viernes, 30 de octubre de 2015

Reconciliación consigo mismo, con la familia y con Dios

¡Hola familia!

el pasado martes tuvimos la alegría de recibir a Andrei Moreira en nuestro centro, presentándonos la conferencia “Reconciliación consigo mismo, con la familia y con Dios”. Aproximadamente 80 personas acudieron a CEADS para escuchar a este trabajador del bien. Fue una noche muy especial, llena de profundos aprendizajes y mucha luz.


Conocíamos a Andrei en su faceta más científica o médica hablando de los centros de fuerza, la acción del pensamiento en la salud y en la enfermedad y la homosexualidad. Esta vez tuvimos la oportunidad de ver a un Andrei más filosófico, invitándonos a dirigir nuestra mirada hacia la enfermedad original del hombre, la desconexión creatura-Creador, y para la medicación, la reconciliación con la fuente cósmica de poder interno, Dios en cada uno de nosotros. En la visión espírita, cualquier tipo de desequilibrio físico, emocional o psíquico es un síntoma de esta enfermedad fundamental de la que nos habló Andrei. Haciendo mal uso del libre albedrío, nos oponemos la ley natural y sufrimos las consecuencias. Las leyes, como nos dijo Andrei, no contemplan opiniones. La ley de la gravedad me puede gustar más o menos; puedo estar más o menos de acuerdo con las leyes de la termodinámica, pero el universo no me pide permiso para funcionar de una manera o de otra. La ley natural, cuya expresión máxima es el amor irrestricto y absoluto, rige toda la creación. Cada vez que desesperamos esta ley, hacemos opciones que nos alejan de la paz y la felicidad interiores. Estas actitudes las podemos haber realizado en encarnaciones pasadas o en la presente encarnación. Todos los que sentimos que hay aspectos de nuestras vidas que todavía nos provocan desequilibrios físicos, emocionales o psíquicos debemos buscar la reconciliación para poner en marcha un movimiento de acercamiento a la ley natural.

La parábola del hijo pródigo se puede entender como el arquetipo de la desconexión y de la reconexión con el creador. En el hijo más joven, Jesús nos habla de las personas que por rebeldía se alejan de la ley natural, cayendo en actitudes de desamor hacia uno mismo a través de las adicciones o el materialismo; en el hijo mayor, Jesús nos hace reflexionar sobre las personas supuestamente religiosas que no integran la dimensión espiritual en una vivencia más amorosa. Reconciliarse con Dios, aceptando que lo que necesitamos, y no lo que deseamos, es lo que nos hace falta para evolucionar. Si vivimos orientados por nuestros deseos, dejamos que el vacío interior conduzca nuestra vida. Nos centraremos siempre en lo que nos hace falta, deseando cada vez más tras la satisfacción de cada deseo. Si alguna vez nos recordamos de Dios en este caso, será como una especie de mayordomo. “Necesito esto, dame lo otro, ayúdame a solucionar tal cosa, quita tal persona de mi camino, soluciona tal problema, cura mi herida emocional…”. La verdad es que nos cuesta mucho integrar la diferencia entre deseo y necesidad. Más todavía nos cuesta aceptar que muchas veces lo que necesitamos no es lo que deseamos y vice-versa. El sufrimiento que nace de esta ausencia de aceptación nos impide ver que el hombre no es lo que le falta, sino lo que retiene. Cuando nos gobiernan nuestros deseos, nadamos contra corriente. La vida, en una visión reencarnacionista, es justa y nos da lo que necesitamos: una familia, una condición socioeconómica, potencialidades y también obstáculos a vencer.


