domingo, 13 de octubre de 2013

La destrucción bajo la óptica Espírita

Hola familia,

Ayer, en nuestro querido local, pese a que fuera festivo volvimos a tener la casa llena. Con alegría nos reunimos cerca de 30 encarnados para el estudio de una ley cósmica: la destrucción. A menudo la forma de pensar de nuestro tiempo, nuestra experiencia en el mundo material, nuestros miedos y necesidades condicionan nuestra manera de concebir las cosas. Por ahí empezamos: ¿Qué es la destrucción? ¿Cómo la vemos? Estas fueron las preguntas que abrieron la sesión de estudio. Las respuestas fueron… La destrucción es ACABAR CON ALGO, HACER EN PEDAZOS; EL FIN; ANIQUILAMIENTO; UNA TRANSFORMACIÓN; ALGO VIOLENTO; ALGO EN CONTRA DE LAS LEYES DE DIOS; MORIR.

A partir de ahí nos dedicamos a la lectura de las preguntas 728 a 736 de El Librode los Espíritus. Nos separamos en grupos y trabajamos diferentes aspectos de la destrucción, profundizando en el sentido de esta ley natural. Los aspectos de la destrucción trabajados por los grupos fueron:

De su finalidad
«Preciso es que todo se destruya para renacer y regenerarse. Porque lo que llamáis destrucción no es más que una transformación, que tiene por finalidad la renovación y mejoramiento de los seres vivos. (...)»

Se entiende, a partir de las enseñanzas de los espíritus, que la destrucción es parte de la ley natural y tiene por finalidad la evolución de toda la creación. La renovación y la mejora continua de los cuerpos físicos y del principio espiritual son una consecuencia de la destrucción. La visión materialista del tema sólo ve el aniquilamiento de los cuerpos físicos o la destrucción de estructuras, pero las enseñanzas de los espíritus nos instruyen a comprender la imposibilidad del aniquilamiento del espíritu, que debe progresar incesantemente.

Del instinto destructivo
« (...) Para alimentarse los seres vivos se destruyen recíprocamente, destrucción ésta que obedece a un doble fin: mantener el equilibrio en la reproducción, que podría llegar a ser excesiva, y la utilización de los despojos del envoltorio exterior que sufre la destrucción. (...)»

Es necesaria la lucha para el desenvolvimiento del Espíritu. Es en la lucha éste ejercita sus facultades. Tanto el que ataca en busca de alimento como el que se defiende para conservar la vida hacen uso de habilidad e inteligencia, aumentando, en consecuencia, sus poderes intelectuales. Uno de los dos sucumbe, pero en realidad, ¿qué fue lo que el más fuerte o más diestro quitó al más débil? ¿El envoltorio de carne, nada más; con posterioridad el Espíritu, que no murió, tomará otro.» «En los seres inferiores de la creación, en aquellos en quienes todavía falta el sentido moral, en los cuales la inteligencia todavía no sustituyó el instinto, la lucha no puede tener por móvil sino la satisfacción de una necesidad material. Luego, una de las más imperiosas de esas necesidades es la de la alimentación. Luchan, pues, únicamente para vivir, es decir, para hacer o defender una presa, visto que ningún móvil más elevado podría estimularlos. Es en ese primer período que el alma se prepara y ensaya para la vida. (...)»

Del abuso de la destrucción

« (...) Toda destrucción que excede los límites de la necesidad constituye una violación a la ley de Dios. (...)»

En su estado evolutivo actual el hombre solamente es eximido de la responsabilidad de destrucción de otros seres vivos, animales o vegetales, en la medida en que tenga que proveer a su sustento y garantizar su seguridad. Fuera de eso, cuando, por ejemplo, se obstina en cazar por el simple placer de destruir, o en deportes mortíferos como las corridas de toros, el «tiro a la paloma», etc., tendrá que rendir cuentas a Dios por ese abuso que revela, además, el predominio de sus malos instintos. (...)»

Del miedo a la muerte

El hombre teme, instintivamente, a la muerte porque «(...) Dios le dio el instinto de conservación, instinto que lo sostiene en las pruebas. De no ser así, muy frecuentemente se entregaría al desánimo. La voz interior que lo induce a rechazar la muerte, le dice que todavía puede realizar alguna cosa por su progreso. (...)»

 El temor a la muerte «(...) es un efecto de la sabiduría de la Providencia y una consecuencia del instinto de conservación común a todos los seres vivos. (...) A medida que el hombre comprende mejor la vida futura, el temor a la muerte disminuye; una vez comprendida su misión terrenal, aguarda su fin con calma, resignación y serenidad. (...)» Para liberarse del temor a la muerte es necesario poder encararla desde su verdadero punto de vista, es decir, haber penetrado con el pensamiento en el mundo espiritual, formándose de él una idea tan exacta como sea posible, lo que denota de parte del Espíritu encarnado un cierto desenvolvimiento y aptitud para desprenderse de la materia.

Los grupos intercambiaron componentes y mantuvieron un rico debate acerca de los diferentes aspectos de la destrucción, bajo la óptica de la Doctrina Espírita. Volviendo al grupo, una vez más preguntamos ¿Qué es la destrucción? ¿Cómo nos propone la Doctrina Espírita que la encaremos? Esta vez las palabras que salieron tenían un matiz distinto: La destrucción es NECESARIA; NATURAL; UNA RENOVACIÓN; CONTINUA; TRANSFORMACIÓN; RESPETO; ATENCIÓN; EVOLUCIÓN; CAMBIO; LEY DIVINA.

Creo que se nota el cambio que hemos experimentado durante la discusión de la tarde de ayer. Pidamos a la espiritualidad amiga que nos ayude a aceptar la destrucción que se produce en nuestras vidas, comprender su propósito y superar el miedo que nos produce por el instinto de preservación. Demos las gracias al Maestro, luz y guía de la humanidad, que no cesa de confiar en nuestra capacidad individual y colectiva de renovación y evolución.


Cariños de la hermana menor

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