domingo, 28 de septiembre de 2014

El despertar que nos hayamos ganado

Hola familia,

ayer en CEADS, dando secuencia al Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita, nos dedicamos a comprender qué es la turbación. Nos explican los espíritus que la turbación:
  • es el estado que se sigue a la muerte física: el espíritu desencarnado se siente desorientado, confuso y no comprende inmediatamente qué le está sucediendo;
  • sucede con mayor o menor intensidad en la mayoría de los desencarnados;
  • es más aguda o tiene mayor duración en los que vivieron vidas de mucho apego - sea a bienes; materiales, a posiciones sociales o incluso a seres queridos;
  • es menos intensa o de menor duración en los espíritus que ya cultivaron valores espirituales en su existencia física, esforzándose por vivir según reglas morales elevadas.
Nuestros queridos monitores insistieron muchas veces en el hecho de que no se pueden hacer afirmaciones rotundas sobre el despertar espiritual de nadie trás su muerte física: cada uno de nosotros tendremos el despertar que hayamos conquistado, según los valores que hayamos cultivado, el bien que hayamos hecho - o dejado de hacer - y los amigos (o enemigos) espirituales que hayamos conquistado en nuestra trayectoria terrestre.

Así es como, incluso en desencarnaciones colectivas, se puede afirmar que la desencarnación es colectiva, pero el despertar es individual. A título de ejemplos que sirven para instruirnos, Kardec pidió a algunos desencarnados que narraran cómo había sido su despertar en la pátria espiritual. En CEADS sólo tuvimos la oportunidad de analizar un caso, los demás os pongo a continuación para que sigamos con el estudio:

Caso de la Sra. Hélène Michel
Resumen del Caso
Joven de 25 años, falleció repentinamente en su hogar, sin sufrimientos, sin causa previamente conocida. Rica y un tanto frívola, la liviandad de su carácter la predisponía más para las futilidades de la vida que para las cosas serias. No obstante, tenía un bondadoso corazón, y era dócil, afectuosa y caritativa. Evocada tres días después de su muerte por personas conocidas, se manifestaba así:
“No sé dónde estoy... ¡qué confusión me cerca! Me llamasteis, y vine. No comprendo por qué no estoy en mi casa; lamentan mi ausencia cuando estoy presente sin poder hacerme conocer. Mi cuerpo no me pertenece más, y, entre tanto, siento su frialdad... Quiero dejarlo, pero me uno a él, siempre... Soy como dos personalidades... ¡Oh! ¿cuándo llegaré a comprender qué es lo que me sucede? Aún es necesario que vaya allá... a mi otro “yo” ¿qué le sucederá en mi ausencia? Adiós.”
Comentario de Kardec: El sentimiento de dualidad, aún no destruido por una completa separación, es aquí evidente. De carácter voluble, la fortuna que le permitió satisfacer todos sus caprichos, debió igualmente favorecer sus tendencias de liviandad. Por eso, no es de extrañar que su desprendimiento haya sido lento, hasta el punto que, a tres días de su muerte, se sentía aún ligada a su envoltura corporal. Pero, como no tuvo vicios serios y era de buena índole, esa situación no era penosa, y no se prolongaría mucho tiempo más. Evocada nuevamente algunos días después, sus ideas estaban ya muy modificadas. He aquí lo que dijo: 
“Gracias por haber orado por mí. Reconozco la bondad de Dios que me eximió de los sufrimientos y aprehensiones derivados del desligamiento de mi Espíritu. A mi pobre madre le será muy difícil resignarse; entre tanto, será confortada, y lo que a su modo de ver es una sensible desgracia, era fatal e indispensable que sucediera para que las cosas del Cielo se tornaran para ella lo que deben ser: todo. Estaré a su lado hasta el fin de su prueba terrestre y la ayudaré a soportarla. No soy feliz, pero, aún tengo mucho que hacer para aproximarme a la situación de los bienaventurados. Le pediré a Dios que me conceda la gracia de regresar a la Tierra para reparar el tiempo que perdí en esta última existencia. La fe os ampare, mis amigos; confiad en la eficacia de la plegaria, principalmente, cuando nace del corazón. Dios es bueno.”
Allan Kardec: ¿Demorasteis mucho tiempo en reconoceros? Hélène: Comprendí que había muerto el mismo día que orasteis por mí.  Allan Kardec: ¿Fue doloroso el estado de turbación? Hélène: No, yo no sufría, creía estar soñando y esperaba despertar. Mi vida no estuvo exenta de dolores, pero todo ser encarnado en ese mundo debe sufrir. Al resignarme a  la voluntad de Dios, mi resignación fue tenida en cuenta por él. Les estoy muy agradecida por las plegarias que me ayudaron a reconocerme a mí misma. gracias. Regresaré siempre con placer. Adiós.”  Allan Kardec - El cielo y el infierno. Segunda parte. Capítulo III.

Caso novel
Resumen del Caso
El Espíritu se dirige al médium a quien había conocido en vida. 
“Voy a contarte sobre mi sufrimiento cuando morí. Mi Espíritu unido al cuerpo por los ligamentos materiales tuvo gran dificultad para liberarse, y ese hecho fue en sí mismo, una cruel angustia.  La vida que yo dejaba a los 21 años era aún tan vigorosa, que no podía creer que la hubiera perdido. Por eso buscaba mi cuerpo, estaba sorprendido, aterrorizado al verme perdido en un torbellino de sombras. Finalmente, la conciencia de mi estado y la revelación  de las faltas cometidas en todas mis encarnaciones me hirieron repentinamente, mientras que una luz implacable iluminaba lo más profundo de mi alma que se sentía desnuda  y después, poseída de una vergüenza que me humillaba. Trataba de huir de esa influencia fijando mi atención en los objetos que me cercaban, nuevos, pero que ya conocía. Los Espíritus luminosos que fluctuaban en el éter me daban una idea de la ventura  a la que podía aspirar. Formas sombrías y desoladas, algunas sumergidas en tediosa desesperación, otras, furiosas e irónicas se deslizaban en torno de mí o sobre la tierra que me retenía férreamente. Veía que los humanos se agitaban y envidiaba su ignorancia. Toda clase de sensaciones desconocidas y otras que reencontraba, me invadieron simultáneamente.  Arrastrado por una fuerza irresistible, tratando de huir del dolor encarnizado, transponía las distancias, los elementos, los obstáculos materiales, sin que las bellezas naturales ni los esplendores celestiales pudieran  calmar por un instante el acerbo dolor de mi conciencia, ni el pavor causado por la revelación de la eternidad. Un mortal puede saber de antemano las torturas materiales  por los estremecimientos de la carne, pero vuestros frágiles dolores mitigados por la esperanza, atenuados por las distracciones o ahogados por el olvido, no os darán nunca la idea de las angustias de un alma que sufre sin tregua, sin esperanza, sin arrepentimiento.  Después de un tiempo cuya duración no puedo precisar, durante el cual envidiaba a los elegidos cuyos resplandores entreveía, detestaba a los malos Espíritus que me perseguían con escarnios y despreciaba a los humanos  cuyas torpezas veía, pasé de un profundo abatimiento a una insensata rebeldía.   Finalmente me llamasteis, y, por primera vez un suave y tierno sentimiento me calmó. Escuché las enseñanzas que te dan tus guías, la verdad se impuso en mí, y oré. Dios me oyó, reveló ante mí su Clemencia como ya me había revelado su Justicia. KARDEC. Allan. El cielo y el infierno. Segunda parte. Capítulo IV. 