Tener el deseo como timón es permitir la fragmentación, la desconexión con la ley divina, natural. Los síntomas son la depresión, las angustias, sentimiento de abandono o soledad. ¿Por qué? Porque cada una de estos desequilibrios denota ausencia de fe en la vida, incapacidad de entrega y confianza en el Creador. Si uno quiere controlar su vida, se fija en sus deseos y, cuando no los ve realizados, permite que se instale la insatisfacción que le desconecta de la fuente cósmica de justicia. Si, por otro lado, confiamos en la vida, aceptamos los obstáculos como una necesidad de reajuste de nuestra existencia y procuramos aumentar nuestra capacidad de entrega, fluímos en armonía con los planes que el amor cósmico tiene para nuestras vidas. La fe no es la ausencia de actitud, el abano de uno mismo. Tener fe es entregarse a la vida, de forma pro-activa, trabajando en conjunto con la vida para transformar lo que está en mi poder para mejor, y entregando lo que está más allá de mi control con confianza a la justicia cósmica. Arrogancia y vanidad son también síntomas de desconexión. Cuando estamos en el fondo del pozo, la medicina es la fe, la entrega, la confianza.

¿Pero cómo hacerlo? Si me invade la tristeza o la rabia, si miro todo lo que hay en mi vida y lo primero que se me ocurre es que Dios, si existe, se equivoca rotundamente… ¿Como tener fe o confianza? ¿Cómo tener una actitud de entrega cuando todo se viene abajo?

CAMBIANDO NUESTRA INTERPRETACIÓN.

No estamos determinados por lo que nos sucede, sino por cómo comprendemos lo que nos sucede. Si pensamos que son sufrimientos e injusticias, profundizamos en la fragmentación. Si lo interpretamos como procesos o desafíos que debemos superar para armonizarnos con la ley cósmica, nos reconectamos a nuestra fuerza interior.


Las dificultades y obstáculos a los que nos enfrentamos son interpretados como padecimientos en actitud de fragmentación. Las mismas dificultades y obstáculos son interpretadas como un ejercicio de dignidad en el movimiento de reconexión con la fuente cósmica.

Cuando optamos por la interpretación de que todas las situaciones difíciles de nuestras vidas son ejercicios de dignidad, nos reconciliamos con Dios.

Con la familia, y en particular con nuestro padres, nos reconciliamos cuando aceptamos que son la proyección de Dios en nuestras vidas. Nos dieron la vida y con este acto de amor nos lo dieron todo. Es posible que tras este acto de amor se hayan equivocado mucho, no nos hayan dado lo que queríamos. Seguir en esta linea es mantener la mente fija en el deseo, no en la necesidad. Para nuestro progreso, necesitábamos a estos padres, tal y como son. ¿Cuando tiene un hijo derecho a sentirse dolido con sus padres? NUNCA. Porque le dieron la vida y la vida lo es todo. Lo que no le dieron o el daño que le hayan hecho es consecuencia de la ley de causa y efecto, es decir, situaciones que cada uno ha atraído a su vida con el uso que hace o ha hecho del libre albedrío. ¿Es suficiente con perdonarles? No, porque no hay nada que perdonar. Lo que hay que hacer es desistir de juzgarles. Cuando nos reconciliamos con nuestros padres y familiares de esta manera, aceptamos todas las situaciones de nuestra vida como un ejercicio de dignidad. Esto nos reconecta a la fuente interior de poder, que es Dios en nosotros.

Aceptarse a uno mismo, reconciliarnos con quienes somos, es parte de la misma dinámica. Lo que no sabemos hacer, no tenemos o no somos capaces es lo que nos falta. Si nos centramos ahí, profundizamos en la fragmentación. Volver a casa, como hizo el hijo pródigo, supone rehacer el camino que nosotros mismos hicimos al marchar. Nos reencontramos en la “vuelta a casa” con nuestros errores. Enfrentarnos a ellos como ejercicios de dignidad, sin auto-piedad, es esencial para la conquista de la felicidad.


La interpretación de la vida y sus cuadros es lo que nos condiciona, no los hechos. Prueba de ello es que para uno, algo que consideramos pequeño le puede hundir, mientras que algo que no podríamos soportar no es más que una relativa adversidad en el camino del otro. Podemos seguir interpretando las dificultades de nuestra existencia como sufrimientos que nos ha impuesto un Dios tacaño, unos padres poco afectuosos o una personalidad con tendencias depresivas. Si lo hacemos, nos alejamos cada día más de la armonía con la ley cósmica de amor y salud. Otra opción es interpretar a las dificultades y obstáculos como ejercicios de dignidad, que nos convocan a desarrollar las potencias del alma. La calma y la tranquilidad que viene de esta opción promueven la reconexión y la cura de la enfermedad esencial del hombre.

