viernes, 23 de octubre de 2015

Suicidas

Segunda parte / Capítulo V / Suicidas
(Silver Chiquero)


Allan Kardec ha seleccionado nueve casos de suicidio, explicando los motivos, revelando las consecuencias y aclarando los diferentes grados de responsabilidad según la intención del suicida. Explicaremos los hechos, las sensaciones de los suicidas y aclaraciones de gran relevancia.

Un padre de familia, se cortó la garganta desangrándose en la bañera de un hostal, por sentirse sólo entre su familia, por no sentirse amado. "Esperaba el descanso, siento que me ahogo, que me roen los gusanos. He huido del sufrimiento para encontrar la tortura". Su espíritu queda ligado a su cuerpo hasta completar el período que habría de tener su vida.


Foto: cortesía de Naypong en freedigitalphotos.net

Un padre se mató porque quedando así viuda su mujer, podría evitar que su hijo fuera a la guerra. "Sufro doblemente, en mi alma y en mi cuerpo como quien sufre dolor en el miembro que le han amputado". El hombre no tiene derecho a disponer de su vida, otorgada por los deberes que debe cumplir sobre la Tierra. El suicidio más severamente castigado es el ejecutado en un acto de desesperación y para liberarse de las miserias de la vida. Únicamente exponerse (sólo la Providencia sabrá si le llegó su hora) a una muerte inminente por salvar a sus semejantes es un sacrificio meritorio, dado que es una abnegación en favor del prójimo.

Un hombre se tiró al vacío desde un campanario, por sentirse un miserable y un pobre diablo, vencido al no aceptar su nueva condición. Tenía que cumplir una prueba de miseria en la Tierra, pero fue vencido por la falta de resignación. Ahora revive constantemente el momento. “¡Oh!, el vacío..., el espacio..., caigo, caigo ¡socorro…voy a destrozarme contra las piedras!".

Una madre se ahorcó tras la muerte de su joven hijo, enfermo terminal, para no dejarle sólo en el trance. "Madres, cuando veáis que la agonía cubre los ojos apagados de vuestros hijos, acordaos que, al igual que Cristo, suben a la cima del calvario desde donde elevarse a la gloria eterna". La muerte del hijo era una prueba para su resignación. El castigo impuesto es la privación de la visión de su hijo.
Dos amantes separados por sendos matrimonios de conveniencia, decidieron juntar en la tumba lo que no les fue permitido en vida. “Siento dolor en mi cerebro y en mi corazón. Oigo risas infernales, voces espantosas, aullando: ¡Siempre así!” Sumergidos en la turbación y aterrorizados por el soplo de la eternidad, sus almas separadas se han de buscar sin cesar, sufriendo el doble suplicio del presentimiento y del deseo. Su duración, dependerá de cómo soporten sus pruebas futuras, siendo una vez más, árbitros de su propio destino.

Un hombre se atravesó el corazón al ser rechazado por su novia, quien aprovechó una discusión para no seguir. ”Me parece estar todavía en su puerta. Soy desgraciado y siempre es ella la que me hace sufrir”. La joven es más responsable por la muerte al fomentar en él un amor al que ella no correspondía, burlándose de él. Su suicidio tiene un atenuante por el amor hacia ella. A los ojos de Dios la pena del joven es ligera porque ha cedido a un impulso irreflexivo, un momento de exaltación, en lugar de quienes se suicidan para evitar las penas de la vida.

Un ateo orgulloso, creía más en sus ideas que en Dios o el alma, decidió matar sus problemas de una vida sin esperanzas por estar basada en lo material. ”En otra existencia mi espíritu estaba condenado a sufrir los tormentos de la duda. Ahora sufro cuando me veo obligado a creer en todo lo que negaba". Su prueba es adquirir en cuerpo y por su propia razón, la prueba de la existencia de Dios y de la vida futura.

Un hombre instruido, poeta, amable, servicial, honrado, perdió su fortuna por especular equivocadamente y despreocupado por su vida futura se ahorcó. ”Me liberé de las preocupaciones materiales para encontrarme con otras de mayor gravedad. Rodeado y atormentado por horribles compañeros con sus gritos, risas y burlas, me llaman cobarde. Van cuatro veces que sucumbo ante esta prueba”. Cuando el objetivo del perfeccionamiento no es alcanzado, el encarnado sufre sin provecho y debe recomenzar en un nuevo cuerpo hasta salir victorioso.

Un contable, en una vida anterior pobre y rechazado por la familia de una joven, envenenó a quien sería el esposo de ella, en su siguiente encarnación no soportó al espíritu obsesor, padre de aquel joven y cediendo a la presión se mató. “Como espíritu homicida, sometido al tormento de la vista continua de la víctima, me liberé con mis oraciones y arrepentimiento”. El espíritu sigue siendo blanco de las persecuciones de espíritus malos, hasta que éstos lo consideren lo suficientemente fuerte como para resistirlas, entonces le abandonan, porque saben que sus tentativas serían inútiles.


Foto: cortesía de tiverylucky freedigitalphotos.net
La justicia y la bondad de Dios resplandecen en la facultad que brinda al hombre la posibilidad de perfeccionarse gradualmente. El castigo, lejos de ser una venganza de Dios, es el medio que Él utiliza para hacerlo progresar.


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