Caso de François - Simon Louvet 
Resumen del Caso
La siguiente comunicación se produjo espontáneamente en una reunión espírita en el Havre, el 12 de febrero de 1863:
“¡¿Tendréis piedad de un pobre miserable que desde hace mucho sufre crueles torturas?! ¡Oh! el vacío... el Espacio... me despeño... muero... ¡Socórranme! Dios mío, yo tuve  una  existencia tan miserable... Pobre diablo, sufrí hambre muchas veces en mi vejez, y por eso fue que me habitué a beber, a tener vergüenza y disgusto de todo. Quise morir y me arrojé... ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Qué momento! ¿Y para qué ese deseo si el fin estaba tan próximo? Orad para que no vea más incesantemente el vacío debajo de mí... ¡Voy a despedazarme contra esas piedras! Os lo suplico,  a vosotros que conocéis las miserias de aquellos que ya no pertenecen más a ese mundo. No me conocéis, pero yo sufro tanto... ¿Para qué más pruebas? ¡Sufro! ¿No es eso suficiente? Si tuviera hambre en vez de este sufrimiento más terrible y además imperceptible para vosotros, no vacilaríais en aliviarme con un mendrugo de pan. Pues, os pido que oréis por mí... No puedo permanecer más tiempo en este estado... Preguntad a cualquiera de esos felices que están aquí, y sabréis quién fui. Orad por mí.” 
Palabras de un benefactor espiritual: 
"Quien acaba de dirigirse a vosotros fue un pobre infeliz que tuvo en la Tierra la prueba de la miseria. Vencido por el disgusto, le faltó valor, y en vez de mirar hacia el cielo como debía, se entregó a la embriaguez, descendió a los últimos peldaños de la desesperación y puso término a su triste prueba. Se arrojó de la Torre Francisco I el día 22 de julio de 1857. Tened piedad de su pobre alma que no es adelantada, pero que vislumbra  lo suficiente de la vida futura como para sufrir y desear una reparación. Rogad a Dios que le conceda esa gracia, y con eso habréis realizado una obra meritoria.” 
Al buscar información al respecto, se encontró en el Journal du Havre del 23 de julio de 1857, la siguiente noticia local: “Ayer, a las 4 de la tarde, los transeúntes del muelle fueron dolorosamente impresionados por un horrible accidente: un hombre se arrojó de la torre y se despedazó contra las piedras. Era un viejo barquero cuya inclinación a la embriaguez lo arrastrara al suicidio. Se llamaba François Victor - Simon Louvet. El cuerpo fue transportado a la casa de una de sus hijas a la calle Corderie. Tenía 67 años.”
Comentario de Kardec: hacía seis años que ese hombre había muerto y él veía aún cómo caía de la torre y se despedazaba contra  las piedras... Lo aterroriza el vacío, lo horroriza la perspectiva de la caída... ¡y eso desde hace 6 años! ¿Cuánto tiempo más permanecerá en este estado? él no lo sabe, y esa incertidumbre aumenta sus angustias.

Por último, os dejo la película “Pasajeros”. Si el tema os interesa y la sinopsis os llama la atención, seguramente los pasaréis bien viéndola:

Tras un terrible accidente aéreo, a la terapeuta Claire Summers (Anne Hathaway), se le encarga el tratamiento de cinco de los supervivientes. Las dificultades de esta tarea se complican cuando Eric (Patrick Wilson), uno de los afectados, se enfrenta a ella rechazando su ayuda y usando el accidente como una excusa para transgredir las normas. Mientras Claire lucha por mantener la suficiente distancia profesional de Eric, sus otros pacientes luchan con sus recuerdos del accidente que parecen contradecir la explicación oficial de la compañía aérea. Recuerdan una posible explosión en pleno vuelo...Claire empieza a pensar que la compañía tiene algo que ver. Decidida a destapar la verdad, Claire se ve envuelta en un complot que no tardará en colisionar con un giro explosivo del destino.




Me despido deseando que nuestros corazones sean permeables a las bendiciones que el Maestro nos envía incesantemente desde su amor ágape. ¡Sea!

Cariños de la hermana menor

martes, 23 de septiembre de 2014

Turbación espíritu al en el momento de la desencarnación

Hola compañeros de ESDE,

en el próximo sábado hablaremos de un tema que tiene que ver con la clase anterior: la turbación por la cuál el Espíritu pasa después de la muerte. La analizaremos un poco más en profundidad y, si nos da tiempo, analizaremos unos casos prácticos estudiados por Kardec.

Marello & Rafa

Turbación espíritu al en el momento de la desencarnación 

Sabemos que (...) el Espíritu no es una abstracción, sino un ser definido, limitado y circunscripto. El Espíritu encarnado en el cuerpo constituye el alma. Cuando lo deja en el momento de la muerte, no lo abandona sin ninguna envoltura. Todos (los Espíritus) nos dicen que conservan la forma humana y, efectivamente, cuando se nos aparecen lo hacen con las formas que les conocíamos. Observémoslos atentamente en el instante en que acaban de dejar la vida: se encuentran en estado de turbación; todo en su entorno se presenta confuso; ven perfecto o mutilado el cuerpo que tuvieron según la clase de muerte que sufrieran; por otro lado, se reconocen a sí mismos y se sienten vivos. Algo les dice que ese cuerpo les pertenece y no comprenden cómo pueden estar separados de él. Siguen viéndose con la forma que tenían antes de morir, y en algunos casos esta percepción les produce durante cierto tiempo una singular ilusión: la de creerse aún vivos. Les falta la experiencia del nuevo estado en que se encuentran para convencerse de esa realidad.7 De esta forma, la conciencia de la propia muerte o de la reciente desencarnación aún no es nítida en la mayoría de los Espíritus. En primer lugar, el (...) desprendimiento se produce gradualmente y con variada lentitud, según los individuos y las circunstancias de la muerte. Los vínculos que unen el alma al cuerpo se van quebrando poco a poco y con tanta más lentitud cuanto más material y sensual haya sido la vida.8 En segundo lugar, al desconocer la realidad del más allá de la sepultura, el primer instante después de la muerte, es generalmente confuso. La persona necesita (...) de cierto tiempo para recobrar el conocimiento de sí misma. Está confundida como un hombre que despierta de un profundo sueño y que procura comprender su situación. La lucidez de las ideas y la memoria del pasado regresan a medida que se va extinguiendo la influencia de la materia que acaba de abandonar y que se disipa la especie de niebla que oscurece sus pensamientos. El tiempo que dura la turbación que se produce como consecuencia de la muerte es muy variable. Puede ser de algunas horas solamente, así como de muchos días, meses o aún, de muchos años. Entre tanto, es más breve para aquellos que cuando estuvieron vivos (encarnados) se identificaron con su estado futuro, porque comprenden inmediatamente su situación, pero es tanto más prolongada cuanto más materialmente haya vivido el individuo.9 



