jueves, 24 de febrero de 2011

La Filosofía del Dolor, con Fernando Espelho

Familia de mi corazón,

El martes, como os había anunciado, nos visitó Fernando Espelho, con la conferencia “Filosofía del dolor”. La última vez que nos visitó el blog aun no existía, pero podéis encontrar la crónica de su conferencia en nuestra querida revista Visió Espírita 2, que en aquel entonces daba sus primeros pasos. Ver y escuchar a Fernando hace un desear ser mejor persona. Su sencillez y serenidad son inspiradoras, sus palabras nacen del interés exclusivo de guiarnos en nuestra caminada evolutiva.

Os cuento. Fernando empezó su charla recordándonos que todos somos de Dios, todos somos servidores de la obra de Dios. Des del más inteligente, hasta el más sencillo; des del más imponente, has el más humilde, todos tenemos un rol en la obra del Creador y tendremos que rendir cuentas de las responsabilidades que nos fueron confiadas en esta vida. Algunos tenemos responsabilidades relacionadas a la autoridad, al poder económico, a la orientación de otros compañeros de caminada – hijos, estudiantes, fans, etc.-, pero sin duda, una responsabilidad que todos sin excepción compartimos es aquella relacionada a nuestro cuerpo físico. “El Cuerpo, nos dijo Fernando, es la casa del alma”. Todo lo que lo compone, sangre, piel, nuestros órganos, etc., todo está bajo el comando de la mente.

Informaciones del plan espiritual nos instruyen sobre la naturaleza de los desequilibrios de la salud. Nos cuentan los espíritus que un número diminuto de enfermedades se generan en nuestro cuero físico que no sean deflagradas por desequilibrios de orden espiritual. La enfermedad, por tanto, es un síntoma, y su origen se encuentra en el espíritu. ¿Y qué puede hacer enfermar al espíritu?, nos podríamos preguntar… Pues nos contó Fernando que hay aquellas enfermedades que tienen raíces en el pasado del alma, en vidas pretéritas, y las hay que tienen origen en las emociones y desvíos de la vida presente.

Aquí cabe hacer la advertencia de que, pese a que hablamos de forma general para efectos de estudio del tema, CADA CASO ES UN CASO. Alfredito contó nada menos que 7 veces que lo dijera Fernando y es posible que luego lo repitiera otras veces más. Hablar de enfermedades físicas o mentales puede ser un tema extremadamente doloroso para las personas que están enfermas. Cada espíritu tiene su historia, su compromiso y su responsabilidad, que solo son conocidos y comprendidos en su totalidad por el Creador.

Dicho esto, podemos entender que las enfermedades congénitas y las deficiencias físicas y mentales son el reflejo de acciones infelices practicadas por el espíritu en el pasado. No se trata de un castigo - como los más influenciados por la mentalidad judaico-cristiana podríamos creer -, sino de una relación de causa y efecto. Todas nuestras actitudes y pensamientos, para bien y para mal, dejan impresas en nuestro cuerpo espiritual la historia de nuestros logros y fracasos morales. Si recordamos, como nos enseña la doctrina, que no basta con arrepentirse, hay que expiar y reparar nuestros errores, pasaremos a entender las enfermedades congénitas como lo que realmente son: una oportunidad de quitar deudas (expiación) y recomponer el cuerpo espiritual que resiente nuestras equivocaciones. La parte de la reparación, como nos explicó Fernando, empieza cuando un espíritu que en el pasado se dedicó a desviar almas del camino del bien, por ejemplo, pasa a dedicarse a la educación para orientar a los mismos espíritus que, en otras oportunidades, había ayudado a conducir a los caminos dolorosos del egoísmo, la sensualidad, etc.

Aparte de estas enfermedades que tienen sus raíces en el pasado, también encontramos las que son reflejos del presente. No hablaremos que aquellas que surgen a consecuencia del abuso del alcohol, tabaco, drogas, alimentación equivocada o precaria… Nos centraremos en aquellas que innúmeras veces no tienen un diagnóstico en la medicina convencional, dejando perplejos a médicos y pacientes. Surgen a consecuencia de emociones, sentimientos y pensamientos inferiores, como el rencor, la envidia, el deseo de venganza, que pueden aflorar en nivel consciente o inconsciente. Estas enfermedades son síntomas de que hemos de cambiar algo en el amago del espíritu y requieren gran humildad para su superación.

La verdad es que, viviendo en un planeta aun caracterizado por las pruebas y expiaciones, caminamos hacia la luz en compañía del dolor… ¿Haríamos caso a los mensajes de amor? Cada uno que lo conteste en el íntimo de su corazón. Ahora, esto sí, tengamos muy presente la advertencia de Fernando Espelho: “El dolor no redime, no salva y no rescata”. Lo que hace el dolor es señalar que algo debe cambiar en la vida del ser humano, como un mensaje a recordarnos de nuestros compromisos y responsabilidades.

Fernando nos recomienda que tengamos paciencia con los demás y con nosotros mismos, porque tenemos una centella divina, somos únicos y estamos predestinados al progreso. No hemos de tener prisa. La ansiedad, el control mental y emocional, como me dijo a mí personalmente, son trabajos artesanales que aprendemos a través de la eternidad. Solo ahora que escribo estas líneas, entiendo lo que me dijo Fernando, cuando le pedí una receta para el control de la mente... Me dijo que cuando él se lo pidió a los amigos espirituales, le presentaron una obra tallada en madera a perfección. Me decepcioné un poco con las respuesta, porque pensé que me iba a decir: Paso número 1, paso número 2… Pues no. El espíritu que tallara la pieza que vio Fernando en su mente habrá dedicado muchos años al aprendizaje del oficio, habrá tallado muchas piezas imperfectas, habrá tenido muchos maestros… espíritus en perfeccionamiento, como nosotros, no hacemos obras perfectas, pero hemos de esforzarnos para poder tallarlas algún día.

Uuuuii, cómo me he enrollado... Os dejo aquí, esta imperfecta obra de amor. Como la práctica y el deseo de progresar son el camino hacia la perfección, con paciencia llegaremos todos.

Cariños de la hermana menor,

Janaina

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