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Las causas de la obsesión

Por Flávia Roggerio


En la edición anterior explicamos cómo los Espíritus pueden influenciar de diferentes maneras en nuestras vidas y comentamos los medios eficaces de prevenir y curar las obsesiones. 

Ahora vamos a tratar de entender las diferentes causas de la obsesión.

Recordemos que la obsesión es el dominio que algunos Espíritus logran adquirir sobre ciertas personas y, que siempre es practicada por Espíritus ignorantes. Presenta condiciones diversas, que es necesario distinguir y que resultan del grado del constreñimiento y de la naturaleza de los efectos que produce. 

En  general, la obsesión tiene cuatro causas: 

a) Las causas morales provocadas por la mala conducta del individuo en la vida cotidiana. 

Al andar mal por la vida y con las personas, estaremos sintonizando nuestro pensamiento con los Espíritus inferiores y los atraeremos hacia nosotros. De ese intercambio de influencias puede nacer una obsesión. Vicios mundanos: como el cigarrillo, la bebida en exceso, el orgullo, el egoísmo, la maledicencia, la violencia, la avaricia, la sensualidad enfermiza y la lujuria pueden unirnos a entidades espirituales infelices.

b) Las causas relativas al pasado, provenientes del proceso de evolución a que todos los Espíritus están sujetos. 

En sus experiencias reencarnatorias, por ignorancia o libre albedrío, un ser puede cometer fallos graves en perjuicio del prójimo. Si la desavenencia entre ellos genera rabia, el desentendimiento puede perdurar durante varias encarnaciones llegando al odio, a peleas, a deseos descontrolados de venganza y persecución. Casos así pueden dar origen a procesos obsesivos tenaces. Verdugos y víctimas continúan alimentando los sentimientos de rencor el  uno al otro. 

c) Las contaminaciones espirituales que suceden cuando una persona frecuenta o simplemente visita ambientes donde predomina la influencia de Espíritus inferiores. 

Los lugares donde se practica la hechicería son propensos a contaminaciones obsesivas, si hay afinidad moral con el ambiente. Espíritus atrasados, vinculados al lugar donde la persona fue, se envuelven en su vida mental, perjudicándola. 

d) La causa anímica o auto-obsesión causadas por una influencia mórbida residente en la mente del propio paciente. 

A causa de vicios de comportamiento se cultivan padrones enfermizos de pensamientos que causan desequilibrio en las áreas emocionales. Muchas tendencias auto-obsesivas, proceden de experiencias desdichadas relacionadas a vidas pasadas del enfermo. Angustias, depresiones, manías de persecución o carencias inexplicables pueden ser parte del proceso auto-obsesivo.

En resumen. La obsesión es considerada factor primario cuando una persona sufre acción directa de un perseguidor espiritual. Como factor secundario, están las imperfecciones morales y vicios de cualquier naturaleza, una vez que el individuo se complace en mantener sintonía mental con entidades que presentan las mismas tendencias/inclinaciones y gustos. Entretanto, de una forma u otra la obsesión conduce a la persona a decadencias morales ya que sus estructuras mentales y su pensamiento son continuadamente sometidos a influencias perniciosas, propias o ajenas, que producen en consecuencia aturdimiento de raciocinio, de ideas, de emociones y de sentidos. Los sentidos perdidos conducen fatalmente a la confusión y al desvarío. 

Cualquier persona está sujeta a la obsesión, pero, según Allan Kardec, el codificador del Espiritismo, la obsesión es una de las mayores dificultades que la práctica espirita puede presentar, pues los trabajadores mediúmnicos están sujetos a la constante intervención de los Espíritus. 

Existen 9 señales muy evidentes de un proceso obsesivo, aplicados tanto al médium, propiamente dicho, es decir, aquel que es el portador de mediumnidad de efectos patentes (psicofonía, psicografía, videncia, etc. – ver ediciones anteriores) como a cualquier otro trabajador de una reunión mediúmnica:

Persistencia de un Espíritu en comunicarse, quiera o no el médium, por la escritura, audición, tiptología, etc., oponiéndose a que otros Espíritus lo hagan;

Ilusión que, no obstante la inteligencia del médium, le impide reconocer la falsedad y el ridículo de las comunicaciones que recibe;

Creencia en la fiabilidad e identidad absoluta de los Espíritus que se comunican y que, bajo nombres respetables y venerables, dicen cosas falsas y absurdas;

Confianza del médium en los cumplidos que le hacen los Espíritus que por él se comunican;

Disposición para alejarse de las personas que pueden darle consejos útiles;

Mala reacción a las críticas de las comunicaciones que recibe;

Necesidad incesante e inoportuna de escribir o manifestarse por otro tipo de mediumnidad;

Cualquier retraimiento físico que domine la voluntad del médium y lo obligue a hablar o actuar en contra de su voluntad;

Ruidos y perturbaciones continuadas a su alrededor, de las cuales él es la causa u objeto. 


En la obra “La Génesis”, Kardec dice: “Así como  las molestias resultan de imperfecciones físicas que tornan el cuerpo accesible a las influencias perniciosas externas, la obsesión sucede siempre de una imperfección moral, que da paso a un mal Espíritu. A una causa física, se opone una fuerza física; a una causa moral se contrapone una fuerza moral. Para preservarlo de las enfermedades es preciso fortificarlo; para garantizar el alma contra la obsesión es necesario fortalecerla. De esto surge la necesidad del obsesado trabajar por su propia mejora, lo que en casi todos los casos, es suficiente para librarlo del obsesor, sin el socorro de terceros. Esta ayuda se torna necesaria cuando la obsesión degenera en subyugación y en posesión (entendida aquí como una subyugación grave), porque en estos casos el paciente pierde la voluntad y el libre albedrío.” 

André Luiz, mentor espiritual del médium brasileño Chico Xavier, aclara.... “Tal vez te veas en cualquier estado de introducción al desequilibrio espiritual, a punto de caer bajo cadenas obsesivas....Pero, si realmente deseas librarte, debes comprender, ante todo, que precisas de aclaración y amparo. Entretanto, para que obtengas luz y auxilio, es indispensable que tomes dos actitudes imprescindibles: Estudiar y razonar, con el fin de instruir.”

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