Como podéis comprobar, fue una tarde magnífica. Sólo le podemos dar las gracias a nuestro amigo Andrei, que viene de lejos sembrar dignidad en nuestros corazones. ¡Qué vuelva muchas veces!


Cariños de la hermana menor 

jueves, 29 de octubre de 2015

Mediumnidad en la infancia

Hola familia,

el sábado en la clase de ESDE nos dedicaremos al interesante tema de la mediumnidad en la infancia.

Para que empecéis a entrar en materia, os avanzo el contenido básico de la clase. ¡Nos vemos en CEADS!

Cariños de la hermana menor


¿Hay algún inconveniente en desarrollar la mediumnidad en los niños?
Por cierto que sí, y sostengo que es peligroso porque esas organizaciones débiles y delicadas sufrirían por ese hecho grandes perturbaciones, y las respectivas imaginaciones una excesiva excitación. Los padres prudentes deben apartarlos de esas ideas o no hablarles del tema sino desde el punto de vista de las consecuencias morales. Allan Kardec. El Libro de los Mediums. Capítulo XVIII. Ítem 221. 6ª Pregunta.

Si en un niño la facultad se manifiesta espontáneamente, es porque está en su naturaleza y su constitución orgánica se presta para eso. Pero no sucede lo mismo cuando se la provoca o sobreexcita. Allan Kardec. El Libro de los Mediums. Capítulo XVIII. Ítem 221. 7ª Pregunta.

¿A qué edad se puede ejercer la mediumnidad sin inconvenientes?
No hay una edad precisa; todo depende del desarrollo físico y más aún, del desarrollo moral. Allan Kardec. El Libro de los Mediums. Capítulo XVIII. Ítem 221. 8ª Pregunta.

La práctica del Espiritismo (...) exige mucho tacto para inutilizar las tramas de los Espíritus
embaucadores. Si éstos engañan a los hombres formados, es claro que engañarán a la infancia y a la juventud que están más expuestas a ser víctimas de ellos. Además, se sabe que el recogimiento es una condición sin la cual no se puede tratar con Espíritus serios. Las evocaciones realizadas frívolamente y por diversión son una verdadera profanación que facilita el acceso a los Espíritus burlones o malhechores. Ahora bien, como de un niño no se puede entregado a sí mismo. Allan Kardec. El Libro de los Mediums. Capítulo XVIII. Ítem 221.


Son innumerables los recursos de amparo a los niños que poseen mediumnidad: la oración a favor de los Espíritus que intentan acercarse a ellos; pases; la concurrencia a clases de educación espírita para niños y niñas; la oración en conjunto en el hogar acompañada por el estudio del Evangelio.

miércoles, 28 de octubre de 2015

domingo, 25 de octubre de 2015

La mediumnidad de fectos intelectuales

Hola familia,

ayer en CEADS volvimos al estudio de los tipos de mediumnidad de efectos intelectuales. El texto de referencia sigue siendo el de hace dos semanas, pero esta vez os dejo también el power point que usamos en clase, que hace buen resumen de lo visto en esta dos clases del ESDE.

Médiuns somos todos, porque somos espíritus encarnados y tenemos, por esta razón, la capacidad, más o menos ostensible de comunicarnos con los espíritus desencarnados. De modo más específico, sin embargo, solemos denominar médiuns a aquellas personas que, como dice el codificador en el Libro de los Espíritius, puedes ser “medios o intermediarios entre los Espíritus y los hombres. Las condiciones que dan esa fuerza especial proceden de causas al mismo tiempo físicas y morales, imperfectamente conocidas todavía, porque hay médiums de todas las edades, de ambos sexos y en todos los grados de desenvolvimiento intelectual.