Niveles de turbación espiritual producida como consecuencia de la desencarnación 

La turbación que se produce como consecuencia de la separación del alma del cuerpo a través del fenómeno de la muerte, varía en cada individuo en grado y tiempo de duración. Todo (...) depende de la elevación de cada uno. Aquel que ya esté purificado, se reconoce casi inmediatamente, porque se liberó de la materia antes de que cesara la vida del cuerpo, mientras que el hombre carnal, aquel cuya conciencia aún no está depurada, conserva mucho más tiempo la impresión de la materia.4 Para aquel cuya conciencia no es pura y amó más la vida corporal que la espiritual, ese momento está colmado de ansiedad y de angustia, que van aumentando a medida que se reconoce, porque entonces tiene miedo y hasta cierto terror ante lo que ve, y sobre todo, por lo que entrevé. La sensación, a la que podemos llamar física, es la de un gran alivio y de inmenso bienestar; es como si quedara libre de un fardo, y el Espíritu se siente feliz por no tener que soportar más los dolores corporales que lo atormentaban algunos instantes antes. Se siente libre, expedito, como aquel a quien le quitan las cadenas que lo aprisionaban. Además, en su nueva situación, el alma ve y oye otras cosas que escapan a lo grosero de los órganos materiales. Tiene entonces sensaciones y percepciones que nos son desconocidas.11

La turbación espiritual en los Espíritus moralmente atrasados. 

Un fenómeno muy frecuente entre los Espíritus de cierta inferioridad moral es el de considerarse aún vivos. Esta ilusión puede prolongarse muchos años durante los cuales sentirán todas las necesidades, los tormentos y las confusiones de la vida.1 Para el criminal, la presencia incesante de sus víctimas y de las circunstancias del crimen es un cruel suplicio.2 

Turbación ocasionada por muerte violenta. 

En los casos de muerte violenta ocasionada por suicidio, suplicios, accidente, apoplejía, heridas, etc. el Espíritu queda sorprendido, asombrado, y no cree que esté muerto. Obstinadamente sostiene que no lo está. Entre tanto, ve su propio cuerpo, reconoce que ese cuerpo es el suyo, pero no comprende que esté separado de él. Se acerca a las personas que estima, les habla, y no comprende por qué no lo oyen. Esta ilusión se prolonga hasta que se produce el completo desprendimiento del periespíritu. Sólo entonces el Espíritu se reconoce como tal y comprende que ya no pertenece a la categoría de los vivos. Este fenómeno se explica fácilmente. Sorprendido de improviso por la muerte, el Espíritu queda confuso por el brusco cambio que se produjo en él; aún considera a la muerte como sinónimo de destrucción, de aniquilamiento. Pero, como piensa, ve y oye, tiene la sensación de no estar muerto. Esta ilusión aumenta más ante el hecho de verse con un cuerpo de forma semejante al precedente, cuya naturaleza etérea aún no tuvo tiempo de estudiar. Lo considera sólido y compacto como el primero, y cuando se le llama la atención hacia ese punto, se asombra por no poder palparlo. (...) Como piensan libremente y ven, consideran que es natural no dormir. Algunos Espíritus revelan esa particularidad aunque la muerte no haya llegado a ellos en forma imprevisible. Con todo, siempre es más generalizada entre aquellos que, aún enfermos, no pensaban morir. Se observa entonces el singular hecho de que un Espíritu asista a su propio entierro como si fuera el de un extraño, y que hable de ese hecho como de algo que no le atañe, hasta el momento en que comprende la verdad.5 


Turbación de los suicidas 

En el caso de los suicidas, la turbación es siempre penosa, independientemente de la clase de suicidio. La observación muestra realmente, que los efectos del suicidio no son idénticos. Pero hay algunos efectos comunes a todos los casos de muerte violenta que son consecuencia de la brusca interrupción de la vida. En este aspecto encontramos primero, una persistencia más prolongada y tenaz del lazo que une el Espíritu al cuerpo, porque ese lazo está casi siempre en la plenitud de sus fuerzas en el momento en que es separado, mientras que en el caso de muerte natural, éste se debilita gradualmente, y muchas veces se deshace antes de que la vida orgánica se haya extinguido por completo. Las consecuencias de ese estado de cosas son la prolongación de la turbación espiritual; a esto le sigue la ilusión durante la cual, en un lapso de tiempo más o menos extenso, el Espíritu se mantiene con la idea de que aún pertenece a la categoría de los vivos. La afinidad que se mantiene entre el Espíritu y el cuerpo produce en algunos suicidas una especie de repercusión del estado del cuerpo en el Espíritu; de ese modo, y muy a su pesar, siente los efectos de la descomposición física, que le produce una sensación de angustia y de horror. Esa situación también puede durar el tiempo que debía durar la vida que fue interrumpida, pero este efecto no es general (...) En algunos se produce una especie de ligazón a la materia de la que inútilmente tratan de desligarse con el fin de volar hacia mundos mejores, cuyo acceso les está vedado. La mayoría de ellos sufre el pesar de haber hecho algo inútil porque sólo encuentran decepciones.6 

Turbación en caso de muerte colectiva 

En los casos de muerte colectiva se ha observado que todos los que perecen al mismo tiempo no siempre vuelven a verse enseguida. Víctimas de la turbación que produce la muerte, cada uno va por su lado o sólo se preocupa de aquellos por los cuales se interesan 5.
Al referirse a la necesidad de que nos identifiquemos con la vida espiritual – y de priorizarla a la vida terrena – con el fin de tener un despertar más tranquilo, - Allan Kardec se expresa así: Para que cada uno bregue por su purificación, combata las malas tendencias y domine las pasiones, es necesario que abdique de las ventajas inmediatas en pro del futuro, ya que, para identificarse con la vida espiritual y encaminar hacia ella todas las aspiraciones prefiriéndola a la vida terrena, no basta con creer, sino que también es necesario comprender. Debemos considerar esa vida desde un punto de vista que satisfaga al mismo tiempo a la razón, a la lógica, al buen sentido y al concepto en que tengamos la grandeza, la bondad y la justicia de Dios. Tomado desde este punto de vista, el Espiritismo es, de todas las doctrinas filosóficas que conocemos, la que ejerce una influencia más poderosa por la fe inquebrantable que proporciona. El espírita serio no se limita a creer, porque comprende, y comprende, porque razona. La vida futura es para él una realidad que se desarrolla incesantemente ante sus ojos, una realidad que palpa y ve, por así decir, a cada paso, de modo que la duda no puede llamar su atención ni albergarse en su alma. La vida corporal, tan limitada, se ve disminuida ante la espiritual, que es la verdadera vida. ¿Qué le importan los incidentes de la jornada si comprende la causa y la utilidad de las vicisitudes humanas cuando se las soporta con resignación? Su alma se eleva en sus relaciones con el mundo visible; los lazos fluídicos que lo vinculan a la materia se debilitan y se va produciendo anticipadamente un desprendimiento parcial que le facilita el tránsito a la otra vida. La turbación que se produce como consecuencia de la transición perdura poco tiempo, porque, al haber franqueado el límite, se reconoce enseguida sin que esto le cause sorpresa, y comprende su nueva situación.3


