sábado, 22 de septiembre de 2018

Reencarnación en el Evangelio


Por Flávia Roggerio


Dando continuidad al tema de la reencarnación, en esta edición profundizaremos en el abordaje del tema desde el punto de vista del Evangelio.

Jesús fue el ser que enseñó la reencarnación con la mayor contundencia de todos los tiempos. Aunque él hablaba arameo, un dialecto con un vocabulario muy limitado, en el que un mismo término admite distintos significados, en todo el Evangelio predica la resurrección, tanto de la carne como del espíritu.

La resurrección de la carne debe entenderse como reencarnación. En su diálogo con Nicodemo dice «En verdad, en verdad os digo, que nadie podrá ver el reino de Dios si no naciere de nuevo». Indaga entonces Nicodemo: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer de nuevo?». Y explica nuevamente Jesús: «Si un hombre no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el  reino de Dios. Lo que es nacido de carne, carne es y lo que es nacido de Espíritu, Espíritu es. No te maravilles, de que te dije: Os es necesario nacer otra vez. Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede suceder esto?» Y Jesús contestó: «¿Tú eres maestro de Israel e ignoras estas cosas? Si no me creéis cuando os hablo de las cosas terrenales, ¿cómo me creeréis si os hablo de las cosas del cielo?» (Juan, cap. 3, v. del 1 al 12).

Cuándo Jesús anunció «nadie puede ver el reino de Dios si no naciere de nuevo», se estaba refiriendo a la reencarnación. En base a que el Espíritu no alcanza en una sola existencia la gloriosa condición angélica y no percibe inmediatamente el «reino de Dios», de ahí que necesita muchas vidas. Lenta y constantemente el Espíritu comienza a progresar a través del propio esfuerzo, para integrarse a la vida elevada. He ahí  porqué Jesús anunció categóricamente «nadie puede ver el reino de Dios si no naciere de nuevo».

La reencarnación es necesaria para la evolución del espirito que, cuanto más evolucionado, más se acerca al reino de Dios. La reencarnación formaba parte de los dogmas judaicos bajo el nombre de resurrección. En Juan, cap. 3, v. 1 a 15 está narrado con detalles el diálogo que Jesús mantuvo con Nicodemo, miembro del Sanedrín y maestro de Israel, explicándole la necesidad de nuevas existencias para entrar en el reino de Dios.


Explicando un poco la Evolución

Así como el cuerpo pasa de la niñez a la fase adulta y después a la viejez, la vida del Espíritu también pasa por transformaciones a lo largo del tiempo, que es diferente al del mundo material. «La vida del Espíritu recorre en conjunto las mismas fases de la vida corporal. Pasa gradualmente del estado de embrión al de infancia, para llegar por una serie de períodos hasta al de adulto, que es el de la perfección; (...) realiza su progreso no en un solo mundo, sino pasando por diversos mundos».

Lamentablemente los hombres no han sabido interpretar correctamente los pensamientos y principios de Jesús. Un buen ejemplo de esto es el concepto que dice, «si el hombre renace de agua y del Espíritu…», ¿Se está refiriendo al proceso del bautismo? ¡No! Bajo tal simbólico concepto se estaba refiriendo a la reencarnación. De esta forma explicaba que si un hombre no renace del agua es evidente que no tendría cuerpo físico, puesto que el cuerpo humano es aproximadamente un 70% agua. Esta interpretación está, adicionalmente, justificada con estas palabras: «Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de Espíritu, Espíritu es». Jesús hace aquí una distinción positiva entre el Espíritu y el cuerpo. «Lo que es nacido de carne, carne es». Él indica claramente que el cuerpo sólo procede del cuerpo y que el Espíritu es independiente del cuerpo. De ahí los lazos que nos unen tan amorosamente a otros seres que no son de nuestra familia de sangre. Allan Kardec, el codificador de la Doctrina Espirita, explica que antiguamente se sabía que el agua era el elemento generador absoluto. De este modo, no quiere decir el agua del bautismo. El agua venía a ser el símbolo de la naturaleza material, como el Espíritu era el de la naturaleza inteligente. Las palabras: «Si el hombre no renace de agua y del Espíritu, o en agua y en Espíritu», significan, pues: «Si el hombre no vuelve a nacer de cuerpo y alma». En este sentido fueron comprendidas originalmente.

Todo se encadena en la naturaleza desde el átomo primitivo hasta el arcángel, que a su vez ha empezado por ser átomo. Recordemos el episodio en que Jesús asevera que Juan Bautista (izquierda) es la reencarnación de Elías (derecha).«Sus discípulos le preguntaban: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga antes? Jesús les respondió: «Es verdad que Elías debe venir y restablecer todas las cosas; más yo os declaro que Elías ya vino, y no lo reconocieron, más hicieron con él todo lo que quisieron». Entonces sus discípulos entendieron que les estaba hablando de Juan el  Bautista». (Mateo cap. 17, v. 10 al 13 - Marcos cap. 11, v. 9 al 13).

La reencarnación puede ocurrir en diferentes mundos y en distintos tiempos. La terrestre no es la primera y seguramente no será la última; podemos decir, eso sí, que es una de las más materiales y lejanas de la perfección. La reencarnación es la “herramienta” que nos fue regalada para poder progresar. Cada nueva reencarnación es una nueva oportunidad de hacer más y mejor, de aprender, de enseñar….de dar un paso más hacia el reino de Dios.

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