Como en las últimas semanas hemos estado hablando de los tiempos de mediumnidad, creo que es conveniente hablar de qué consideramos un “buen médium” en la Doctrina Espírita. ¿Será el que se comunique más fácilmente con los espíritus? ¿Será el vidente? ¿El que nos puede dar informaciones más precisas sobre algún hecho relacionado a nuestras vidas privadas? He aquí qué dicen los espíritus a kardec en el Libro de los Médiuns cuando les pregunta cuál es el médium que podríamos llamar perfecto.

"iPerfecto! iAh! vosotros sabéis que la perfección no está sobre la Tierra; de otro modo no estaríais en ella; di, pues, médium bueno, y esto será ya mucho, porque son raros. El médíum perfecto seria aquel a quien los malos Espíritus no se hubieran ‘atrevido' jamás a hacer una tentativa para engañarle; el mejor es aquel que, no simpatizando, sino con buenos Espíritus, ha sido engañado menos veces.”

Kardec les sigue interrogando a los espíritus sobre el tema:
10. ¿Si no simpatiza sino con buenos Espíritus, cómo éstos pueden permitir que sea engañado?

"Los buenos Espíritus lo permiten algunas veces con los mejores médiums para ejercitar su juicio y enseñarles a discernir lo verdadero de lo falso; además, que por bueno que sea un médium nunca es tan perfecto que no pueda dar lugar a ser atacado por algún flanco débil; esto debe servirle de lección. Las falsas comunicaciones que recibe de vez en cuando son advertencias para que no se crea infalible y no se enorgullezca, porque el médium que obtiene las cosas más notables no puede envanecerse por ello, pues le sucede como al que toca el organillo, que produce muy buenos aires dando vueltas al manubrio de su instrumento.”
¿Qué hacer entonces para contactar únicamente con los buenos espíritus? ¿Cómo conseguir que los superiores se interesen por comunicarse a través nuestro? Esto es lo que que quiere saber Kardec. respuesta de los espíritus no deja margen a dudas:
11. ¿Cuáles son las condiciones necesarias para que la palabra de los Espíritus superiores nos llegue pura de toda alteración?

"Querer el bien, desterrar el 'egoísmo' y el 'orgullo', lo uno y lo otro es necesario.”
Recordamos aquí una vez más la recomendación evangélica que encontramos en Juan 4, 1-6:
"Probad a los espíritus para saber si son de Dios."
No nos cansamos de repetir: no porque recibimos información del plano espiritual, ésta es verdadera. Hay que analizarla siempre bajo la lógica y con sentido común. Los desencarnados son seres humanos como nosotros, pero desprovistos de sus cuerpos espirituales. Sus intereses pueden ser elevados o inferiores, sus intenciones buenas o malas, sus palabras ciertas o mentirosas. Así como pasamos toda la información que recibimos de un amigo, compañero de trabajo o familiar por el cribo de la razón, lo mismo debemos hacer con cualquier comunicación mediúmnica recibida.


Por último, CEADS os invita a la conferencia que tenderemos el próximo martes 27/10 a las 20:00 en CEADS, a cargo de Andrei Moreira, médico espírita, médium un excelente conferenciante. El tema que tratará, 

Reconciliación con uno mismo, con Dios y con la familia

¡Que nos es poco! Esperamos a Andrei y a todos con gran ilusión.


Cariños de la hermana menor

viernes, 23 de octubre de 2015

Hastío de la vida


Hastío de la vida: Suicidio 
Andrea Campos

Hablar del suicidio no es nada fácil. Tocamos de muy cerca el alma de una persona, su vida, sus experiencias, sus decepciones y su manera de afrontar el dolor. No soy del área de la salud, ni experta en el tema, tampoco entiendo todo el proceso físico-espiritual del proceso de depresión y angustia previa hacia el pensamiento y planificación de quitarse la vida, pero he encontrado en la Doctrina Espírita esperanza y comprensión para afrontar mis dolores personales.