1 KARDEC, Allan. El cielo y el infierno. Primera parte. Capítulo VII: Código penal de la vida futura. Párrafo 23.
2 ______. Párrafo 24.
3 ______. Segunda parte. Capítulo I: La transición. Ítem 14.
4 ______. El libro de los espíritus. Pregunta 164.
5 ______. Pregunta 165. Comentario.
6 ______. Pregunta 957. Comentario.
7 ______. El libro de los médiums. Segunda parte. Capítulo I. Ítem 53.
8 ______. Qué es el espiritismo. Capítulo III: Solución de algunos problemas a través de la doctrina espírita. Ítem 144. El hombre después de la muerte.
9 ______. Ítem 145. El hombre después de la muerte.

FEDERACIÓN ESPÍRITA

domingo, 21 de septiembre de 2014

Educación para la vida y para la muerte

Hola familia,

la clase de ayer fue una oportunidad más para comprender el proceso de la desencarnación. La muerte, los espiritistas sabemos, es un fenómeno biológico. La extinción de la vida física supone para el alma el retorno a la pátria espiritual. El Libro de los Espíritus nos ofrece informaciones claras e interesantes sobre este proceso. Empezamos la clase leyendo el texto disponible con antelación en el blog y después nos reunimos en grupos para profundizar en la lectura de diferentes situaciones.

Por regla general lo que se puede decir es que el merecimiento del alma y su conciencia de la vida espiritual condicionan la forma como se dará el proceso de desencarnación. Es decir, como hayamos vivido, según el bien que hayamos hecho, las emociones que haya mos cultivado, tendremos un despertar más o menos suave en el otro plano de la vida.



A partir de aquí, nos comentan los espíritus situaciones que están siempre condicionadas por esta regla general. En la muerte natural, por ejemplo, que se produce por la vejez o como resultado de una larga enfermedad, la separación del cuerpo espiritual del cuerpo físico es casi siempre gradual y suave - principalmente en los que han cultivado valores elevados. Los lazos que unen el espíritu a la materia se van desprendiendo poco a poco y el espíritu, antes mismo de la extinción completa de la energía vital en su cuerpo, ya empieza a participar en el mundo espiritual. Para el que se ha preparado para este momento a través de la reforma interior y de la conciencia del mundo espiritual, la muerte es un alivio. Para el que intuye que no vivió en armonía con la ley de Dios, la muerte causa miedo y hace aferrarse a la materia.

En casos de muertes violentas o abruptas, los lazos que unen el espíritu al cuerpo están todavía muy “apretados”, por decirlo de alguna manera. La separación entre el cuerpo físico y el espiritual se da después de la extinción de la muerte biológica, lo que puede producir mayor turbación en el espíritu. En todo caso, como hemos dicho antes, lo que realmente determina la existencia de mayor o menor turbación, la presencia o ausencia de sufrimiento, la aceptación o el rechazo a la nueva realidad espiritual, es siempre el patrimonio intelectual y moral del espíritu. Según como se haya conducido, las amistades espirituales o los enemigos desencarnados que haya conquistado, nos despertamos en el mundo espiritual.



Todo esto, la Doctrina Espírita nos esclarece para que sepamos vivir y convivir mejor. La educación para la muerte es en primer lugar, fuente de inspiración y transformación para mejor en la vida. Por esto no nos cansaremos nunca de repetir que no hace falta “entender” como se da la desencarnación para tener un despertar más sereno en el otro plano de la vida. Lo que realmente hace falta es vivir haciendo al prójimo lo que nos gustaría que se nos hiciera. No ser espiritista supone más dificultades para un tránsito suave a la otra vida. La contraparte de este razonamiento, tan verdadero como és mismo, es comprender que, si por un lado no hay que ser espiritista para desencarnar de forma más feliz, ser espiritista tampoco asegura una entrada tranquila al mundo espiritual. Decirse espiritista y seguir posponiendo la transformación de hábitos como la maledicencia, la crítica, la intolerancia, el orgullo y la vanidad es un pasaporte seguro para la turbación espiritual trás la muerte física.

Acabamos la clase felices por el aprendizaje de la tarde. Pero quedaba todavía una sorpresa: la semana del 08 al 13 de septiembre, CEADS celebró diversos actos por la prevención del suicidio. Este año, además de la crónica escrita que ya presentamos en el blog, hemos podido contar con un hermoso resumen audiovisual. Se ve que la espiritualidad hizo nuevos e importantes fichajes para esta temporada =) Después de la oración final, vimos el corto realizado por Ernesto. Lo comparto aquí también, para que corra la voz: 

Si el Departament de Salut no actúa, la epidemia del suicidio seguirá;
de lo que nosotros dependa, sin embargo, ya no será silenciosa.


Si todavía no lo has hecho, por favor, 


Cariños de la hermana menor

viernes, 19 de septiembre de 2014

La Vida en el Mundo Espiritual

Módulo 1 – La Vida en el Mundo Espiritual
Guía 1 – El Fenómeno de la Muerte


En el instante de la muerte o desencarnación, el Espíritu (...) regresa al mundo de los Espíritus de donde se apartara momentáneamente. 9 La individualidad del desencarnado se mantiene gracias a su periespíritu que conserva los rasgos característicos de sí mismo y aprende a relacionarse con otros desencarnados.10 Como la muerte es un fenómeno natural, por lo general la persona mantiene el (...) recuerdo y el deseo de ir a un mundo mejor, recuerdo éste lleno de dulzura o de amargura, según cómo haya utilizado su vida. Cuanto más pura haya sido, mejor comprenderá la futilidad
de lo que deja en la Tierra.11

