La doctrina de la vida

Alvaro Velez Pareja


Hay una doctrina que no ha sido escrita y que no figura en gruesos volúmenes que envejecen en las bibliotecas. No tuvo un autor que un día se sentó a escribirla; no ha tenido promulgadores, divulgadores, defensores; no ha necesitado exégetas ni apologistas. Tampoco tuvo un codificador que le diera orden, forma pedagógica y estructuración lógica.  

Esa doctrina no dio lugar a la formación de escuelas del pensamiento, ni sectas ni religiones; por ella nadie fue perseguido, condenado, ejecutado. Esa doctrina nunca fue enseñada en templos, academias, universidades.

Sin embargo, es una doctrina profunda, amplia, sólida, inmutable, imperecedera. Sin signos, sin palabras, sin libros; te enseña, te orienta, te conduce firmemente y sin vacilaciones por el camino recto y verdadero de la vida.

En cuanto la conoces, no dudas de sus principios y enseñanzas y no sometes a discusiones ni debates sus postulados no escritos. Cuando la comprendes, la aceptas y aplicas invariablemente en tus pasos y acciones, en tus pensamientos y sentimientos, en tu vida.

Esa doctrina tan particular, especial e intangible es la Doctrina de la Vida. Nunca la podrás ignorar, evadir, negar, manipular o tergiversar, porque está indeleblemente escrita en la naturaleza, en las leyes universales y en tu conciencia.

Cuando la encuentres y la conozcas, la aceptarás sin discusiones, jamás olvidarás sus sabias lecciones y te conducirá inexorablemente por lo nobles caminos de la Verdad, de la Belleza, del Bien y del Amor.



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