Imagen: cortesía de Stuart Miles en freedigitalphotos.net
Y nada más correcto compartir con más personas esas enseñanzas de amor, respeto y libertad que he aprendido y que me han ayudado a levantarme de tantas caídas y saltar muchos baches en esta existencia.
Para hablar de manera sencilla hay que recoger una literatura directa que no esconde nada, que está abierta a todos los que quieran leer y comprender la grandeza de la vida, sus pruebas y sus responsabilidades.
El Libro de los Espíritus, en el Libro Cuarto- Esperanzas y consolaciones, Capítulo I – Penas y goces terrestres, encontramos el ítem “Hastío de la vida – Suicidio”, con 14 preguntas y respuestas sobre el suicidio. Os invito a leerlos y reflexionar bajo la óptica del amor del Creador, de la vida eterna, sobre cada uno de las respuestas.

Nos dicen los buenos espíritus orientadores de la codificación espiritista que el disgusto por la vida física puede ser causado por la ociosidad, por la falta de fe y por la saciedad. Podemos aprovechar nuestras aptitudes naturales para amar y hacer buen uso de nuestras experiencias para que podamos soportar las vicisitudes de manera más pacífica.
Aunque el Creador nos dio el libre arbitrio para elegir nuestro propio camino, no significa que no debamos seguir unas leyes físicas básicas que cuando  nos las saltamos sufrimos las consecuencias de nuestro propio juicio. Esas leyes de amor, física y básicas; existen para que podamos desarrollarnos como seres, que podamos aprender con el amor, para protegernos de nosotros mismos, de nuestra inmadurez evolutiva.
Así que: no tenemos el derecho de disponer de nuestra propia vida sin sufrir algunas consecuencias físico-espirituales. No es castigo; porque el sufrimiento jamás será eterno pero tenemos una penalización por haber perdido esta oportunidad en la carne de aprender y enseñar.
“…bienaventurados los que las padezcan sin murmurar, porque serán recompensados por ello!...”

Foto: cortesía de arztsamui en freedigitalphotos.net
Los buenos guías espirituales no dejan fácil la lectura de esos ítems. Son duros y severos, pero por motivos obvios de protección hacia todos los seres humanos. Nos llaman la atención, aunque, a veces, nos atemoriza; pero es con la misión de evitar a toda costa la pérdida de una sola vida.
Sabemos que la mayor sorpresa de un hermano o hermana que se marcha por la puerta larga del suicidio es depararse con que la vida no se acaba, que el dolor sigue existiendo y mucho mayor.

La vida en el cuerpo físico es pasajera y primordial para nuestra evolución pero la verdadera vida es la vida del espíritu, en el otro plano, libre de la carne pero no de sí mismo y de sus experiencias.

Para finalizar, he preferido coger como conclusión las palabras de Herculano Pires y su maravillosa reflexión sobre las enseñanzas espíritas y del codificador Kardec, evitando alterar el entendimiento con mis palabras de espíritu todavía en evolución:
“El argumento espírita contra el suicidio no es sólo moral, como se observará, sino también biológico, afirmándose en el principio de ligazón entre el Espíritu y el cuerpo.
La muerte, como fenómeno natural, tiene sus leyes, las cuales el Espiritismo descubrió por medio de una rigurosa investigación. 
El sufrimiento del suicida se produce por la arbitraria violación de esas leyes: es como arrancar por la fuerza una fruta verde del árbol. Las estadísticas demuestran que la incidencia del suicidio es mayor en los países y las épocas en que la ambición y el materialismo se acentúan, provocando más abusos y la excitación de las pasiones.
La falta de una organización social justa y de una educación para todos es la causa de los crímenes y los suicidios (…) abolid los abusos de vuestra sociedad y vuestros prejuicios, y no tendréis ya suicidios”.
Caminamos hacia un mundo de regeneración, de entendimiento del aquí y de las consecuencias en el mañana, nos queda un largo camino pero siempre hay una salida, hay personas allí fuera que están dispuestas a ayudarnos.

Si tienes alguna duda o necesita hablar del tema, llama al Teléfono de la Esperanza 902 500 002 o contacta con nosotros a través del teléfono 665 312 687.

