miércoles, 20 de enero de 2016

Identificación de las fuentes de la comunicación mediúmnica

¡Buenas noches!

Este sábado tenemos el Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita con el tema "Identificación de las fuentes  de la comunicación mediúmnica". Os dejo el texto para previo estudio y os esperamos puntualmente a las 17:30 horas.



Identificación de las fuentes  de la comunicación mediúmnica

Una de las mayores dificultades que encuentra el médium para realizar su tarea, sobre todo si es principiante, se refiere a la procedencia de las comunicaciones que transmite, aunque tenga conocimientos sobre los fenómenos anímicos y los mediúmnicos. Naturalmente, el tema despierta algunos interrogantes: ¿es posible saber con seguridad si la comunicación es mediúmnica propiamente dicha o es anímica? ¿Es posible que bajo (...) la evocación de ciertas imágenes el pensamiento del médium no se sujete a determinadas asociaciones e interfiera automáticamente en el intercambio entre los hombres de la Tierra y los habitantes del Más Allá? ¿Podríamos definir (...) el límite donde cesa la acción de su propia alma y donde comienza la de los Espíritus? Saber distinguir si una comunicación procede del médium o de un Espíritu demanda tiempo y aprendizaje. Es necesario observar con atención la naturaleza de las comunicaciones, el lenguaje y la identidad de los Espíritus que se comunican. Pero no es una tarea fácil de realizar. Entre tanto, es posible analizar las principales dificultades para identificar las fuentes de comunicación mediúmnica.
Distinción Entre fenómeno mediúmnico y fenómeno anímico
Muchas veces es difícil distinguir en un efecto determinado, qué es lo que proviene directamente del alma del médium de lo que procede de una causa ajena, porque con frecuencia las dos acciones se confunden y se confirman. Es así que en las curas por imposición de manos el Espíritu del médium puede actuar por sí solo o asistido por otro Espíritu; que la inspiración poética o artística puede tener doble origen. Pero, por el hecho de que sea difícil hacer una distinción de esa naturaleza, no quiere decir que sea imposible efectuarla. Generalmente, la dualidad es evidente, y en todos los casos, casi siempre surge de una atenta observación. Otro punto que debe ser tenido en cuenta para distinguir un fenómeno de otro, además de la observación indicada por Kardec, es el conocimiento sobre la mediumnidad: sus mecanismos, las influencias a las que está sujeto el médium, etc. Busquemos un símbolo más sencillo, y figurémonos que el médium es como un puente que une dos esferas entre las cuales, debido a la diferenciación de la materia del campo vibratorio, se ha establecido una aparente solución de continuidad. Para ser un instrumento relativamente exacto, es imprescindible que haya aprendido a ceder, y no todos los artífices del taller mediúmnico realizan esa adquisición en poco tiempo, porque esa tarea requiere devoción por la felicidad del prójimo, elevada comprensión del bien colectivo, avanzado espíritu de ayuda fraterna y serena superioridad en los roces con la opinión ajena. Por lo tanto, en el mediumnismo común, el colaborador servirá con la materia mental que posea, y sufrirá las imprecisiones naturales ante la investigación terrestre; y, después de adaptarse a los más nobles dictámenes de la renuncia personal, edificará, no de improviso, sino a costa de incesante trabajo, el templo interior de servicio en el cual reconocerá la superioridad del programa divino por encima de los caprichos humanos. Cuando logre esa realización estará preparado para sintonizarse con mayor número de desencarnados y de encarnados, y de ofrecerles, como el puente benefactor, la oportunidad de que se encuentren unos con los otros en la posición evolutiva que hayan alcanzado, a través de constructivos entendimientos. De esta manera, las influencias anímicas disminuirán con el transcurso del tiempo, - sin cesar nunca totalmente - a medida que el médium adquiera más conocimiento y más experiencia, porque la mediumnidad, como todo en la vida, tiene (...) su evolución, su ámbito, su ruta. No es posible galardonar a un estudiante del curso superior si no ha sido lo suficientemente aplicado durante los cursos preparatorios a través de algunos años de lucha, de esfuerzo, de disciplina.