1. Individualidad del Espíritu después de la desencarnación

Existen interpretaciones filosóficas y religiosas que defienden la hipótesis de que después de la desencarnación el Espíritu pierde su individualidad y se incorpora al todo universal, como así llaman algunos a Dios, y otros, al “Alma Universal”. El Espiritismo se manifiesta de esta manera respecto de este tema: ¿El conjunto de los Espíritus no forma un todo? ¿No constituye un mundo completo? Cuando estás en una asamblea, eres parte integrante de ella, no obstante, conservas siempre tu individualidad. 12 Los que piensan que mediante la muerte el alma reingresa al todo universal, están equivocados, si suponen, que a semejanza de la gota de agua que cae en el Océano, pierde su individualidad; tienen razón, si entienden como todo universal al conjunto de seres incorpóreos, conjunto del cual cada alma o Espíritu es un elemento. Si las almas se confundieran en una amalgama, sólo tendrían las cualidades del conjunto, no se distinguirían unas de otras. Carecerían de inteligencia y de cualidades personales, mientras que por el contrario, en todas las comunicaciones (mediúmnicas) demuestran tener conciencia de su yo y voluntad propia. (...) Si después de la muerte sólo existiera lo que se llama el gran Todo que absorbiera las individualidades, ese Todo sería uniforme, y, por lo tanto, las comunicaciones que se recibieran del mundo invisible serían idénticas. Pero, desde el momento en que nos encontramos en ese mundo invisible con seres buenos y malos, sabios e ignorantes, felices o desdichados; que los hay de todos los caracteres: alegres y tristes, frívolos y reflexivos, etc. es evidente que son seres diferentes. La individualidad se torna más evidente aún, cuando esos seres prueban su identidad mediante demostraciones indiscutibles, con particularidades individuales respecto de sus vidas terrestres, que se pueden verificar. Tampoco se puede dudar cuando se presentan en forma visible en las apariciones. Se nos había enseñado teóricamente la individualidad del alma como un artículo de fe. El Espiritismo la torna evidente y, en cierto modo, material.13



2. Separación del alma del cuerpo en la desencarnación

En general, la separación del alma del cuerpo no es dolorosa. Casi siempre el cuerpo sufre más durante la vida que en el momento de la muerte; el alma no participa de ese momento. Los sufrimientos que se sienten algunas veces en el instante de la muerte son un gozo para el Espíritu, que ve llegar el término de su exilio.14 Es importante tener en cuenta, que como la muerte es un fenómeno biológico natural que se produce por el agotamiento general del sistema, el alma  se libera del cuerpo.15 Por ser exclusivamente material, el cuerpo sufre las vicisitudes de la materia. Después de funcionar durante algún tiempo, se desorganiza y se descompone. Cuando el principio vital (que animaba los órganos del cuerpo), no encuentra más elemento para su actividad, se extingue, y el cuerpo muere. Éste, carente de vida, se torna inútil, y el Espíritu lo deja, como se deja una casa en ruinas o una ropa en desuso.1 

El fenómeno de la desencarnación es lo opuesto al de la encarnación. Así, cuando (...) el Espíritu tiene que encarnar en un cuerpo humano en vías de formación, un lazo fluídico, que no es más que una extensión de su periespíritu, lo une al germen que lo atrae irresistiblemente desde el momento de la concepción. (...) Bajo la influencia del principio vital material del germen, el periespíritu, que posee ciertas propiedades de la materia, se une molécula a molécula al cuerpo que se está formando. De ese modo, se puede decir que el Espíritu, por intermedio de su periespíritu, se enraíza de alguna manera en ese germen, como una planta en la tierra. (...) Por efecto contrario, cuando el principio vital deja de actuar debido a la desorganización del cuerpo, cesa la unión del periespíritu con la materia carnal que se efectuara bajo la influencia del principio vital del germen. Antes esa unión era mantenida por una fuerza actuante, pero se deshace en cuanto esa fuerza deja de actuar. El periespíritu entonces se desprende, molécula a molécula, según se uniera, y el Espíritu recobra la libertad. De ese modo, no es la partida del Espíritu lo que causa la muerte del cuerpo, sino que ésta determina la partida del Espíritu.2 De esa forma, durante la reencarnación, el (...) Espíritu está unido al cuerpo mediante su envoltura semi material o periespíritu. La muerte es solamente la destrucción del cuerpo, no la de la envoltura que se separa del cuerpo cuando cesa en éste la vida orgánica.16

3. La desencarnación

3.1 Separación del alma del cuerpo

Generalmente, la desencarnación no provoca sufrimiento al Espíritu que desencarna. El (...) alma se desprende gradualmente, no se escapa como un pájaro cautivo al que se le restituye la libertad repentinamente. Aquellos dos estados ( la vida y la muerte del cuerpo), se ponen en contacto y se confunden, de modo que el Espíritu se va liberando poco a poco de los lazos que lo retenían. Esos lazos se deshacen, no se rompen. 15 

La observación demuestra que en el instante de la muerte, el desprendimiento del periespíritu no se completa en forma repentina, sino que, por el contrario, se procesa en forma gradual y con lentitud variable, según los individuos. En unos es bastante rápida, con lo que se puede decir que el momento de la muerte es más o menos el momento de la liberación. En otros, sobre todo en aquellos cuya vida fue muy material y sensual, el desprendimiento es mucho más lento; a veces dura algunos días, semanas y hasta meses, lo que no implica que en el cuerpo haya el menor indicio de vitalidad ni la posibilidad de volver a vivir, sino que se trata de una simple afinidad con el Espíritu que siempre será proporcionada a la importancia que éste le diera a la materia durante la vida. Y, efectivamente, es razonable concebir que cuanto más se haya identificado con la materia, tanto más penoso será para el Espíritu separarse de ella, mientras que la actividad intelectual y moral, los pensamientos elevados, producen un comienzo de desprendimiento, aún durante la vida del cuerpo, de modo que cuando llega el momento de la muerte, ese desprendimiento es casi instantáneo.16 

Durante los estertores de la desencarnación o agonía (...) algunas veces el alma ya ha dejado el cuerpo; no hay más que vida orgánica. El hombre ya no tiene conciencia de sí mismo. Entre tanto, aún le queda un soplo de vida orgánica. El cuerpo es una máquina que el corazón pone en movimiento, y esa vida existe mientras el corazón hace circular la sangre por las venas, para lo cual no necesita del alma.17 En los últimos instantes de la separación, muchas (...) veces el alma siente que se deshacen los lazos que la retenían en el cuerpo. Entonces emplea todos sus esfuerzos para deshacerlos totalmente. Cuando ya está casi desprendida de la materia, el futuro se desdobla ante ella, y goza anticipadamente del estado de Espíritu.18 

Vale la pena destacar que (...) por lo general, el momento del último suspiro no es doloroso, porque, comúnmente, se produce en un estado de inconsciencia, pero el alma sufre antes de ese instante la desagregación de la materia durante los estertores de la agonía, y después, las angustias de la turbación. Apresurémonos a afirmar que ese estado no es general, porque la intensidad y duración del sufrimiento está directamente relacionada con la afinidad que exista entre el cuerpo y el periespíritu. Así, cuanto mayor sea esa afinidad, tanto más penosos y prolongados serán los esfuerzos que realizará el alma para desprenderse. En algunas personas la cohesión es tan débil, que el desprendimiento se produce naturalmente; es como cuando un fruto maduro se separa del árbol, y es el caso de las muertes serenas, de pacífico despertar.3