Espera, trabaja y confía

Espera, trabaja y confía
 (Janaina Minelli)

La calma y la resignación, resultantes de la manera de considerar la vida terrestre y de la fe del porvenir, dan al espíritu una serenidad que es el mejor preservativo contra la locura y el suicidio.

Cap.V - Bienaventurados los  afligidos. El Evangelio según el Espiritismo

Carmen Tejedor, psiquiatra con larga experiencia en la  prevención del suicidio en España, afirmó al diario La Vanguardia que nunca había encontrado libertad en un suicida. ¿Por qué lo decía? Mucha gente cree que el suicidio es un acto de libertad. Carmen Tejedor cree que no. Según ella, en el momento en que alguien intenta contra su propia vida, no se reconoce a sí mismo. La cordura, nos dice la psiquiatra, vuelve a aparecer en aquel momento en que el que intenta matarse se aferra a la vida y se arrepiente del intento.

Lo que nos dice la doctora Carmen Tejedor es en el fondo lo mismo que nos dice el Evangelio según el Espiritismo. Hay dos situaciones en que una persona puede contemplar la posibilidad de interrumpir su existencia física. En la primera, la persona no dispone de toda la información que necesita para comprender su dimensión de espíritu inmortal. La persona cree que, destruyendo su cuerpo físico, se aniquilará completamente, eliminando de esta manera sus problemas. La segunda situación es aquella en que el desequilibrio emocional, físico y mental, en definitiva, el desequilibrio espiritual del ser, provocado por las razones que sean, impide que la persona busque en su interior la lucidez necesaria para tirar adelante. El materialismo es el telón de fondo de la primera situación. La ausencia de fe en el porvenir, el de la segunda. 

Foto: cortesía de prozac1 en freedigitalphotos.net


Cuando somos nosotros mismos estamos en calma y serenidad. Es incluso posible que si los reveses de la vida nos provocan contrariedades, padecimientos, pruebas de la más variada intensidad, y las podemos sobrellevar con entereza, nos sintamos felices en la desgracia. Nos podemos sentir orgullosos de nuestra propia fuerza interior, pese a que, por fuera, el mundo se derrumbe. Vivir de esta manera no es fácil. La desesperación, la rabia contra el mundo, la vida o contra Dios, la tristeza y el desconcierto suelen ser respuestas más habituales a las situaciones dolorosas que nos enfrentamos. Sin embargo, que sea difícil mantener la calma y la serenidad ante la tormenta no significa que sea imposible. Hay muchas personas que lo hacen: sólo tenemos que ver cómo cada día, a nuestro alrededor, la gente lucha incesantemente por seguir adelante, enfrentándose a situaciones diversas y adversas. ¿Cómo pueden hacerlo? ¿De dónde esta fuerza que impulsa, en lugar de frenar; que orienta en lugar de desorganizar; que fortalece en lugar de derrumbar?

Sea cual sea la fe de esta persona que decide luchar, antes que rendirse, su forma de considerar la vida terrestre tiene que ser algo como vivir vale la pena. Todo tiene su pena, vivir también la tiene. Pero vale la pena. La confianza en el futuro y la esperanza de que vamos hacia mejor son otros dos componentes. Los que hacen la opción por la vida se reconocen a sí mismos, están cuerdos ante el desastre y son capaces de hacer la lúcida opción de posponer el fin hasta que el fin venga sin que lo hayamos buscado. En este estado mental, físico y emocional, somos libres porque somos conscientes del poder espiritual que tenemos para sobrellevar todo cuanto advenga, por terrible o desorientador que pueda ser.


La Doctrina Espírita es una fuente inagotable de calma y resignación. Depende únicamente de nosotros vivir como ella nos convoca a hacerlo. En el futuro, sigamos o no a una filosofía o una religión, todos viviremos en calma, resignación, libertad y poder. ¡Lo haremos todos! El suicidio, como el canibalismo, será algo del pasado. La fe en el porvenir brilla por encima de toda la desesperanza. Solo tenemos que esperar, trabajar y confiar.