Lenguaje utilizado en las comunicaciones

Los (...) Espíritus, como los hombres, deben ser juzgados por el lenguaje que utilizan. Supongamos que un hombre reciba veinte cartas de personas desconocidas; por el estilo, por las ideas, en fin, por una inmensidad de indicios, comprobará si esas personas son instruidas o ignorantes, cultas o incultas, superficiales, profundas, frívolas, orgullosas, serias, irreflexivas, sentimentales, etc. Lo mismo sucede con los Espíritus. Debemos considerarlos como corresponsales que nunca vimos, y preguntarnos qué pensaríamos del saber y del carácter de un hombre que dijera o escribiera esas cosas. Se puede establecer como regla invariable y sin excepción, que el lenguaje de los Espíritus está siempre relacionado con el nivel de progreso al que hayan llegado. Los Espíritus realmente superiores no sólo dicen cosas buenas, sino que también las dicen en términos que no tengan ningún indicio de trivialidad. Aunque esas cosas sean óptimas, si una sola expresión que manifieste bajeza las ensucia, constituye una indudable señal de inferioridad; con mucha más razón, si el conjunto del dictado hiere la decencia por su grosería. El lenguaje revela siempre su procedencia, ya sea por los pensamientos que expresa como por la forma, y aunque algún Espíritu quiera engañarnos sobre su pretendida superioridad, bastará con que conversemos algún tiempo con él para que lo percibamos. 4 La bondad y la afabilidad son atributos esenciales de los Espíritus depurados. No sienten odio por los hombres ni por los Espíritus. Lamentan sus debilidades, critican los errores con moderación, sin hiel y sin animadversión. Si se admite que los Espíritus verdaderamente buenos no quieren sino el bien y expresan sólo conceptos elevados, se llegará a la conclusión de que todo lo que en el lenguaje de los Espíritus manifieste falta de bondad y de benignidad, no puede provenir de un Espíritu bueno. 5 Pero, si se somete a todas las comunicaciones a un examen escrupuloso y se investiga y analiza el pensamiento y las expresiones como se acostumbra hacerlo cuando se trata de juzgar una obra literaria, rechazando sin vacilar todo lo que peque contra la lógica y el buen sentido, todo lo que desmienta el carácter del Espíritu que se supone es el que se está manifestando, se desanima a los Espíritus mentirosos, quienes acaban por retirarse al convencerse de que no lograron engañar. Repetimos: este medio es único y es infalible, porque no hay una mala comunicación que resista una crítica rigurosa. Los buenos Espíritus no se ofenden con ella; por el contrario, ellos mismos la aconsejan porque nada tienen que temer con el examen.




Identificación del espíritu que se comunica


El problema de la identidad de los Espíritus es uno de los más controvertidos, aún entre los adeptos del Espiritismo. Es que, efectivamente, los Espíritus nos presentan con una identificación visible, y ya se sabe con qué facilidad algunos del los adoptan nombres que nunca les pertenecieron. Por eso mismo, ésta, después de la obsesión, es una de las mayores dificultades del Espiritismo práctico. Sin embargo, en muchos casos, la identidad irrefutable no es más que una cuestión secundaria, sin importancia real. La identidad de los Espíritus importantes de la antigüedad es la más difícil de lograr y muchas veces es imposible efectuarla. Por esa razón es que quedamos limitados a una apreciación puramente moral. (...) Si por ejemplo un Espíritu se presenta con el nombre de Fenelón y dice trivialidades y tiene expresiones pueriles, está claro que no puede ser él. Pero, si solamente dice cosas dignas del carácter de Fenelón que éste no se negaría a aprobar, existe por lo menos la posibilidad moral de que sea él, aunque no haya una prueba material. Es sobre todo en ese caso, que la identidad real se transforma en una cuestión secundaria. Desde el momento en que el Espíritu sólo diga cosas provechosas, poco importa con qué nombre lo diga. A medida (...) que los Espíritus se purifican y se elevan en jerarquía, las características propi as de sus personalidades se extinguen, en cierto modo, en la uniformidad de la perfección, pero si n perder sus individualidades. Es lo que sucede con los Espíritus puros. En esa situación culminante, el nombre que tuvieron en la Tierra en una de las miles de existencias corporales efímeras por las que pasaron, es algo absolutamente insignificante. ( . . . ) Por otra parte, si consideramos los innumerables Espíritus que desde el origen de los tiempos hayan alcanzado los planos más altos, y si comparamos el reducido número de hombres que dejaron un nombre ilustre en la Tierra, comprenderemos que entre los Espíritus superiores que pueden comunicarse, la mayoría debe carecer de nombres conocidos para nosotros. Por lo tanto, si en una reunión mediúmnica se comunica un Espíritu superior con el nombre de un personaje conocido, no tenemos ninguna (. . . ) prueba de que sea exactamente el Espíritu de ese personaje; pero, si no expresa algo que desmienta el carácter de quien di ce ser, se puede suponer que sea realmente él, y en todo caso, se puede decir, que si no es él, es un Espíritu de su mismo nivel de perfección, o tal vez, su enviado. En resumen, la problemática del nombre es secundaria porque puede considerarse que ese nombre no es más que un simple indicio de la categoría que el Espíritu tiene en la escala espírita. Es mucho más fácil comprobar la identidad cuando se trata de Espíritus contemporáneos cuyos caracteres y hábitos se conocen, porque precisamente esos hábitos de los cuales aún no tuvieron tiempo de despojarse, son los que permiten que se los reconozca, y desde ya afirmamos, que eso es lo que constituye una de las más seguras señales de identidad. Sin duda, el Espíritu puede dar pruebas de su identidad al responder algún pedido que se l e haya hecho, pero sólo procede así cuando le conviene. 

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