La causa principal de la mayor o menor facilidad con que se produce el desprendimiento es el estado del alma. La afinidad del cuerpo con el periespíritu está íntimamente relacionada con el apego a la materia, y alcanza su máxima expresión en el hombre cuyas preocupaciones están dirigidas exclusiva y únicamente a los gozos materiales de la vida. Por el contrario, en las almas puras que se identifican anticipadamente con la vida espiritual, el apego es casi nulo, ya que la lentitud del desprendimiento depende del grado de pureza o desmaterialización del alma. Solamente a nosotros nos compete tornar más fácil o penoso, agradable o doloroso
ese desprendimiento.4 

3.2 Separación del alma del cuerpo por muerte natural

Cuando se trata de muerte natural, es  decir, cuando ésta se produce como la resultante de la extinción de las energías vitales por causa de la vejez o de una enfermedad, el desprendimiento se realiza gradualmente. Para el hombre cuya alma se ha desmaterializado y cuyos pensamientos se apartaron de las cosas terrenas, el desprendimiento es casi completo antes de la muerte real, es decir, que mientras el cuerpo aún tiene vida orgánica, el Espíritu ya penetra en la vida espiritual unido solamente por un vínculo tan frágil, que se desliga con el último latido del corazón. 

En esa contingencia, el Espíritu pudo haber recobrado su lucidez y haber sido testigo consciente de la extinción de la vida del cuerpo, y se siente feliz por haberlo dejado. Para ese ser, la turbación es casi nula, o no es más que un ligero sueño sereno del cual despierta con intraducible sensación de esperanza y ventura. En el hombre materializado y sensual que vivió más para el cuerpo que para el Espíritu; en aquel para el cual la vida espiritual no significa nada y ni siquiera pensó en ella alguna vez, los vínculos materiales se estrechan, y, cuando se aproxima la muerte, el desprendimiento, aunque también se procesa en forma gradual, le exige grandes esfuerzos. Las convulsiones de la agonía son indicios de la lucha que sostiene el Espíritu, que a veces procura deshacer ligamentos resistentes que lo retienen, y otras veces, se une al cuerpo del cual una fuerza irresistible lo expulsa con violencia, molécula a molécula. 5 En esta situación, (...) el hombre deja la vida sin percibirlo: es como una lámpara que se apaga por falta de combustible.14

3.3 Separación del alma del cuerpo por muerte repentina

La muerte repentina puede o no estar asociada a un acto de violencia. Son muertes violentas: los homicidios, torturas, suicidios, desastres, calamidades naturales o provocadas por el hombre, etc. Esas muertes provocan en la persona que desencarna sufrimientos que varían a lo infinito. En la muerte violenta, las sensaciones no son las mismas. Ninguna desagregación inicial ha comenzado previamente la separación del periespíritu. La vida orgánica, en toda la plenitud de su fuerza, es aniquilada en forma repentina. En esas condiciones, el desprendimiento sólo comienza después de la muerte y no se puede completar con rapidez. 

El Espíritu, tomado por sorpresa, queda confundido, y siente, piensa y cree que está vivo. Esta ilusión se prolonga hasta que comprende su nueva situación. Este estado intermedio entre la vida corporal y la espiritual es un período muy interesante para ser estudiado, porque presenta la singular situación de que un Espíritu considere que su cuerpo fluídico es material, y al mismo tiempo, siente todas las sensaciones de la vida orgánica. Además de eso, hay, dentro de ese caso, una serie infinita de modalidades que varían según los conocimientos y progresos morales del Espíritu. Para aquellos cuya alma está purificada, este estado dura poco tiempo porque ya poseen en sí una especie de desprendimiento anticipado cuyo término la muerte sorpresiva no hace más que apresurar. En otros, ese trance se prolonga durante años. Esta es una situación muy frecuente, aun en los casos de muerte común, que para los Espíritus adelantados no es penosa, pero que se torna horrorosa para los atrasados.

En el suicida principalmente, excede a toda expectativa. Prisionero del cuerpo a través de todas sus fibras, el periespíritu transmite al alma las repercusiones de las sensaciones de aquel, con atroces sufrimientos.6 El estado del Espíritu en el momento de la muerte puede resumirse así: El sufrimiento es tanto mayor cuanto más lento sea el desprendimiento del periespíritu. La rapidez de ese desprendimiento depende del progreso moral del Espíritu. Para el Espíritu desmaterializado, de conciencia pura, la muerte es como un leve sueño, libre de agonía, cuyo despertar es muy suave.7 Para que cada uno bregue por su purificación, combata las malas tendencias y domine las pasiones, es necesario que abdique de las ventajas inmediatas en pro del futuro, ya que, para identificarse con la vida espiritual y encaminar hacia ella todas las aspiraciones prefiriéndola a la vida terrena, no basta con creer, sino que también es necesario comprender.

Debemos considerar esa vida desde un punto de vista que satisfaga al mismo tiempo a la razón, a la lógica, al buen sentido y al concepto en que tengamos la grandeza, la bondad y la justicia de Dios. Teniendo en cuenta este punto de vista, el Espiritismo es, de todas las doctrinas filosóficas que conocemos, la que ejerce una influencia más poderosa por la fe inquebrantable que proporciona. El espírita serio no se limita a creer, porque comprende, y comprende, porque razona. La vida futura es para él una realidad que se desarrolla incesantemente ante sus ojos, una realidad que palpa y ve, por así decir, a cada paso, de modo que la duda no puede llamar su atención ni albergarse en su alma. La vida corporal, tan limitada, queda disminuida ante la espiritual, que es la verdadera vida. ¿Qué le importa los incidentes de la jornada si comprende la causa y utilidad de las vicisitudes humanas cuando se las soporta con resignación? 

Su alma se eleva en sus relaciones con el mundo visible; los lazos fluídicos que lo vinculan a la materia se debilitan, y se va produciendo anticipadamente un desprendimiento parcial que le facilita el tránsito a la otra vida. La turbación que se produce como consecuencia de la transición perdura poco tiempo porque, al haber franqueado el límite, se reconoce enseguida sin que esto le cause sorpresa, y comprende su nueva situación.8



Referencias Bibliográficas

1 KARDEC, Allan. La génesis. Capítulo XI. Ítem 13.
2 ______. Ítem 18.
3 ______. El cielo y el infierno. Segunda parte. Capítulo I. Ítem 7.
4 ______. Ítem 8.
5 ______. Ítem 9.
6 ______. Ítem 12.
7 ______. Ítem 13.
8 ______. Ítem 14.
9 ______. El libro de los espíritus. Pregunta 149.
10 ______.Pregunta 150 a.
11 ______ Pregunta 150 b.
12 ______. Pregunta 151.
13 ______. Pregunta 152- Comentario.
14 ______. Pregunta 154 y Pregunta 154. Comentario.
15 ______. Pregunta 155 a.
16 ______. Pregunta 155 a. Comentario.
17 ______. Pregunta 156.

18 ______. Pregunta 157.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Educación Espírita Infanto-juvenil

El pasado sábado 13/09 reanudamos las clases de la Educación Espírita Infanto-juvenil. Mientras CEADS celebraba la Conferencia por la Prevención del Suicídio, nuestro grupo de educadoras recibió a los niños para la primera clase del semestre.



