elevada podría suponer, a la vez que valoramos nuestra propia forma de vida, como que sopesando cuánto costaría alcanzar la transformación moral de cuya necesidad tomamos conciencia poco a poco. Mientras bebemos de la doctrina, empezamos a convivir con otras personas con quienes la vida ha querido que compartiéramos camino. ¿Casualidad? No. Sintonía, atracción mutua, magnetismo, convergencia.

Tal vez reconozcamos en estas personas la afinidad espiritual de las almas que se aman y se buscan en carne, así como en la espiritualidad. También puede ser que experimentemos la antipatía que señala los encuentros que necesitan rescate, propio de las almas que no supieron amar en el pasado, y reciben una nueva oportunidad en el presente. O simplemente nos encontramos porque nuestra trayectoria pasada, así como las posibilidades que ofrece el centro espírita en el presente, nos hacen coincidir aquí y ahora. ¿Y luego qué?

A este gran encuentro, todos venimos con la mochila completa. En el equipaje, no traemos sólo nuestras buenas intenciones y cualidades. También traemos nuestros miedos, traumas e imperfecciones. Nuestro centro espírita quiere ser un espacio para el aprendizaje del amor y de la Doctrina Espírita. Para ello, no vale sólo con estudiarla Doctrina, aunque esta sí es una parte esencial; no vale sólo con venir al centro, aunque es preciso para recorrer el camino juntos; no vale sólo con trabajar, si no se hace desde la humildad y por amor.

Por todo ello, pensamos que crear espacios de convivencia, como el que hicimos los días 25 a 27 de mayo, son importantes. En las rutinas del centro, no hay mucho tiempo para conversar, conocer al otro, abrirse uno mismo. Dormir y despertar bajo el mismo techo, compartir la mesa de la comida, tener momentos de ocio juntos puede acercar corazones, uniendo los que ya habitualmente nos reunimos en el Centro Espírita. Este fin de semana de mayo, en una casa rural que no podría ser más acogedora y bella, a la vez que sencilla y organizada, disfrutamos de ser familia, con todo lo que ello implica. Nos acogimos unos a otros, al completo, con las mochilas bien cargadas. Nos vimos, nos reconocimos y marchamos renovados por la experiencia de dar y recibir. Nos sentimos unidos por el ideal espírita, aunque ese fin de semana, no estudiamosel Espiritismo.



Ya dejamos Can Julià reservado para mayo de 2019. 
¡Ojalá seamos muchos más el año que viene!

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