Nos tocó hablar sobre Dios, nuestro Padre y Creador, que está presente en todo. Les enseñamos un vídeo sobre el Universo, dónde pudieron observar imágenes de nuestro Planeta Tierra, del Sistema Solar, nuestra Galaxia, otras Galaxias más alejadas y el Universo como un todo. En un viaje de planetas, constelaciones, luces se dieron cuenta de cómo es grandioso nuestro Universo, de lo cuánto es perfecto y bonito nuestro mundo. En seguida, les entregamos dibujos de nuestro Sistema Solar, para que los coloreasen y pusiesen los nombres de los planetas. También tuvimos una charla acerca de Dios, les preguntamos que sería Dios para cada uno de ellos y juntos fuimos buscando el verdadero significado de esta palabra. Al final, preparamos una práctica de cómo sentir a Dios y de cómo hablar con Él. No sólo les enseñamos cómo orar con el corazón, sino también les enseñamos las otras formas de hablar con nuestro Padre. Sea con una bella música, sea cerrando los ojos y dándole las gracias o a través de nuestras buenas actitudes, principalmente.


Ahora el equipo de Educación Infanto-Juvenil, cuenta con cuatro educadoras y un monitor: Kédima, Margarida, Melina, Sandra y Stefan (nuestro joven, ex-alumno que ha frecuentado la Educación Espírita por 2 años). Vamos a trabajar en parejas y a cada sábado la clase estará a cargo de una pareja de educadoras, con la ayuda de nuestro monitor. Así que todos los sábados tendremos un equipo disponible para estar con los niños y enseñarles un poco del espiritismo. Estamos muy felices de poder mantener la Educación Espírita, que es la base de nuestra vivencia espiritual, la iniciación a los valores de esta grande doctrina. Por eso, les esperamos a todos los niños en nuestros encuentros en CEADS.

Hasta pronto!!!!

Melina
Educadora Espírita Infanto-juvenil

domingo, 14 de septiembre de 2014

Fructificará

Hola familia,

ayer en CEADS pusimos el broche final a una semana llena de eventos realizados por la prevención del suicidio.

David Santamaría, del Centre Barcelonés de Cultura Espírita nos presentó una charla sobre cómo anclarse a la vida, a la amistad y a la esperanza estableciendo puntos de apoyo en los dos lados de la vida. Todos debemos buscar anclarnos en el amor, en el servicio, en los afectos que encontramos en nuestras familias o entre nuestros amigos. Es importante no abandonarse jamás. David me hizo pensar que muchas veces la persona no piensa en el suicidio y cree que por esta razón sus puntos de anclaje están bien fijados - no se involucra en causas sociales o proyectos espirituales, tiene una vida que le satisface y trata con indiferencia los problemas ajenos. El punto de anclaje óptimo, sin embargo, el que nos lleva hacia el progreso, es el que se basa en la empatía y en el amor, que conlleva trabajo y servicio. Sin estas cosas, no estamos bien anclados, aun que nos lo pueda parecer. Por otra parte, una persona que sí piensa en el suicidio no quiere decir que no esté anclada de modo alguno. Le faltan puntos… Siempre es posible reorientar la trayectoria y trabajar en fijarse mejor a la vida. Supongo que nadie en nuestro actual nivel evolutivo está perfectamente anclado. Debemos ir anclándonos a medida que maduramos espiritualmente. Cada nuevo punto de anclaje que fijamos supone pasar a un nivel superior de madurez espiritual. Las personas que se suicidaron tenían sus puntos tan frágiles que ya no tenían a qué agarrase… pero gracias a que todos debemos surgir en la vía del trabajo y del servicio, el punto de anclaje de otros será precisamente el que permita el rescate y el re-erguimiento de los caídos. ¡Nadie quedará detrás!

Marcello presentó datos sobre el suicidio: los más recientes disponibles en el INE nos informan que en el 2012 más de 3500 personas interrumpieron sus existencias físicas. Se muere más por el tráfico y que por asesinatos en España. En los medios de comunicación, poco a poco se empieza a hacer eco de la problemática del suicidio, pero todavía es un tema tabú al que muchas veces no sabemos acercarnos. Entre los jóvenes el suicidio crece espantosamente. La OMS llama la atención sobre este aspecto en un informe lanzado este mismo mes e insta a que todos los países miembros de la Unión Europea establezcan protocolos para la prevención del Suicidio. España todavía no dispone de un plan unificado de prevención.

Janaina nos explicó el contenido de la carta abierta enviada por CEADS al Sr. Boi Ruiz, responsable del Departament de Salut de Catalunya. Nuestras reinvidicaciones son tan claras como urgentes en función de la grabe realidad que el suicidio representa. Este año CEADS creó también una petición en change.org que os invitamos a que firméis. Cada nueva firma envía al Departament de Salut un pequeño recordatorio de que es preciso actuar en la prevención del suicidio.

Alfredo Y María Jesús leyeron testimonios de espíritus que nos instruyen sobre la necesidad de afrontar cualquier dificultad que nos sobrevenga con resignación, fuerza y esperanza. Los niños, niñas y jóvenes de la Educación Espírita nos ayudaron a crear postales por la vida en una actividad artística que llenó el ambiente de una energía suave y alegre. Alexandra nos guió en una visualización creativa para finalizar la tarde: imaginamos que todos nuestros esfuerzos por la prevención del suicidio son en realidad una semilla; la plantamos, la vimos crescer… Un árbol que desprendía una luminosidad llena de paz quedó impregnada en las retinas espirituales de cuantos estábamos allí.


La semana de la prevención del suicidio organizada por CEADS tenía como objetivo principal crear conciencia social sobre la problemática del suicidio. No se puede pedir responsabilidad política sin que la sociedad reconozca que el suicidio es un grabe problema de salud pública. Un problema, sin embargo, que ¡se puede prevenir! Como centro espírita, no nos cansamos de repetir que la muerte es un fenómeno biológico. La conciencia no se destruye con el acto suicida, causando desarmonias en el cuerpo espiritual que son fuente de mucho más sufrimiento que los experimentados en la Tierra. Como activistas en la prevención del suicidio hemos intentado aunar fuerzas con quiénes quiera que se quisieran unir al ideal de la prevención. Por esto hicimos clases de yoga esta semana, actividades que llamamos “Estírate por una causa”; por esto fuimos al programa “A este lado de la tumba” a hablar sobre el suicidio; por esto marchamos desde Plaza Catalunya hasta Plaza Sant Jaume cargando con carteles que llamaban la atención para la urgencia sanitaria que el suicidio representa.


Finaliza la semana, pero no la lucha. Por solidaridad, por amor, por conciencia espiritual o social, por indignación: escoge tu razón para unirte a la lucha por la prevención del suicidio.

Gracias a todos los que trabajaron en esta semana. Gracias a todos los que asistieron a cada uno de los actos. Ojalá el año que viene tengamos más actividades, más apoyos, más manifestantes… Nosotros seguimos sembrando. Fructificará, porque el destino de toda semilla es germinar, pero no cuando nosotros queramos. Fructificará cuando la sociedad esté amadurecida social y espiritualmente. Mientras, nos hacemos más humanos invirtiendo nuestros mejores esfuerzos en causas que consideramos nobles y justas. Gracias a la vida que nos enseña a ser pacientes, sirviendo con amor y por amor.


Cariños de la hermana menor

viernes, 12 de septiembre de 2014

Manifestación por la prevención del suicidio

Sábado 13/09 a las 11:00 manifestación pacífica en Plaza Catalunya y
marcha por la concienciación sobre la problemática del suicidio.

No te quedes en casa,

¡únete a nosotros!

domingo, 7 de septiembre de 2014

Semana para la prevención del suicidio

Esta semanas dedicamos nuestro tiempo y pensamiento para vibrar por todas las personas que necesitan de ayuda, que piensan en finalizar su sufrimiento por la puerta equivocada del suicidio.

Nuestra marcha no fue muy ruidosa pero queremos llamar la atención de los gobernantes de la necesidad de llevar a serio o suicidio y sus consecuencias físicas, familiares y espirituales.

Para tanto, hoy, no haremos el resumen de la clase de sábado, y pedimos a todos aquellos que leen nuestro blog, firmen la petición, compartan la idea, hablen del asuntos con sus hijo/as adolescentes, con sus padres, sus madres y abuelos/as, con la sociedad.

El suicidio mata más que los accidentes de tráfico. Es una cuestión de salud publica.

Esta semana en Barcelona tenemos actividades todos los días, con todos las personas que apoyan la causa, independientes de la religión, doctrina, raza o lengua.

Todos podemos participar, varias maneras y acciones.

Cartel de la semana de prevención del suicidio


Día para la prevención del suicidio en CEADS con la colaboración CBCE
"Ánclate a la vida"





miércoles, 3 de septiembre de 2014

¡Fin de semana de mucha luz y trabajo!

¡Muy buenas tardes!

¡Esta semana volvemos con mucha energía!


Después de la clase de ESDE del grupo del Lunes y el estudio del libro "Obras Póstumas" del GELE del jueves, el fin de semana inicia con varias actividades para todas las edades.




¡Este sábado volveremos con las clases de la Educación Espírita Infantil

Será un aula especial de inicio de curso para los niños y niñas. La actividad empieza a las 17:30 horas pero rogamos llegar 5 minutos antes para la organización y bienvenida.








Ya para los adultos, en el mismo horario, tenemos el estudio sistematizado en CEADS y para empezar, como cada primer sábado de mes, estudiaremos el Evangelio según el Espiritismo. El texto para el estudio os dejo al final de la página.






Y, para finalizar o fin de semana, nuestra equipe de trabajadores del proyecto "Mercado Solidario" estarán este Domingo, 7 de septiembre, en la Plaza Pau Casals, en el Prat de Llobregat, de 11 a 14 horas, con la venta de ropas semi-nuevas que ayudarán en el mantenimiento del centro espírita. 
¡Os animamos a visitar y apoyar a este equipo de luz!



Texto para estudio de este sábado:

Capítulo XVIII - MUCHOS SON LOS LLAMADOS, Y POCOS LOS ESCOGIDOS

No todos los que dicen: ¡Señor! ¡Señor!, entrarán en el reino de los Cielos


6. “No todos los que me dicen: ‘¡Señor! ¡Señor!’, entrarán en el reino de los Cielos, sino sólo entrará el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los Cielos. Muchos me dirán ese día: ‘¡Señor! ¡Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿No expulsamos al demonio en tu nombre, y en tu nombre no hicimos muchos milagros?’ Yo entonces les declararé: ‘Apartaos de mí, vosotros que obráis la iniquidad’.” 

Mateo, 7:21 a 23

7. “Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será comparado a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca: cayó la lluvia, los ríos desbordaron, soplaron los vientos sobre la casa; pero ella no se derrumbó, porque estaba edificada sobre la roca. Mas todo el que oiga estas mis palabras y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que construyó su casa en la arena: cayó la lluvia, los ríos desbordaron, soplaron los vientos sobre la casa, y ella se derrumbó; y fue grande

su ruina.”
Mateo, 7:24 a 27; Lucas, 6:46 a 49

8. “El que viole uno de estos mandamientos menores, y enseñe a los hombres a violarlos, será considerado como el último en el reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y los enseñe será grande en el reino de los Cielos.” 

Mateo, 5:19


9. Todos los que reconocen la misión de Jesús dicen: ‘¡Señor! ¡Señor!’ Pero ¿de qué sirve que lo llamen Maestro o Señor si no siguen sus preceptos? ¿Son acaso cristianos los que lo honran mediante actos exteriores de devoción y, al mismo tiempo, se consagran por completo al orgullo, al egoísmo, a la ambición y a todas sus pasiones? ¿Son acaso discípulos del Señor los que pasan los días orando y, sin embargo, no son mejores, ni más caritativos, ni más indulgentes para con sus semejantes? No, porque al igual que los fariseos, tienen la plegaria en los labios pero no en el corazón. Con la apariencia pueden imponerse a los
hombres, pero no a Dios. En vano le dirán a Jesús: “Señor, nosotros hemos profetizado, es decir, enseñado en tu nombre; hemos expulsado en tu nombre los demonios; hemos comido y bebido contigo”. Él les responderá: “No sé quiénes sois. Apartaos de mí, vosotros que cometéis iniquidades, vosotros que desmentís con vuestros actos lo que decís con los labios, que calumniáis a vuestro prójimo, que despojáis a las viudas y cometéis adulterio. Apartaos de mí, vosotros cuyos corazones destilan el odio y la hiel, vosotros que derramáis la sangre de vuestros hermanos en mi nombre, que hacéis correr las lágrimas en vez de enjugarlas. Para vosotros habrá llanto y crujir de dientes, porque el reino de Dios es para los que son mansos, humildes y caritativos. No esperéis torcer la justicia del Señor con la multiplicidad de vuestras palabras y de vuestras genuflexiones. El único camino que está abierto a vosotros para encontrar gracia ante Él, es el de la práctica sincera de la ley de amor y caridad”.
Las palabras de Jesús son eternas, porque representan la verdad. No sólo constituyen el salvoconducto de la vida celestial, sino también la garantía de la paz, de la tranquilidad y de la estabilidad en las cosas inherentes a la vida terrenal.
Por esa razón, todas las instituciones humanas, ya sean políticas, sociales o religiosas, que se apoyen en esas palabras, serán estables como la casa construida sobre la piedra. Los hombres habrán de conservarlas porque en ellas encontrarán su felicidad. Sin embargo, las instituciones que constituyan una violación de esas palabras serán como la casa edificada en la arena: el viento de las revoluciones y el río del progreso las arrastrarán.